
Cuando la tecnología llega a todas partes… pero las oportunidades no siempre la acompañan
20 de junio. Día Mundial del Wi-Fi.
30 de junio. Día Mundial de las Redes Sociales.
Dos fechas que celebran algo que muchas veces damos por hecho: vivimos en un mundo conectado permanentemente.
El Wi-Fi nos permite acceder a información y conexión desde prácticamente cualquier lugar. Las redes sociales nos conectan con personas, organizaciones, conocimiento y oportunidades a escala global.
Sin embargo, existe una pregunta que rara vez nos hacemos:
¿Estar en conexión significa realmente participar en la sociedad digital?
Durante años, la conversación sobre la brecha digital se centró en la infraestructura: llevar Internet a todos los hogares, mejorar la cobertura o facilitar el acceso a dispositivos. La tecnología puede llegar a un territorio, a una escuela o a un hogar, pero si no viene acompañada de capacidades, acompañamiento y oportunidades, la brecha digital puede seguir existiendo. Esa es la nueva última milla digital.
TENER CONEXIÓN NO ES LO MISMO QUE TENER OPORTUNIDADES

La expansión de la conectividad ha sido uno de los grandes avances de las últimas décadas.
Según la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), el 68 % de la población mundial utiliza Internet, una cifra que sigue creciendo año tras año. Sin embargo, organismos internacionales como la OCDE o la Comisión Europea en su Informe sobre el estado de la Década Digital de 2026, advierten de que la brecha digital ya no puede medirse únicamente en términos de acceso. Hoy intervienen otros factores como las competencias digitales, la capacidad para utilizar la tecnología de forma crítica, el acceso a formación especializada, la participación en la innovación, y el acceso a oportunidades laborales y empresariales
En otras palabras, la conectividad es necesaria, pero ya no es suficiente.

USAR TECNOLOGÍA NO ES LO MISMO QUE CREARLA
Durante años, el objetivo fue reducir la distancia entre quienes tenían acceso a la tecnología (por vivir en zonas urbanas) y quienes no, reduciendo la denominada brecha digital en el ámbito rural.
Pero la sociedad digital plantea un nuevo reto, pues no basta con poder utilizar herramientas digitales, es imprescindible comprenderlas, conocer su impacto y sus implicaciones éticas, contribuir a su desarrollo y participar en las decisiones que marcarán nuestro futuro digital.
La UNESCO lleva años alertando sobre la necesidad de aumentar la participación de niñas y mujeres en disciplinas STEM para garantizar una transformación digital más inclusiva y representativa. Porque la diferencia entre consumir tecnología y crearla es enorme, y es ahí donde se encuentra la gran brecha de género.
Uno de los casos más conocidos es el de Google Glass: presentado como el futuro de la informática portátil, este dispositivo incorporaba funciones revolucionarias para su época. Sin embargo, la falta de aceptación social, las preocupaciones sobre privacidad y la desconexión entre los usos previstos y la realidad cotidiana, hicieron que cayeran en el olvido.
La lección fue clara: la tecnología puede ser extraordinaria, pero si no conecta con las personas, difícilmente transformará la sociedad.
Quienes diseñan algoritmos, plataformas, aplicaciones o sistemas de inteligencia artificial no solo desarrollan herramientas, crean impacto social real al condicionar cómo aprendemos, trabajamos, nos comunicamos o accedemos a servicios.
Por eso, la hoja de ruta está clara: No solo hay que trabajar para que haya más mujeres usando tecnología, si no para que haya más mujeres creando tecnología, liderando tecnología y generando oportunidades gracias a ella.
EL TALENTO NO ENTIENDE DE CÓDIGO POSTAL
Existe una idea que ha acompañado durante años al desarrollo tecnológico: que la innovación ocurre únicamente en grandes ciudades o polos tecnológicos.
La realidad es mucho más compleja: la llegada de infraestructuras y del Wi-Fi a todos los rincones, supone la viabilidad de la digitalización y la apertura de nuevas posibilidades para trabajar, emprender, colaborar y formarse desde prácticamente cualquier lugar.
La OCDE identifica el teletrabajo, la economía digital y el emprendimiento tecnológico como herramientas con capacidad para revitalizar territorios rurales y generar nuevas oportunidades económicas.
Gracias a la conexión a internet inalámbrica y plataformas sociales (o redes), no solo se han desarrollado nuevas profesiones especializadas (ingeniería 5G, Community Manager, etc), sino que además, cada vez encontramos más ejemplos de profesionales digitales que trabajan desde cualquier lugar, desde municipios o entornos rurales, emprendedoras que comercializan sus productos a través de plataformas digitales, proyectos tecnológicos vinculados a la agricultura inteligente, o iniciativas de formación online que eliminan barreras geográficas. Es decir, ha sido posible la deslocalización de los puestos de trabajo.
La cuestión ya no es si existe talento en todos los territorios, la cuestión es si existen las condiciones necesarias para que ese talento pueda desarrollarse, más allá de brechas, de género y de código postal.


LA TRIPLE BRECHA: CUANDO LAS DESIGUALDADES SE ACUMULAN
No todas las personas parten de la misma posición para aprovechar las oportunidades de la sociedad digital y, en la mayoría de los casos, las brechas no aparecen aisladas… Se superponen.
Una mujer puede encontrarse simultáneamente con: una brecha territorial, una brecha digital, y una brecha de género. Y cuando estas tres dimensiones coinciden, las barreras se multiplican.
Por eso, las estrategias más eficaces no se limitan a desplegar tecnología ni a garantizar el acceso y la presencia en el entorno digital. También trabajan para desarrollar competencias digitales, visibilizar referentes diversos, impulsar el liderazgo femenino y el emprendimiento digital, ofreciendo el acompañamiento educativo y profesional necesario para que todas las personas puedan participar plenamente en la sociedad digital Hablamos, por tanto, de construir redes sin barreras: infraestructuras que conecten territorios y comunidades que conecten personas, favoreciendo la transferencia de conocimiento, el intercambio de experiencias y el apoyo necesario para avanzar hacia una sociedad digital más inclusiva.
Porque la transformación digital puede ampliar desigualdades, y el reto está en cambiar el foco y aprovechar las oportunidades que brinda para reducirlas… La diferencia es sencilla: fomentar ladiversidad de quién participa.
LAS REDES MÁS IMPORTANTES NO SIEMPRE SON DIGITALES
El Día Mundial de las Redes Sociales y el Día Mundial del Wi-Fi nos recuerdan la enorme capacidad de la tecnología para conectar personas superando barreras de cualquier tipo (geográficas, culturales, generacionales o de género). Porque, más allá de nuestras diferencias, los espacios digitales nos permiten encontrar puntos de encuentro: compartir una afición en Instagram, crear redes profesionales en LinkedIn, participar en conversaciones sobre temas de actualidad en X o descubrir comunidades en TikTok
Pero algunas de las conexiones más valiosas no dependen únicamente de algoritmos. Son las que surgen entre mentoras y jóvenes profesionales, emprendedoras y oportunidades, estudiantes y referentes STEM, empresas y talento, o territorios y ecosistemas de innovación.
Y es que estas conexiones tienen un impacto real. Un estudio publicado en Frontiers in Psychology concluyó que la interacción con mujeres referentes en disciplinas STEM mejora las expectativas de éxito académico de las niñas, incrementa su interés por las carreras científico-tecnológicas y contribuye a reducir estereotipos de género asociados a estos ámbitos.
A su vez, la investigación Continuing Education of Academic Women in STEM: The Role of Mentoring and Professional Networks, destaca que la mentoría y las redes profesionales desempeñan un papel clave en la permanencia, el desarrollo profesional y el liderazgo de las mujeres en ámbitos STEM, facilitando el acceso a oportunidades, recursos, colaboración y crecimiento profesional.

La evidencia científica demuestra pues que, disponer de referentes cercanos y formar parte de redes profesionales influye de forma significativa en las decisiones académicas y laborales de niñas y mujeres. Porque ver a alguien, con quien te identificas, ocupando determinados espacios ayuda a imaginar que tú también puedes formar parte de ellos. Y porque contar con una red de apoyo puede marcar la diferencia entre una oportunidad que se aprovecha y una oportunidad que nunca llega a conocerse.
Por eso la visibilidad importa, porque no se puede aspirar a aquello que no se conoce, y no se puede construir una sociedad digital inclusiva dejando fuera parte de su talento.
DE LA CONEXIÓN A LA PARTICIPACIÓN
El Wi-Fi conecta dispositivos.
Las redes sociales conectan personas.
Pero la inclusión digital exige algo más… exige conectar oportunidades.
La verdadera última milla digital ya no se mide en cobertura, velocidad o número de dispositivos conectados. Se mide en capacidades, confianza, referentes, liderazgo, y oportunidades.