14 de mayo de 2026

IDENTIDAD DIGITAL, ALGORITMOS SOCIALES Y LA NUEVA REALIDAD EN LA VIVIMOS

Hubo un tiempo en el que Internet era un lugar al que conectarse…

Era una ventana abierta al mundo. Un espacio separado de la vida cotidiana al que se accedía desde un ordenador, con una conexión puntual y un objetivo concreto: buscar información, enviar un correo o entrar en un chat. Internet era entonces una herramienta.

Hoy, en cambio, Internet ya no es un lugar…

Ya no está “al otro lado” de la pantalla. Está integrado en cómo trabajamos, aprendemos, nos relacionamos, consumimos información, construimos identidad y participamos en la sociedad.

La transformación digital ha cambiado tanto nuestra relación con la tecnología que Internet ha dejado de ser únicamente una red de conexión para convertirse en una capa permanente de la realidad.

Y eso cambia también las preguntas que debemos hacernos porque, si Internet ya no es un lugar, sino un entorno en el que vivimos… la igualdad, la representación y los derechos también deben construirse dentro de él.

El Día de Internet nació con el objetivo de promover el acceso y el buen uso de las tecnologías digitales. Pero dos décadas después, el debate ya no gira únicamente en torno a la conectividad. Hoy la conversación se ha desplazado hacia cómo Internet condiciona la participación social, la representación, el acceso a oportunidades y la construcción de la realidad cotidiana.

IDENTIDAD DIGITAL: QUIÉNES SOMOS CUANDO ESTAMOS CONECTADAS

“Technology doesn’t just change what we do; it changes who we are.”
Sherry Turkle, socióloga y profesora del MIT

La identidad digital ya no es un elemento accesorio. Forma parte de la identidad personal, profesional y social.

Perfiles, publicaciones, interacciones, historial de navegación, datos biométricos o reputación online configuran una huella digital que influye en cómo nos relacionamos y cómo somos percibidas.

En este contexto, la representación importa… Especialmente para niñas y mujeres, cuya presencia en el entorno digital continúa enfrentándose a desafíos específicos como: acoso online, hiperexposición, presión estética algorítmica, desinformación e invisibilización en espacios y entornos tecnológicos.

Según ONU Mujeres, la violencia digital contra mujeres y niñas se ha convertido en una extensión de las desigualdades estructurales existentes fuera de Internet. Naciones Unidas alerta además de que las violencias digitales afectan especialmente a mujeres y niñas en espacios de participación pública y social, condicionando su presencia, visibilidad y libertad de expresión en entornos online.

Pero la identidad digital también abre oportunidades, gracias a la creación de comunidades, el acceso a conocimiento, la visibilidad profesional, y la participación global.

Y es que el reto ya no es solo estar conectadas, es participar y formar parte en igualdad de condiciones dentro de un entorno digital que influye directamente en la vida real.

LA REALIDAD HÍBRIDA: VIVIR ENTRE LO FÍSICO Y LO DIGITAL

“Our machines are disturbingly lively, and we ourselves frighteningly inert.”
Donna Haraway, autora de A Cyborg Manifesto

Durante años se habló de “mundo online” y “mundo offline” como si fueran espacios separados… Hoy esa frontera es cada vez más difusa.

La educación, el trabajo, la salud, el ocio o las relaciones personales funcionan ya en modelos híbridos donde lo digital y lo presencial conviven constantemente hasta el punto de que, en muchas ocasiones, la frontera entre lo físico y lo digital ya resulta prácticamente imperceptible.

 

La inteligencia artificial, la automatización o los entornos inmersivos están acelerando aún más esa transformación, por lo que las generaciones más jóvenes no tendrán que adaptarse a esta realidad híbrida porque crecerán directamente dentro de ella. Según UNICEF, una de cada tres personas usuarias de Internet en el mundo es menor de edad, lo que convierte a la infancia y la adolescencia en protagonistas directas de la transformación digital global.

Y eso implica una responsabilidad colectiva: asegurar que esos entornos digitales sean inclusivos, responsables, seguros y representativos.

Así como velar porque las desigualdades puedan amplificarse cuando los espacios digitales no se diseñan teniendo en cuenta la diversidad de experiencias y necesidades.

ALGORITMOS SOCIALES: QUIÉN DECIDE LO QUE VEMOS

“Algorithms are opinions embedded in code.”
Safiya Umoja Noble, investigadora y autora de Algorithms of Oppression

Los algoritmos organizan gran parte de la experiencia digital: seleccionan contenidos, recomiendan vídeos, priorizan publicaciones, sugieren perfiles, y determinan visibilidad.

En otras palabras… influyen en cómo entendemos el mundo.

Diversas investigaciones han mostrado cómo determinados sistemas algorítmicos pueden reproducir sesgos de género o amplificar estereotipos existentes si se entrenan con datos no representativos. Uno de los estudios más conocidos en este ámbito es Gender Shades, desarrollado por la investigadora Joy Buolamwini en el MIT Media Lab, que evidenció mayores tasas de error en sistemas de reconocimiento facial aplicados a mujeres racializadas.

Esto demuestra que la tecnología no es neutral por sí sola y que, por eso, la diversidad en los equipos STEM, en la investigación y en el desarrollo tecnológico no es únicamente una cuestión de representación: es una condición necesaria para construir sistemas más justos, precisos e inclusivos. En este contexto, organismos como la UNESCO, continúan alertando sobre la necesidad de aumentar la participación de mujeres y niñas en ámbitos STEM, especialmente en áreas vinculadas al desarrollo tecnológico y la inteligencia artificial, donde todavía persisten importantes brechas de representación.

La diversidad en el desarrollo tecnológico no solo reduce sesgos: también amplía perspectivas, mejora la capacidad de innovación y permite diseñar soluciones más representativas de la sociedad real.

VIDA CONECTADA: INTERNET COMO INFRAESTRUCTURA DE LA SOCIEDAD

“Technology is not a set of neutral tools.”
Ursula Franklin, física y pensadora canadiense

Internet ya no se limita a la comunicación y al flujo de información.

Hoy sostiene los servicios públicos y educativos, las plataformas de salud, los procesos administrativos, ha generado nuevos modelos y sistemas de trabajo, dando lugar a la redefinición del comercio y su economía digital.

La sociedad conectada depende cada vez más de infraestructuras digitales invisibles que condicionan oportunidades y acceso a derechos. Según la Comisión Europea, más del 90% de los empleos ya requieren competencias digitales básicas. La propia Comisión Europea, en su estrategia digital, sitúa el desarrollo de competencias digitales como una prioridad estratégica para garantizar la participación social, profesional y económica en la sociedad digital.

Esto significa que la inclusión digital ya no puede entenderse solo como acceso a dispositivos o conexión, y que la brecha digital supone muchos más riesgos de exclusión.

Es ahora, (y para siempre), cuando conceptos que históricamente se han ido desarrollando, alcanzan un protagonismo indiscutible: La alfabetización digital, el pensamiento crítico, la comprensión tecnológica y la capacidad de creación y participación.

Y aquí vuelve a aparecer una cuestión clave: ¿quién diseña las herramientas digitales que estructuran la vida cotidiana?

INTERNET COMO ESPACIO DE CONSTRUCCIÓN COLECTIVA

Por todo esto, el Día de Internet ya no puede limitarse a celebrar la conectividad.

Debe ser también una oportunidad para reflexionar sobre el tipo de entorno digital que estamos construyendo… porque Internet ya no es un lugar al que entrar, es el espacio donde:

  • Se construyen las identidades y las relaciones
  • Se guarda, organiza y desde donde circula la información
  • Se generan nuevas oportunidades humanas, sociales y profesionales
  • Se obtiene posicionamiento y se toman decisiones
  • Se visibilizan, forman y acercan referentes

Y si Internet es ya una capa de la realidad, la igualdad también debe programarse dentro de ella.

Las nuevas generaciones no heredarán solo dispositivos o plataformas. Heredarán los algoritmos, las reglas y los entornos digitales que estamos diseñando hoy. Por eso, el verdadero desafío no es únicamente tecnológico, sino garantizar que ese futuro digital sea más inclusivo, seguro y pensado para todas las personas.

Porque Internet ya no es solo un lugar al que conectarse… Es el espacio donde las próximas generaciones aprenderán, trabajarán, crearán vínculos y descubrirán quiénes quieren ser.

La pregunta es: ¿estamos construyendo un entorno digital a la altura de ese futuro?