La tecnología avanza a un ritmo trepidante e imparable, lo cual exige la colaboración de profesionales con la formación necesaria para afrontar los desafíos cada vez más complejos de la era digital. Y por ello, el reskilling y el upskilling de la plantilla en las empresas se han convertido en un factor de competitividad y, para las personas empleadas, especialmente para las mujeres, en un arma de doble filo. Por un lado, puede brindarles un abanico de oportunidades, y/o por otro, convertirse en un techo de cristal que les impida ascender profesionalmente. Y es que no siempre se cuenta con la ayuda y las herramientas necesarias para actualizarse y especializarse y, en definitiva,  para acceder y liderar en sectores tecnológicos disruptivos.

Más que formación continua

La formación continua y el reciclaje profesional no son algo nuevo, y nunca han estado de más para mejorar nuestras habilidades y escalar a nivel laboral. Sin embargo, ya no es solo una cuestión de estar al día tecnológicamente. En plena transformación digital, en muchos sectores se ha convertido en una exigencia o factor de competitividad. Las empresas requieren cada vez más de personas creativas y dinámicas para afrontar retos globales, capaces de trabajar en equipos multidisciplinares, junto a profesionales de diferentes materias y trayectorias.

En este contexto, las llamadas soft skills y la inteligencia emocional son cada vez más valoradas. Unas habilidades en las que las mujeres sobresalen por sus capacidades de organización de equipos y liderazgo, productividad personal, negociación, resolución de conflictos y gestión del tiempo. Razones de más por las que la formación en materias científicas y tecnológicas, puede ser una opción idónea para las jóvenes. Pero también son una gran posibilidad de reinvención profesional, ya que se puede acceder al sector tecnológico desde otras áreas no necesariamente ligadas a las STEM en su origen.

Tendencias en competencias profesionales

La pandemia del COVID-19 ha dejado huella en todos los sectores, y en mayor o menor medida, las personas empleadas han necesitado actualizarse y mejorar sus competencias digitales de forma urgente. Pero todo apunta a que esta tendencia continuará siendo necesaria y relevante en los próximos años: La falta de habilidades TIC amenaza con lastrar a las empresas que no apuesten por subirse rápido al tren de la revolución tecnológica.

Y aunque la crisis sanitaria ha obligado a detener en muchos casos el plan formativo de la plantilla, tendencias como el reskilling y el upskilling. Las cuales resultan una garantía de resultados para las personas empleadoras, y de competitividad y oportunidades laborales para las empleadas.

El upskilling  es una estrategia de capacitación adicional en nuevas habilidades, que ayudan a desempeñar de forma más efectiva las tareas del puesto de trabajo. Mientras que el reskilling o reciclaje profesional,  consiste en formar en nuevas competencias para desempeñar un puesto distinto. Este concepto ha cobrado especial importancia a consecuencia de la digitalización de los entornos laborales.

Ambas acciones están dirigidas a frenar la brecha digital, llegando en un entorno laboral cada vez más digitalizado, y contribuyen a:

  • Generar confianza.
  • Retener el talento.
  • Aumentar la motivación y productividad.
  • Facilitar la movilidad de los profesionales.
  • Fomentar el aprendizaje continuo y la adaptación de la cultura empresarial a los cambios que están produciendo.

Especialización y conciliación, una asignatura pendiente

A pesar de los esfuerzos por promocionar carreras STEM, las vocaciones descienden en sectores que tradicionalmente han presentado barreras de acceso para las mujeres. Por otra parte, en plena vorágine de la vida laboral, acceder a una formación especializada, o cursar unos estudios de posgrado, se presenta como una tarea incompatible con la conciliación en muchas ocasiones.

La exigencia de horarios y dedicación en la rutina diaria hace muy difícil, especialmente a las mujeres, despuntar y romper los techos de cristal en estos sectores ligados a las TIC, donde es esencial contar con unas competencias profesionales avanzadas.

Las mujeres pueden y deben jugar un papel relevante en la evolución tecnológica. Pero para ello es necesario contar con toda una serie de medidas, desde la etapa educativa a la empresarial. Y que sirvan de inspiración, faciliten e impulsen el papel de las mujeres en estos roles de liderazgo digital.  Sin techos ni límites.