En los últimos años, el acrónimo STEM se ha popularizado en todo el mundo para referirse a ciertas disciplinas científico-técnicas y a la educación en las mismas. Sin embargo, al igual que la ciencia y la tecnología evolucionan de forma constante, también lo hacen los términos  para referirse a ciertos campos o enseñanzas esenciales para ayudar a las nuevas generaciones a afrontar los retos de la 4ª Revolución Industrial. En este post nos proponemos llamar a las cosas por su nombre, conocer las acepciones más comunes en torno a las STEM y, por supuesto, de forma inclusiva y desde una perspectiva de género.

El acrónimo STEM

En primer lugar no nos ha de sorprender que cuando buscamos el término STEM en los principales buscadores, aparece asociado al mismo el de CTIM. Estas siglas hacen referencia a las disciplinas académicas de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas. Es el equivalente en español de STEM, ​ el acrónimo en inglés de Science, Technology, Engineering and Mathematics (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas).

Un término utilizado sobre todo en Europa y EE.UU pero que también tiene su equivalente en otros idiomas como en alemán, en el que el acrónimo equivalente es MINT, de Mathematik, Informatik, Naturwissenschaft y Technik.

 

Una vez aclaradas estas cuestiones idiomáticas, teniendo en cuenta que  el alcance de las STEM puede variar según la organización que realice su definición, la generalidad es que todas las definiciones coinciden en señalar sus beneficios, ya que estas disciplinas son consideradas como fundamentales para las sociedades tecnológicamente avanzadas.  Suponen una mayor competitividad y de cara al futuro, una mayor prosperidad económica y capacidad de crecimiento sostenido.

Pero para entender por qué es tan necesaria la enseñanza de estas áreas, es importante tener en cuenta el amplio y diverso papel que desarrollan los campos que conforman las STEM. La “S” de ciencia, abarca problemas como el calentamiento global, cambio climático o la medicina. La “T” de tecnología va desde las computadoras hasta la era digital con Inteligencia Artificial y programación. La “E” de ingeniería se refiere a infraestructuras, diseño de edificios, ciudades y puentes. Por último, la “M” de matemáticas, abarca desde economía, contabilidad, inversiones e impuestos, analistas y hasta criptógrafos.

Un poco de historia

El término STEM se atribuye al matemático Seymound Papert, cuando en la década de los 80´lo empleó al construir uno de los primeros juguetes con programación incorporada, el Lego-Logo.

Más tarde en los 90´ el término original SMET fue acuñado por la National Science Foundation (NSF), pero sus siglas fueron de nuevo reorganizadas para dar lugar en el 2001 al acrónico actual que se ha extendido a muchos países.

Una década más tarde, el término cobró protagonismo para destacar la importancia de la necesidad de invertir en un nuevo modelo educativo en ciencias, y se inició su inclusión en el currículum educativo a nivel global. Un sistema interdisciplinar, basado en estimular los procesos de investigación científica para el aprendizaje conjunto y de forma práctica de conceptos de Matemáticas, Ciencias y Tecnología, dentro de un proceso de diseño y resolución de problemas, tal y como se hace en la ingeniería. 

En definitiva, la educación STEM hace referencia a un nuevo enfoque educativo, con el propósito de garantizar la transversalidad del proceso de enseñanza-aprendizaje a través de disciplinas que en la sociedad actual se consideran imprescindibles. Y desde una perspectiva creativa y enriquecedora, que complementa los contenidos científicos a través del uso de las tecnologías de la información y la comunicación.

De STEM a STEAM

En los últimos años el término STEM se ha ampliado dando lugar a otras vertientes como el término STEAM donde la “A” es para las Artes. Un avance hacia ese enfoque de multidisplinariedad, en el que se hace hincapié en la creatividad, el pensamiento libre y el pensamiento crítico.

O también el denominado ST2REAM, donde “T2” es enseñanza o instrucción temática (teaching o thematic instruction, en inglés), “R” por Lectura (reading) y “A” por artes.

Por último el acrónimo STEM se está cambiando por PECS (Physics, Engineering, Computer, Science), ya que mientras la proporción hombre-mujer entre las especialidades universitarias en biología, química y matemáticas es más igualitaria, en física, ingeniería e informática (PECS) el porcentaje entre hombres y mujeres parece haberse estancado en aproximadamente 4 a 1.

Aun así, pese a sus matices o diferencias, todos estos términos comparten la misma premisa: que los estudiantes aprendan sobre pensamiento crítico, resolución de problemas, creatividad, innovación, investigación, colaboración y liderazgo.

Igualdad de género en las STEM

A lo largo de la historia, desde el Antiguo Egipto, pasando por la Edad Media hasta nuestros días, las mujeres dedicadas a las STEM han permanecido en minoría y en un segundo plano. La UNESCO se plantea como objetivo principal, la igualdad de género en el ámbito de las STEM, y acabar con los numerosos obstáculos y cánones sociales que dificultan la educación y su calidad para las niñas. En las carreras relacionadas con las STEM, el 35% del alumnado son mujeres. Y sólo el 3% de las estudiantes de la educación superior, por ejemplo, escogen realizar estudios en el ámbito de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC).

Se necesita dar respuestas intersectoriales e integrales que permitan la participación de las niñas y las mujeres en la búsqueda de soluciones para hacer frente a los desafíos actuales y futuros. La brecha de género resulta alarmante cuando se considera que, en general, las carreras vinculadas con las STEM constituyen los empleos del futuro, la fuerza motriz de la innovación, del bienestar social, del crecimiento inclusivo y del desarrollo sostenible. Empoderar a las niñas y las mujeres para que estudien y cursen carreras en el ámbito de las STEM, constituye pues un imperativo urgente.