Varios estudios y voces expertas apuntan ya a ciertos obstáculos identificados, que paralizan o dificultan el acceso y desarrollo del papel de la mujer en el sector TIC. Techos y pasillos de cristal, “suelos pegajosos”, brecha de género, estereotipos, etc. Conceptos que conocemos y entendemos de forma clara en nuestras mentes pero ¿Nos hemos parado a analizar su origen?

Crecemos con juegos de niños o juegos de niñas, formamos nuestra identidad en base a si somos chicas emocionales o chicos que solucionan problemas, creamos una familia con mujeres que quieren ser madres y hombres que compatibilizan ser súper papás con su ascendente carrera profesional, y pasamos los años laborales con emprendedores que crean oportunidades y trabajadoras que prefieren no arriesgar.

Valores con los que convivimos día a día pero que ¿Somos conscientes de que constituyen auténticas barreras para el talento femenino  y las vocaciones STEM en las mujeres? Hablamos de valores y aprendizajes socio-culturales, heredados de años de patriarcado y de un sector tradicionalmente masculinizado. Pero entonces, ¿Es correcto denominar autobarreras a estos obstáculos?

 

Analicemos algunos conceptos más (http:www.nodo50.org/mujeresred/vocabulario-2.html):

  • Segregación ocupacional: Este concepto se refiere a la concentración de mujeres en determinadas ocupaciones y/o familias profesionales que, generalmente, se caracterizan por tener condiciones de empleo poco satisfactorias, bajos salarios y pocas oportunidades de formación continua y adquisición de cualificaciones añadidas
  • Segregación vertical: acumulación en puestos de trabajo de baja responsabilidad.

Desde la Organización Internacional del Trabajo se destacan principalmente dos factores que contribuyen a potenciar la segregación ocupacional en el trabajo por razón de género; por un lado, las actitudes culturales y sociales de lo que se supone que es un empleo “de hombres” o “de mujeres”; y por otro lado, la desigualdad de género presente en la formación que conduce a los dos sexos a orientarse (por sí mismos) hacia profesiones y trabajos diferentes. Por ejemplo, las enfermeras o docentes son considerados como empleos “femeninos”. Los nuevos campos donde las mujeres se abren camino en empleos no convencionales en algunas partes del mundo incluyen las tecnologías de la información y las comunicaciones y también el ámbito jurídico55. Ellas tienden a ocupar empleos considerados menos estratégicos, mientras que ellos se posicionan en mayor medida en los puestos más operacionales, es decir, los que más directamente conducen a puestos de dirección.

Mujeres y nuevas tecnologías de la información y la comunicación (Gobierno de España)

  • Conciliación de la vida familiar y laboral: “El fenómeno de la conciliación entre vida laboral y familiar tiene además una vertiente que podíamos denominar ‘particular’, ya que las parejas y en ellas, fundamentalmente las mujeres, que son las que soportan mayoritariamente la ‘doble presencia’; utilizan diversas estrategias para articular su actividad laboral y su actividad familiar. Estos mecanismos de articulación de ambos ámbitos a nivel de las economías domésticas, han sido analizados por diversas autoras, entre otras: Hochschild, 1989 (The Second Shift: Working Parents and the Revolution at Home); Moen and Yan Yu, 2000 (Effective Work/Life Strategies: Working Couples, Work Conditions, Gender, and Life Quality)”. (Wikipedia)

Tras lo expuesto, tomamos pues un punto de referencia para profundizar en la denominación de autobarrera: la tradición. Nos encontramos con dos grandes verdades. La primera es que somos seres sociales y, como tales, conformamos nuestra identidad según una educación cultural y tradicional, conviviendo con los valores de nuestro alrededor, aprendiendo de lo que vemos, sentimos y oímos. Y la segunda verdad es que contamos con personalidad propia, con una biología y genética que nos aporta unas competencias y aptitudes únicas que podemos trabajar y desarrollar para formar nuestra personalidad. En palabras de Patricia Briggs “La identidad era en parte herencia, en parte educación, pero principalmente las decisiones que tomas en la vida”.

Con todo esto, tomamos el mensaje positivo. La mujer en el sector TIC se encuentra, al igual que en otras facetas, con barreras socio culturales que se trasladan a las esfera profesional y económica. Un sector que tradicionalmente ha sido de hombres y que cuenta con unas prácticas y dinámicas que suponen estas barreras mencionadas: techos de cristal, brecha salarial, falta de vocaciones… Años tras años de prácticas que han llevado a que generaciones hayan crecido con estas barreras de una forma casi innata, pasando a constituir auto barreras de la personalidad en sí mismas.

Pero estamos en pleno desarrollo de las sociedades digitales, con las denominadas profesiones del futuro de la mano, y con un mundo de oportunidades para el cambio asociados a la transformación digital. Unas profesiones nuevas (y otras por llegar) en las que diseñar y crear otros modelos y referentes, y en las que es imprescindible el aprovechamiento de la totalidad del talento y de la diversidad de perspectivas para conseguir una tecnología justa y mejor. Y qué mejor escenario y momento que éste nuevo mundo de oportunidades, para luchar contra estas barreras, propias o sociales, y que el papel del talento femenino pueda desarrollarse sin estos obstáculos o dificultades. Tomándolo como retos, para avanzar y superarlos.

“Si realmente tienes tu propia identidad, seguirás haciendo lo que crees que es realmente adecuado para ti,

y también entenderás el siguiente paso que quieres dar”. Helmut Lang.