Hace unos días se celebró en todo el mundo el “Día de la Mujer y la Niña en la Ciencia”. Una cita conmemorada “con el fin de lograr el acceso y la participación plena y equitativa en la ciencia, para lograr la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres y las niñas”.

Una fecha para dar visibilidad a referentes en estas áreas y romper con prejuicios y estereotipos de género que, arrastrados desde hace mucho años, continúan sorprendentemente a día de hoy suponiendo barreras que mantienen a niñas y mujeres significativamente alejadas de estos sectores TIC. Y eso sucede aun suponiendo la mitad de la población mundial y, por tanto, desaprovechando la mitad del potencial.

«Para hacer frente a los inmensos desafíos del siglo XXI –desde el cambio climático hasta los trastornos tecnológicos– nos hace falta la ciencia y toda la energía necesaria y, por ello, el mundo no puede privarse del potencial, la inteligencia y la creatividad de los miles de mujeres que son víctimas de desigualdades o prejuicios tan arraigados”.

Mensaje de la Sra. Audrey Azoulay, Directora General de la UNESCO, con motivo del Día Internacional de las Mujeres y las Niñas en la Ciencia

¿Por qué las niñas se alejan de la ciencia y la tecnología?

Todos los estudios coinciden en señalar que no se trata de una cuestión de habilidad, sino de factores culturales, sociales y educativos más profundos y arraigados heredados del patriarcado. En la infancia niños y niñas se relacionan de igual manera con la ciencia y la tecnología, e incluso las chicas suelen sacar mejores notas que los chicos en todas las materias, incluyendo matemáticas y ciencias. El problema no viene de ellos o ellas, sino de cómo se les educa de forma diferente a enfrentar los retos y a afrontar el fracaso.

“Cuando los chicos tienen problemas con una tarea, dicen al profesor: hay un problema con mi código. Las chicas por el contrario afirman: profesor, hay un problema conmigo».*

Tradicionalmente se ha transigido mucho más en los “juegos de niños”, permitiéndoles asumir más riesgos, saltando, brincando…si tropiezan no pasa nada, son “cosas de chicos”. No se les deja mostrarse vulnerables, y por el contrario se les premia su carácter valiente y aventurero. Sin embargo a las niñas se les recompensa su mesura, se le elogia por ser bonitas y responsables, deben jugar pero de forma segura, “sin mancharse” y sacando buenas notas.

Se limitan así las potencialidades de las niñas, que aprenden que no se espera lo mismo de ellas que de los niños. Ellas disminuyen así su autoestima y autoconfianza mientras ellos aprenden que pueden conseguir lo que se propongan con esfuerzo y esto actúa como un refuerzo positivo de su autoestima. Estas exigencias pueden ser causa de inseguridades, temor al fracaso e incluso frustración con el tiempo. Y así, la tendencia es que al final las niñas eviten tomar riesgos, lo que se traduce en no salirse de “lo establecido”.

El proceso de aprendizaje se basa en la experimentación, ensayo y error, y en los primeros años de vida niños y niñas tienen que vivenciar experiencias que ayuden a construir su personalidad y a afrontar la toma de decisiones. Si, como ocurre tradicionalmente en el caso de las niñas, no se han atrevido a trepar a un árbol y caerse, o experimentar el fracaso de suspender una asignatura, y para colmo no encontramos referentes científicas o ingenieras en nuestros libros de texto ¿Cómo se van a inclinar de adultas por elegir una carrera con fama de complicada, masculinizada y en la que solo hay una minoría de mujeres? Que por cierto, siendo a menudo las más listas de la clase, no están visibilizadas o lo están con una imagen social de frikis o empollonas.

 

Educadas para la seguridad y la perfección

A las chicas se les educa para ser madres, excelentes profesionales y además a estar siempre perfectas. El temor a no estar a la altura, a no ser capaces, a fallar, y a no poder llevar hogar y trabajo delante de forma impecable, inclina a las mujeres a hacer lo que siempre se ha esperado de nosotras, a permanecer en nuestra zona de confort para no defraudar, a la prudencia y a la autoexigencia por la perfección ¿Por qué tenemos que ser SuperWoman y no mujeres normales?

“Los hombres solicitan un empleo si cuentan con solo un 60% de las cualificaciones, pero las mujeres, lo solicitan solo si reúnen el 100% de las cualificaciones”.*

Para elegir con libertad, sin prejuicios o estereotipos, para que la sociedad cuente con mujeres valientes, se necesita educar en igualdad a niñas imperfectas, que no teman hacer frente a sus temores, a cometer un error o al fracaso y que, además lo entiendan como una oportunidad de aprendizaje. Cualidades fundamentales para desarrollar profesiones STEM basadas en el aprendizaje por prueba o error, en las que hace falta errar, porque equivocarse es un paso más para prosperar y alcanzar el éxito.

Educar desde la familia y la escuela es fundamental para que ellas igual que ellos, se puedan sentir cómodas con su imperfección, permitiéndose innovar, ser diferentes, elegir con valentía su futuro, y no lastradas por clichés. Porque la perfección no existe. Tenemos una gran oportunidad por delante, estamos en el pleno desarrollo de unas nuevas profesiones TIC que no cuentan con la historia del patriarcado, con la masculinización de los puestos de trabajo. Pero tenemos que mostrar que es una realidad, dar a conocer cómo se necesita del talento femenino para el avance no solo de las mujeres, sino de la propia sociedad y del sector. Es el momento de sustituir el “deber ser” por el “querer ser” y el “querer es poder”.

Tenemos que enseñarles a ser valientes en las escuelas  y al principio de sus carreras,  cuando hay más potencial de impactar sus vidas  y las vidas de otros,  y tenemos que mostrarles que las vamos a amar y a aceptar  no por ser perfectas sino por ser valientes”.*

* Citas de Reshma Saujani, Fundadora de «Niñas que codifican» (Girls Who Code)