18 de junio de 2026

Seguro que conoces el concepto de economía digital pero, ¿y el de “economía de la atención”? Es la economía invisible que está diseñando cómo pensamos, aprendemos y participamos en la sociedad digital.

Durante décadas se dijo que los datos eran el nuevo petróleo. Hoy, muchos expertos sostienen que el recurso más valioso ya no son los datos… Es nuestra atención.

Por eso, es el momento de preguntarnos ¿quién compite por nuestra atención? Cada día, aplicaciones, plataformas, videojuegos, medios de comunicación, redes sociales, e inteligencia artificial, compiten por segundos de nuestra atención.

Mucho antes de que existieran las redes sociales o la inteligencia artificial, el economista y Premio Nobel Herbert A. Simon ya lo advirtió:

“What information consumes is rather obvious: it consumes the attention of its recipients.” (Lo que consume la información es bastante obvio: consume la atención de quienes la reciben.)

Más de cincuenta años después, su reflexión resulta más actual que nunca: la atención se ha convertido en uno de los principales activos de la economía digital. Y entender cómo se diseña, quién la capta y para quién se construyen esos espacios digitales es una cuestión que afecta directamente a la participación, la inclusión y la igualdad de oportunidades.

CUANDO LA TECNOLOGÍA NO CONSIGUE CONECTAR

Imaginemos una tecnología técnicamente impecable, innovadora y avanzada, capaz de resolver problemas complejos.

Ahora imaginemos que nadie quiere utilizarla. La historia de la innovación está llena de ejemplos que demuestran que el éxito tecnológico no depende únicamente de la capacidad técnica, sino de comprender a las personas.

Uno de los casos más conocidos es el de Google Glass: presentado como el futuro de la informática portátil, este dispositivo incorporaba funciones revolucionarias para su época. Sin embargo, la falta de aceptación social, las preocupaciones sobre privacidad y la desconexión entre los usos previstos y la realidad cotidiana, hicieron que cayeran en el olvido.

La lección fue clara: la tecnología puede ser extraordinaria, pero si no conecta con las personas, difícilmente transformará la sociedad.

CUANDO FALTA DIVERSIDAD, DESDE EL DISEÑO

Pero existe un problema mayor cuando, la desconexión entre tecnología y realidad se produce cuando determinados grupos sociales no están suficientemente representados en el diseño, la investigación o el desarrollo de soluciones.

Durante años, numerosos dispositivos y aplicaciones relacionadas con la salud se desarrollaron sin contemplar adecuadamente variables específicas de la salud femenina.

Diversas investigaciones han señalado que la recopilación de datos biomédicos ha estado históricamente centrada en modelos masculinos, generando lagunas importantes en el conocimiento y en el diseño de determinadas soluciones digitales de salud.

Un ejemplo poco conocido de esto, se produjo durante el desarrollo de los primeros dispositivos comerciales de realidad virtual. Varios estudios observaron que las mujeres experimentaban tasas significativamente mayores de mareo y malestar que los hombres durante el uso de determinados visores. Entre las causas identificadas figuraban decisiones de diseño basadas en parámetros físicos medios masculinos, como la distancia interpupilar utilizada para configurar los dispositivos. Investigaciones posteriores mostraron que ajustar estos parámetros mejoraba notablemente la experiencia de uso para una parte importante de la población.

Y es que la consecuencia no es únicamente una cuestión de representación, es una cuestión de eficacia: cuanto más diversa es la comprensión de un problema, mayores son las posibilidades de desarrollar soluciones útiles para más personas.

Pero existen muchos ejemplos más…

  • Algo similar ocurrió con algunos dispositivos de monitorización deportiva y bienestar. Determinados sensores ópticos utilizados para medir frecuencia cardíaca o actividad física presentaban diferencias de precisión en función de variables como el tono de piel, el sexo o determinadas características fisiológicas. Estudios como “Investigating sources of inaccuracy in wereable optical heart rato sensors”, han puesto de manifiesto la importancia de validar las tecnologías con muestras amplias y diversas antes de su adopción masiva.
  • También existen ejemplos en el ámbito educativo. Análisis como “Students, Computers and Learning” sobre videojuegos y plataformas de aprendizaje han mostrado que determinados diseños lograban captar la atención de algunos perfiles de alumnado, pero no de otros. Cuando los equipos incorporaron perspectivas más diversas sobre motivación, aprendizaje o interacción, las tasas de participación y permanencia mejoraron significativamente.

 

LA TECNOLOGÍA QUE “NOS ESCUCHA”

Seguro que alguna vez has pensado que la tecnología te escucha. Buscas un viaje, hablas sobre una serie o muestras interés por un producto… y, de repente, empiezan a aparecer anuncios relacionados por todas partes. En realidad, no se trata solo de escucharnos, sino de captar nuestra atención.

Pero existe una pregunta más importante: ¿la tecnología también escucha a las personas cuando se diseña? Porque entender nuestros clics no es lo mismo que comprender nuestras necesidades.

Existen tecnologías que han conseguido conectar con millones de personas precisamente porque fueron diseñadas teniendo en cuenta diferentes formas de aprender, participar o relacionarse. Uno de los casos más estudiados es Duolingo, la plataforma que ha construido gran parte de su éxito sobre principios de accesibilidad, personalización, gamificación y adaptación a distintos perfiles de aprendizaje.

Otro ejemplo es Minecraft Education. Lo que comenzó como un videojuego se ha convertido en una herramienta educativa utilizada en todo el mundo para fomentar creatividad, colaboración, pensamiento crítico y resolución de problemas.

Ambos casos comparten una idea fundamental: las tecnologías que mejor conectan no son necesariamente las más complejas, si no las que entienden mejor a las personas.

ALGORITMOS, ATENCIÓN Y GÉNERO

Hablar de atención digital no consiste únicamente en analizar algoritmos o modelos de negocio. También implica comprender que no todas las personas experimentan Internet de la misma manera.

Las mujeres y niñas continúan enfrentándose a retos específicos en los entornos digitales relacionados con la seguridad, la representación, la participación pública o la violencia online.

ONU Mujeres ha alertado de forma reiterada sobre cómo las violencias digitales pueden limitar la presencia y participación de mujeres y niñas en espacios digitales y sociales. Al mismo tiempo, organismos como la UNESCO destacan la importancia de fomentar la participación de niñas y mujeres en ámbitos STEM para garantizar una transformación digital más inclusiva y representativa.

Entonces, la cuestión no es únicamente quién utiliza la tecnología… La cuestión es quién participa en su diseño.

Porque captar la atención de una sociedad diversa requiere comprender experiencias diversas, ya que cada día delegamos parte de nuestra atención en sistemas automatizados: los algoritmos seleccionan contenidos, recomiendan vídeos, sugieren perfiles, priorizan noticias y organizan gran parte de la información que consumimos.

Como señala la investigadora Safiya Umoja Noble, “Algorithms are opinions embedded in code”. Es decir, los algoritmos no nacen en el vacío, si no que aprenden de datos, decisiones humanas y patrones culturales.

Por eso, cuando los equipos que desarrollan tecnología son diversos, no solo se reduce el riesgo de reproducir sesgos. También aumenta la capacidad de innovación y de comprensión de las necesidades reales de la sociedad.

LA NUEVA COMPETENCIA DIGITAL: GESTIÓN DE LA ATENCIÓN

Durante años hemos hablado de alfabetización digital, de acceso a Internet, de competencias tecnológicas… Pero la sociedad digital plantea un nuevo desafío: aprender a gestionar nuestra atención.

Porque la atención condiciona lo que aprendemos, lo que creemos, lo que compartimos, lo que ignoramos y, en gran medida, cómo participamos en la sociedad.

La economía de la atención no es únicamente una cuestión tecnológica, es un factor educativo, social y democrático.

Partimos de la premisa de que la tecnología que mejor conecta no es la que consigue que pasemos más tiempo mirando una pantalla. Es la que entiende mejor a las personas que están detrás de ella. No consiste en captar la atención hablando más alto, si no en escuchar mejor.

Y quizá esa sea una de las claves más importantes para construir una transformación digital que beneficie realmente a toda la sociedad: comprender cómo aprenden y se motivan las personas, es esencial para generar un impacto positivo real.

Así lo entendió e hizo Be My Eyes, la aplicación que conecta a personas ciegas o con baja visión con personas voluntarias mediante videollamada.

Su éxito no consiste en captar atención masiva, sino en comprender una necesidad real de un colectivo históricamente poco representado en el diseño tecnológico, y demostrar que las tecnologías más valiosas no siempre son las que consiguen atraer más atención, sino las que escuchan mejor las necesidades de las personas para las que fueron creadas.