8 de julio de 2026

Las vacaciones, en el marco del descanso y claridad mental, también pueden abrir preguntas, despertar curiosidades y acercar a las nuevas generaciones a la ciencia, la tecnología y la innovación desde lugares inesperados.

Hay aprendizajes que nunca aparecen en un boletín de notas ni en una evaluación escolar. No se califican con un sobresaliente, no ocupan una casilla en el expediente y, rara vez, se preguntan en un examen. Pero pueden cambiar la forma en la que una niña o un niño mira el mundo.

La primera vez que desmonta un juguete para entender cómo funciona.
La tarde en la que descubre que puede crear una historia interactiva.
El momento en el que mira el cielo y pregunta por qué la luna no se cae.
La conversación en la que entiende que una inteligencia artificial no “piensa” como una persona, aunque a veces lo parezca.
El día en el que alguien le dice: “eso también lo puedes hacer tú”.

El verano suele presentarse como una pausa. Una desconexión necesaria después del curso. Y lo es. Pero también puede ser otra cosa: un tiempo menos rígido, menos medido y menos condicionado por el resultado inmediato. Un espacio donde investigar no significa necesariamente estudiar, sino explorar. Y dejar volar la imaginación.

Y ahí, precisamente, es donde puede empezar una vocación.

LA CURIOSIDAD TAMBIÉN ES UNA COMPETENCIA DE FUTURO

Durante mucho tiempo, hablar de vocaciones STEM ha sido hablar de asignaturas, itinerarios académicos o profesiones científicas y tecnológicas. Todo eso importa. Pero antes de elegir una carrera, antes de imaginarse trabajando en un laboratorio, diseñando software, investigando enfermedades, creando videojuegos o desarrollando soluciones de inteligencia artificial, suele haber algo mucho más sencillo: una pregunta.

¿Por qué ocurre esto? ¿Cómo se hace? ¿Y si lo intento de otra manera? ¿Podría inventarlo yo?

La Ciencia y la tecnología empiezan ahí… tienen su origen en la curiosidad, en las ganas de aprender y descubrir, en la inquietud e interés.

De hecho, la OCDE identifica la curiosidad como “la capacidad de anticiparse al futuro, el pensamiento crítico y la responsabilidad como algunas de las competencias esenciales para desenvolverse en una sociedad en constante transformación”.

En un contexto marcado por la inteligencia artificial, la automatización y la transformación digital, las competencias más relevantes no serán únicamente técnicas. Saber programar, analizar datos o manejar herramientas digitales será importante, pero no suficiente. También hará falta pensamiento crítico, creatividad, colaboración, capacidad para resolver problemas, criterio ético y autonomía para aprender durante toda la vida.

Y, sin embargo, han sido llamadas durante mucho tiempo “soft skills”… como si no fuesen de Fuerte impacto para la Sociedad, siendo competencias que no siempre se entrenan en una ficha. Menos mal que esto ya ha cambiado, convirtiéndose en Future Skill… El Foro Económico Mundial sitúa precisamente estas capacidades entre las más demandadas para los próximos años, junto a la alfabetización tecnológica y la creatividad. Y estas comienzan con una pregunta, se desarrollan jugando, probando, equivocándose, construyendo, imaginando y compartiendo.

El verano puede convertirse en un pequeño laboratorio de todo eso.

No porque haya que llenar las vacaciones de actividades productivas —la agenda infantil tampoco necesita convertirse en un Excel con flotador—, sino porque el descanso también puede abrir espacio para descubrir intereses que durante el curso quedan enterrados bajo tareas, horarios y evaluaciones.

NO TODAS LAS VOCACIONES EMPIEZAN EN UN AULA

Hay niñas y niños que descubren la ciencia en un museo, cocinando, cuidando plantas,  editando un video, jugando a construir mundos digitales, o preguntando a una herramienta de inteligencia artificial por qué el mar cambia de color.

Lo importante no es que todas esas experiencias se etiqueten como STEM. De hecho, muchas veces no hace falta hacerlo. Lo importante es reconocer que detrás de ellas hay habilidades científicas y tecnológicas en construcción.

Cuando una niña diseña una ciudad en un videojuego, está pensando en sistemas.
Cuando un niño crea una animación, está trabajando lógica, narrativa y secuencias.
Cuando alguien monta una maqueta, está experimentando con estructuras, proporciones y materiales.
Cuando graba un podcast, está organizando información y comunicando conocimiento.
Cuando compara respuestas de una IA, está empezando a desarrollar pensamiento crítico digital.

La clave está en mirar esas experiencias de otra manera.

Porque quizá el primer paso para despertar vocaciones STEM no sea decir “esto es ciencia” o “esto es tecnología”, sino ayudar a niñas y niños a darse cuenta de que ya están pensando como personas que investigan, diseñan, crean y resuelven problemas. Y quieren ser parte activa de las TIC y las STEM.

EL RETO NO ES SOLO DESPERTAR VOCACIONES, SINO EVITAR QUE SE APAGUEN

Aquí aparece una cuestión especialmente importante: el talento no entiende de género, pero las expectativas sociales sí. Y esas expectativas empiezan pronto. A menudo, mucho antes de que una niña tenga que elegir optativas, estudios o una carrera profesional.

La Comisión Europea también monitoriza esta evolución a través del índice Women in Digital, que analiza la participación de las mujeres en las competencias digitales, el empleo TIC y el emprendimiento tecnológico en Europa.

Según la UNESCO, las mujeres siguen representando únicamente alrededor del 35 % del alumnado matriculado en estudios STEM a nivel mundial, lo que pone de manifiesto la importancia de trabajar las vocaciones desde edades tempranas.

Cuando desde edades tempranas se orienta a la chicas hacia el cuidado, la comunicación o la búsqueda de aprobación, y a los chicos hacia la construcción, la exploración o el desafío, la relación con la tecnología empieza a configurarse de manera desigual. No porque falte talento o capacidad, sino porque los estímulos, las referencias, la confianza y las oportunidades no siempre llegan de la misma manera.

Por eso el verano también puede ser un tiempo estratégico para ampliar imaginarios.

No se trata de imponer vocaciones, sino de abrir puertas. De mostrar que la tecnología no es un territorio ajeno. Que programar no es solo escribir código. Que la ingeniería también puede estar en una bicicleta, en una receta, en una prótesis, en una app de salud o en una solución para ahorrar agua. Que la inteligencia artificial no es magia, sino una creación humana que necesita criterio, diversidad y responsabilidad.

Y, sobre todo, que las niñas no tienen que esperar a ser mayores para sentirse parte de ese mundo.

CINCO FORMAS DE MIRAR EL VERANO EN CLAVE STEM

Más que una lista de actividades, proponemos una forma distinta de observar lo que ya ocurre durante las vacaciones.

1. Si le gusta contar historias, puede acercarse a la programación

Crear una historia interactiva, un pequeño videojuego o una animación permite descubrir que programar también es narrar. Herramientas como Scratch o ScratchJr ayudan a niñas y niños a diseñar proyectos propios mientras desarrollan lógica, creatividad y resolución de problemas.

No se trata de aprender código por aprender código. Se trata de entender que una idea puede convertirse en algo que funciona.

2. Si pregunta mucho, ya está haciendo ciencia

Las preguntas constantes no son una interrupción del verano. Son materia prima científica.

Observar insectos, mirar las estrellas, hacer experimentos sencillos, visitar un museo o consultar recursos divulgativos puede convertir la curiosidad cotidiana en pensamiento científico. La NASA, por ejemplo, ofrece actividades STEM para distintas edades, con propuestas vinculadas al espacio, la Tierra y la exploración.

La ciencia no empieza cuando llega la respuesta. Empieza cuando alguien se atreve a preguntar.

3. Si usa inteligencia artificial, también debe aprender a cuestionarla

En 2026, muchas niñas y niños ya conviven con herramientas de inteligencia artificial, aunque no siempre sepan identificarlo. Por eso el reto no es solo prohibir o permitir, sino acompañar.

Cada vez más organismos internacionales, como la UNESCO en su recurso “AI competency framework for students”, insisten en que la alfabetización en inteligencia artificial debe formar parte de la educación básica, no solo para utilizar estas herramientas, sino para comprender su funcionamiento, limitaciones e impacto.

La alfabetización en IA implica entender cómo funcionan estos sistemas, qué pueden hacer, qué límites tienen, por qué pueden equivocarse y cómo utilizarlos de forma ética y responsable.

El verano puede ser un buen momento para experimentar con la IA desde preguntas sencillas:
¿Qué respuesta me da?
¿De dónde puede haber sacado esa información?
¿Me está dando hechos o suposiciones?
¿Qué pasaría si cambio la pregunta?
¿A quién beneficia esta tecnología?
¿A quién podría dejar fuera?

La próxima generación no solo necesitará usar inteligencia artificial. Necesitará comprenderla.

4. Si construye, desmonta o mezcla cosas, está entrenando pensamiento ingenieril

Un castillo de arena, una rampa para coches, una cometa, una receta que no sale a la primera o una estructura hecha con piezas de construcción pueden ser pequeñas lecciones de ingeniería.

Ensayo, error, ajuste, mejora. Ese ciclo está en la base de muchas disciplinas STEM.

La diferencia está en cómo acompañamos la experiencia. Preguntar “¿por qué crees que se ha caído?”, “¿qué podrías cambiar?” o “¿cómo lo harías más resistente?” ayuda a convertir el juego en aprendizaje profundo sin quitarle diversión.

5. Si se aburre, quizá está a punto de imaginar algo

El aburrimiento tiene mala reputación, pero puede ser un gran aliado de la creatividad. No todo aprendizaje necesita una pantalla, una actividad organizada o una instrucción adulta.

A veces, cuando no hay nada previsto, aparece una idea.

Y la innovación también nace de ahí: de combinar cosas que parecían no tener relación, de buscar soluciones propias, de ensayar caminos distintos.

En una sociedad que mide tanto el rendimiento, conviene recordar que algunas capacidades decisivas para el futuro necesitan tiempo libre, margen de error y espacio mental.

RECURSOS PARA EXPLORAR SIN REPETIR EL VERANO

Estos recursos pueden ayudar a familias, docentes y menores a acercarse a la ciencia, la tecnología y la inteligencia artificial desde una mirada más creativa, crítica e inclusiva:

  • Scratch: comunidad y lenguaje de programación gratuito para crear historias, juegos y animaciones.
  • Code AI: recursos gratuitos para entender cómo funciona la IA y trabajar alfabetización digital.
  • NASA STEM Activities: actividades, retos y materiales educativos sobre ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas.
  • UNICEF – Learning through Play: recursos sobre el valor del juego en el desarrollo de habilidades cognitivas, sociales y creativas.
  • OECD Learning Compass 2030: marco internacional sobre competencias, actitudes y valores necesarios para aprender y construir futuro.
  • UNESCO – Girls and Women in STEM: informes y recursos sobre la participación de niñas y mujeres en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas.
  • AILit Literacy Framework: marco de alfabetización en inteligencia artificial para educación primaria y secundaria.

No son deberes de verano. Son puertas.

APRENDER ANTES DE SABER QUE ESTÁS APRENDIENDO

Quizá dentro de unos años, una joven ingeniera recuerde que todo empezó intentando arreglar una bicicleta. Quizá una investigadora piense en aquel verano en el que miró el cielo por primera vez con atención. Quizá una emprendedora tecnológica descubra que su primera idea nació creando una historia digital en una tarde sin planes. Quizá una futura experta en inteligencia artificial recuerde que, antes de entender los algoritmos, aprendió a hacer buenas preguntas.

No siempre sabemos cuándo empieza una vocación, por eso importa tanto crear contextos donde pueda aparecer. El aprendizaje que no sale en las notas también construye futuro. A veces, incluso, lo construye antes que cualquier asignatura.

Y cuando llegue septiembre, muchas niñas y niños volverán al aula con nuevos conocimientos, pero también con nuevas preguntas. Algunas todavía no tendrán nombre. otras quizás se convertirán algún día en proyectos, estudios, carreras, empresas o soluciones tecnológicas.

Porque la sociedad digital de los próximos años no dependerá solo de quienes sepan usar tecnología. La construirán quienes aprendan, desde muy pronto, que también pueden imaginarla, cuestionarla y crearla.

Y esa es, precisamente, una gran conversación que abordaremos en nuestro próximo post: La primera generación que nunca conoció un mundo sin IA.