Es comúnmente aceptado que los hombres tienen más talento para las áreas científico-técnicas que las mujeres. Sin embargo, esta opinión arraigada durante siglos en el imaginario colectivo no es más que eso, una creencia que se sustenta estereotipos que, desafortunadamente, sigue influyendo en las que las chicas de hoy tienen de ellas mismas. Y lo que es más grave, en sus decisiones a la hora de elegir estudios. No se trata de medir las capacidades de hombres y mujeres como si de una competición se tratase, pero sí de tener claro si existe algo o nada de verdad en mitos como que a los chicos, por alguna razón biológica, se les dan mejor las matemáticas que a las chicas.

Un cerebro maleable, para adquirir habilidades de chicos o chicas

Gina Rippon, es una neurocientífica que ha pasado décadas rebatiendo el neuroseximo. Es decir, la idea de que de alguna manera, los cerebros de hombres y las mujeres son esencialmente diferentes, y que los niños y niñas pueden estar expuestos a estereotipos de género prácticamente desde que nacen. Estas conclusiones se recogen en su libro «The Gendered Brain», en el que argumenta que no es el cerebro humano el que está intrínsecamente unido «al género», sino el mundo y el entorno en el que crecemos. Para ello, describe muchas de las teorías sobre las diferencias de género como mitos difíciles de destronar que resurgen constantemente.

El cerebro es maleable, se moldea con la experiencia y el entrenamiento, y desde que nacemos hay ciertos comportamientos que se fomentan sutilmente: «Un mundo de género produce un cerebro de género», asegura. Por tanto, “si creemos que existen diferencias profundas entre los cerebros de hombres y mujeres, y que por ello tienen acceso a diferentes habilidades, eso afectará nuestra forma de pensar, y a nuestro concepto de otras personas y su potencial”, advierte Rippon.

Por tanto, nuestros comportamientos y habilidades se van moldeando, estimulando o limitando en ciertas capacidades no innatas. Por ejemplo, si damos a los niños juegos de construcción en lugar de muñecas, desarrollarán un pensamiento lógico que quizás les inclinen hacia ciertas asignaturas y profesiones a la larga. «La comprensión de que cada cerebro es diferente de cualquier otro y no necesariamente en función del sexo del dueño del cerebro es un paso realmente importante en el siglo XXI», insta Rippon

Sin diferencias de género al nacer en habilidades matemáticas

En una investigación publicada en la revista Science of Learning, realizando en  la Universidad Carnegie Mellon de Pittsburgh, se ratificó que los niños y las niñas tienen en sus primeros años de vida habilidades matemáticas similares. Cuando la comunidad científicas comparó los escáneres cerebrales y las puntuaciones de 104 niños y niñas de entre 3 y 10 años, no encontró diferencias de género en cómo procesaron las matemáticas. También se evaluó la capacidad matemática, y se mostró el mismo interés al ver los vídeos educativos de matemáticas. Sus cerebros procesaron las matemáticas de la misma forma y obtuvieron resultados parecidos en los exámenes.

Las personas responsables del estudio fueron más allá para averiguar si las preferencias tienen que ver con algún factor biológico después de la infancia, y que afecte a su desarrollo cognitivo y a esa brecha de género. Pero se inclinaron en sus conclusiones más por “los estereotipos negativos y otros factores socioculturales que pueden alejar a las niñas y mujeres jóvenes de las matemáticas y áreas científico-técnicas relacionadas”.

No es biología, sino cultura

Otros trabajo más que niega la existencia de ese presunto “gen matemático”, es un estudio que analizó datos de niños y niñas de 86 países diferentes. Sus autores, Jane Mertz of the University of Wisconsin-Madison and Jonathan Kane of the University of Wisconsin-Whitewate, afirman que  “la brecha matemática-género se debe a factores socioculturales que difieren entre países, y que estos pueden modificarse». Según la investigación, «aparentes brechas de género son en realidad solo disparidades en la educación y las expectativas culturales, sin evidencia de algún mecanismo biológico más profundo”.

Mertz y Kane concluyeron como regla general que, a mayor igualdad no solo se elimina la brecha de género, sino que también mejora la puntuación en las pruebas. Los países donde las mujeres tienen una alta participación en la fuerza laboral y tienen salarios comparables a los de sus homólogos masculinos, generalmente tienen las puntuaciones matemáticas más altas. Es decir que “en cuanto a logros matemáticos la equidad de género es una situación en la que todos ganan», concluyeron.

A nivel mundial, las titulaciones futuras más demandadas serán las relacionadas con las titulaciones STEM y, en este sentido, la mujer está en clara minoría y desventaja, influida como hemos visto por ciertos mitos o estereotipos que las alejan de estas áreas. Una brecha de género vital, dada la importancia que estos sectores tienen en la actualidad y el carácter todavía más relevante que van a tener en un futuro cercano en la llamada cuarta revolución industrial. Por ello, es vital tomar las medidas necesarias para desterrar falsas creencias y transmitir a las jóvenes, que por naturaleza tienen iguales capacidades y por tanto las mismas oportunidades para desarrollar la carrera que deseen. Nadie está condicionado biológicamente para una carrera o profesión, y por tanto será su decisión o sus preferencias personales tomadas libremente, las que determinen su destino, de ciencias o de letras.