Una mujer de retos, que conoció la tecnología de manos de su padre y se vio embrujada por las telecomunicaciones  de forma encadenada. Docente de la Universidad  Sevilla, implicada de lleno en la investigación de la imagen y en el desarrollo de su alumnado como futuro de esta profesión.

Comencemos por conocerte mejor:

Un hobby: Videojuegos y tejer.

Un lugar: Cádiz

Un Libro: Emma de Jane Austen. Primero porque me encanta su autora y también porque es un libro que se lee muy bien. Tiene una historia divertida con multitud de niveles de lectura. Refleja perfectamente la sociedad de la época y especialmente el papel de la mujer.

Una Película: El viaje de Chihiro de Hayao Miyazaki, un referente en cine de animación. Es una película que narra una historia muy bonita, con un trasfondo social, cultural y filosófico. Está ambientada en una casa de baños mágica mezclando tradición japonesa con mucha fantasía. Al haber estudiado japonés y gustarme mucho la cultura de Asia Oriental, aúna muchos de los elementos que me gustan.

Un personaje: Fourier, un matemático y físico al que hago referencia continuamente en mis clases de segundo en el grado de telecomunicaciones. El desarrolló un método de descomposición de funciones matemáticas que es fundamental para el estudio de las señales en el dominio de la frecuencia.

Una app: Youtube. Me encanta porque ofrece posibilidades ilimitadas de aprendizaje; si no sabes algo puedes encontrarlo explicado en Youtube. Me parece que proporciona muchísimas oportunidades tanto para el ocio como para la educación.

Una palabra que te defina: Positiva.

Irene, para aquellos que no te conozcan  ¿cuál ha sido tu recorrido profesional, desde que decidiste dedicarte a tu profesión hasta el punto en el que te encuentras actualmente?

Todo empezó en el cole. Quería dedicarme a algo que fuera distinto, que fuera un reto para mí. Tenía claro que la elección sería en el ámbito de las ciencias y no de las letras. Dentro de las ciencias, la ingeniería de telecomunicación era por aquellos tiempos lo más selectivo. Mi padre es ingeniero y en casa se veía muy bien que yo estudiara ingeniería. Hoy en día, no recomendaría una elección basada en la dificultad sino que aconsejaría que cada uno estudie lo que más le guste.

De todas formas, yo tengo una personalidad que me lleva a buscar retos. Cuando comencé  la carrera supuso un gran cambio porque el nivel de exigencia era muy elevado. No fue un camino de rosas, me costó mucho esfuerzo superarla. Cuando ya estaba terminando, tuve la suerte de encontrar a dos profesoras Carmen Serrano y Begoña Acha. Me enseñaron todo lo relacionado con el procesamiento de imagen y me escogieron para hacer el proyecto fin de carrera como su alumna, lo cual fue determinante para mi futuro profesional… ¡Me encantaba!

Gracias a ellas descubrí que me gustaba la investigación. Empecé a trabajar en un proyecto sobre quemaduras y me presenté a una plaza de ayudante en el Departamento de Teoría de la Señal. Ya llevo quince años dando clases en la Escuela Técnica Superior de ingeniería y a la vez investigando en el área de procesamiento de imagen. Actualmente soy profesora titular.

¿Cómo es la presencia de la mujer en el profesorado de la Universidad según tu experiencia?

En general, las ingenierías tienen poca presencia de profesoras entre sus docentes. En el área de conocimiento al que pertenecen las telecomunicaciones, el porcentaje nacional no supera el 17%, sin embargo en nuestro departamento contamos con un 35% del profesorado femenino. En ese sentido rompemos un poco la estadística.

Por la experiencia que cuentas, sí que es verdad que te has sentido respaldada e inspirada por ese mundo que sí has visto mujeres

A mi realmente que mis compañeros fueran hombres o mujeres no me ha influido en mi desarrollo profesional. Me influyó más el hecho de tener profesoras, referentes de lo que quieres llegar a ser. Mis profesoras eran muy buenas docentes, grandes investigadoras, … Es lógico pensar “yo quiero ser como ellas”.

¿Alguna persona que haya sido referente para ti, que te haya inspirado, te haya encaminado?

El primer referente es mi padre. El mundo tecnológico y el mundo de la ciencia que hay en mi vida me los abrió mi padre. Mi afición por la tecnología, los ordenadores y los videojuegos desde pequeña nace de la propia afición de mi padre. Siempre traía a casa lo último disponible en tecnología y me lo enseñaba, estamos hablando del Spectrum, con sus juegos en cintas magnéticas y sus típicos comandos. Más tarde me acercó también al mundo de Internet.

En segundo lugar, mis profesoras Carmen Serrano y Begoña Acha. Como he dicho anteriormente fueron ellas las que me introdujeron en el campo donde ahora trabajo.

¿Podrías decir entonces que empezaste esa profesión por vocación?

No podría decir eso, desconocía qué significaba ser investigador en la Universidad y tampoco tenía una vocación clara por la docencia. Lo que más me llamaba la atención era la tecnología entendida como magia, hacer cosas increíbles. Ahora mismo me encanta lo que hago, a lo que me dedico y no me veo haciendo otra cosa.

Y desde esa idea que comentas de que la tecnología era magia al momento al que tu profesión te ha llevado como profesora a enseñarles a otros esta profesión, ¿En qué ha cambiado tu visión de la tecnología en este tiempo?

Cada vez la veo más mágica. Me siento  privilegiada por poder investigar, aplicar la tecnología a campos tan diversos e interdisciplinares como por ejemplo trabajar con equipos del Museo del Prado, del Hospital Macarena. Ahora me dedico a la realidad virtual, no hay nada más parecido a la magia que la generación de entornos virtuales.

En el alumnado que tienes, ¿Existe representación femenina notable?

Desgraciadamente en los últimos años estamos viendo un retroceso en el porcentaje de alumnas. Hoy en día no superan el 25%, cuando hemos llegado a tener casi un 35%.

¿Cómo analizas el papel de la mujer en el sector TIC? ¿Lo ves representativo?

En la Escuela Técnica Superior de Ingeniería, las mujeres se van abriendo paso y ostentan cargos de poder, aunque no ha habido ninguna directora en los más de 50 años de historia de la Escuela. También es cierto que hay algunos aspectos, sobre todo los relacionados con la maternidad y el cuidado de los hijos, que pueden hacer que vayas a un ritmo más lento que tus compañeros. En un entorno basado fundamentalmente en la meritocracia, este aspecto puede llegar a ser muy significativo en las carreras profesionales.

Creo que el mundo empresarial está más anquilosado, aunque ciertamente no lo conozco a fondo.

Cuéntanos un poco sobre las iniciativas en las que estás participando o llevando a cabo.

Participo asiduamente en charlas en colegios en las que animo tanto a chicos como a chicas a escoger carreras STEM. Al verme entrar por la puerta, no se imaginan lo que les voy a contar y siempre se asombran al explicarles que me gustan los videojuegos y las tecnologías. Tampoco suelen saber qué es la ingeniería de telecomunicación. Disfruto mucho de estas jornadas porque me encanta el contacto con el alumnado.

Ahora soy presidenta de la sección española Woman in Engieering (WIE)  del IEEE, la asociación de ingeniería más importante a nivel mundial. Organizamos y participamos en  acciones y talleres para dar visibilidad de las mujeres en cualquier ámbito de la ingeniería.

¿Y habéis arrancado ya? ¿Habéis hecho ya acciones?

Sí, ya hemos comenzado. Hemos ido a varios colegios de Sevilla acompañada de algunas de mis alumnas de la universidad. También hemos organizado talleres de realidad virtual en eventos de otras organizaciones afines.

¿Qué serie de obstáculos habéis podido analizar que os han llevado a realizar esas iniciativas?

Como ya comenté antes, durante la carrera no noté ningún obstáculo o dificultad. Pero durante mi carrera profesional fui observando el escaso número de alumnas, es algo que observo a diario en mis clases. Me da mucha pena que no estén y que las pocas alumnas que hay, estén algo retraídas, sin querer llamar la atención. De esa preocupación surgió la necesidad de aportar lo que pueda para cambiar la situación.  Ahora mismo mi motivación es empezar desde pequeños pasos: Que esas niñas que están pensando que no pueden, no se pongan ellas mismas una barrera.

¿Pero fruto de una educación, fruto de un sistema?

Fruto de la sociedad en general. Creo que la sociedad durante muchos años ha marcado los roles diferenciados a niños y a niñas, es un mantra que se queda en el subconsciente general. Los roles asociados a lo femenino suelen estar encaminados al cuidado, de ahí la gran presencia de mujeres en las carreras de salud. Cuando voy a los colegios, les explico que  desde la ingeniería pueden también ayudar a cuidar: el medioambiente, la salud con la telemedicina, etc. Es importante darles esa visión. Por otro lado, también deben saber que no tienen por qué elegir el papel de cuidadora.

También hay que desmitificar la dificultad de las ingenierías. Muchas veces las chicas en los institutos me dicen que son muy creativas pero que no quieren estudiar una carrera con tanto contenido matemático. Yo les respondo ¿Pero tú sabes lo creativa que es la ingeniería? La investigación es pura creatividad, resolver problemas con nuevos enfoques. En cualquier proceso creativo es imprescindible aunar la visión masculina y la femenina.

¿Crees que las barreras puede ser que existe una estereotipación de los profesionales que se dedican a esas carreras?

Puede ser. La verdad es que cuando piensas en alguna persona que le gustan los videojuegos solemos pensar en el típico friki, que además lo asocias a un hombre más o menos solitario, que apenas sale de casa. Pero eso no debe ser así, una persona que le gustan los videojuegos, ¡Soy yo! Me encanta también hablar, me gusta salir, soy una mujer y no soy ese prototipo.

¿En concreto con las mujeres crees que existe una imagen social asociado a las mujeres tecnólogas?

Existe un estereotipo asociado a cada tipo de mujer en la sociedad, y por tanto a las tecnólogas también nos han asociado nuestro propio estereotipo. Como dice una amiga mía, la gente nos ve como Einstein, y eso no es así. Como en muchos otros aspectos de la vida, generalizar nunca es bueno. Las niñas tienen que ver que en la ingeniería cabemos todas. No porque estudien una carrera van a tener que encajar en ese estereotipo que a lo mejor no les gusta.

Y por tus vivencias, ¿Crees que hay avances en los últimos años en igualdad real de género dentro de las profesiones STEM?

Hay más conciencia, al menos se habla del tema y el debate está abierto. Cada vez más, la sociedad lo ve como algo que hay que resolver. Desde ese punto de vista ya hay una mejora, aunque hay mucho trabajo por hacer.

En estos últimos tiempos vividos por consecuencia del Coronavirus, ha salido a relucir el tema del teletrabajo, conciliación familiar… ¿Estás de acuerdo con las medidas de conciliación que existen actualmente? ¿Qué falta para alcanzar el siguiente reto de la conciliación?

La verdad es que no tengo clara una solución. Es un tema muy complejo en el que cada uno tiene su opinión. En mi caso en mi departamento siempre han tenido en cuenta las necesidades de cada uno y se ha intentado hacer las cosas de la mejor forma posible.

Podemos decir entonces que se pide conciencia social y compañerismo ¿No?

No creo que deba dejarse en manos del posible compañerismo, aunque también es importante. El objetivo es tener trabajadores que puedan compaginar su vida laboral y personal. De esa forma esas personas serán más felices y por lo tanto rendirán más.

¿Alguna idea que quieras expresar para finalizar?

Me gustaría reforzar el mensaje de que las niñas no se pongan barreras a ellas mismas. Ellas pueden llegar a ser lo que quieran, convertirse en la persona que deseen.  Y por supuesto que, hagan lo que hagan, sean felices haciéndolo, igual que lo soy yo con mi trabajo.