8 de abril de 2026

Durante décadas, la investigación médica se ha construido sobre datos que no representaban de forma equilibrada a mujeres y hombres, estando infrarrepresentadas en ensayos clínicos como reconoció el NIH (National Institutes of Health) en 2016, estableciendo la obligación a partir de entonces, de considerar el sexo como variable biológica en investigación.

Hoy, ese paradigma está cambiando. Y lo está haciendo a través de dos grandes transformaciones: la digitalización de la salud y el crecimiento de un ecosistema específico conocido como FemTech.

Ambas están dando lugar a una nueva realidad: el cuerpo de las mujeres empieza, por fin, a ser medido, analizado y comprendido desde sus propias características.

DE LA INVISIBILIDAD DE LOS DATOS A LA SALUD EN TIEMPO REAL

Históricamente, la falta de datos específicos sobre la salud femenina ha tenido consecuencias relevantes. Es decir, no considerar las diferencias biológicas tiene un impacto directo en la seguridad. Por ejemplo, un caso paradigmático fue el del zolpidem, un fármaco para el insomnio. En 2013, la FDA exigió reducir la dosis recomendada en mujeres al comprobar que lo eliminaban más lentamente que los hombres, lo que aumentaba el riesgo de somnolencia y deterioro al día siguiente.

No es un caso aislado. La literatura científica también ha descrito que las mujeres presentan mayor riesgo de prolongación del intervalo QT inducida por determinados medicamentos, un efecto adverso potencialmente grave que muestra hasta qué punto el sexo biológico puede modificar la seguridad de los tratamientos, ya que la evidencia revisada muestra que las mujeres tienen mayor riesgo de desarrollar este impacto negativo, que puede desencadenar arritmias graves.

Otro ejemplo es el del estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), que demuestra que los sesgos en salud no son teóricos y que, en palabras del profesor de la Universidad Hebrea de Jerusalén, Shoham Chosen-Hillel, existe un “tratamiento insuficiente del dolor de las pacientes femeninas, que podría tener implicaciones graves en los resultados de salud de las mujeres, lo que podría conducir a tiempos de recuperación más largos, complicaciones o afecciones de dolor crónico”.

Con la irrupción de la tecnología digital, esta situación empieza a transformarse.

Hoy, millones de mujeres generan datos de salud en tiempo real a través de:

  • Aplicaciones de seguimiento menstrual
  • Dispositivos wearables
  • Plataformas de salud digital
  • Herramientas de monitorización hormonal

Estos sistemas permiten recoger información sobre ciclos, fertilidad, sueño, actividad física o síntomas asociados a distintas etapas vitales. Este cambio no es menor. Supone pasar de una medicina basada en datos generalizados a una medicina más contextualizada y personalizada, donde las diferencias biológicas y hormonales empiezan a tenerse en cuenta.

FEMTECH: PONER NOMBRE A UNA NECESIDAD HISTÓRICA

En este contexto surge el término FemTech (Female Technology), acuñado en 2016 por la emprendedora Ida Tin, fundadora de la app Clue.

FemTech engloba el conjunto de tecnologías diseñadas específicamente para abordar la salud de las mujeres, incluyendo ámbitos como:

  • Salud menstrual
  • Fertilidad
  • Embarazo y posparto
  • Menopausia
  • Salud hormonal y sexual

Aplicaciones como Clue (con más de 10 millones de usuarias) o Flo Health (con más de 50 millones de usuarias activas), han permitido pues realizar un seguimiento del ciclo menstrual, identificar de patrones hormonales, y recopilar masivamente datos de salud femenina. Desde entonces, el sector ha experimentado un crecimiento significativo, impulsado tanto por la innovación tecnológica como por una demanda social que durante mucho tiempo no había sido atendida.

El sector FemTech crece de forma constante a nivel global, con un mercado que está creciendo rápidamente y del cual se espera que supere los 50.000 millones de dólares en los próximos años.

Sin embargo, este avance convive con una paradoja: pese a su potencial, el FemTech sigue recibiendo menos inversión que otros sectores tecnológicos, lo que limita su desarrollo y escalabilidad: las startups lideradas por mujeres reciben menos financiación (en torno al 2% del capital riesgo global, según datos recurrentes de Crunchbase y PitchBook). En conclusión, existe una brecha entre la relevancia del problema y la inversión destinada a resolverlo.

DATOS, DISEÑO Y DECISIONES: QUIÉN MIDE Y PARA QUÉ

La generación masiva de datos sobre salud abre nuevas oportunidades, pero también plantea preguntas clave.

Porque no se trata solo de medir, sino de entender:

  • ¿Quién diseña estas tecnologías?
  • ¿Qué variables se tienen en cuenta?
  • ¿Cómo se interpretan los datos generados?

La calidad y utilidad de estos sistemas depende en gran medida de cómo se construyen. Si los equipos que diseñan soluciones tecnológicas no incorporan diversidad, existe el riesgo de reproducir sesgos o de simplificar realidades complejas.

En este sentido, integrar la perspectiva de género en el desarrollo tecnológico no es una cuestión accesoria, sino estructural. Es lo que permite que los datos reflejen mejor la realidad y que las soluciones respondan a necesidades reales. Por ejemplo, estudios como “Wearable sensors for monitoring the physiological and biochemical profile of the athlete, publicado en npj Digital Medicine, han demostrado que algunos wearables (que miden la frecuencia cardiaca, entre otras cosas) tienen menor precisión en mujeres o en determinados perfiles

Disponer de acceso a información sobre la salud propia, tiene un claro potencial. Permite tomar decisiones informadas, anticipar problemas y mejorar la calidad de vida… Pero también introduce nuevos desafíos: el uso de datos de salud plantea cuestiones relevantes en torno a la privacidad, la seguridad de la información, el uso comercial de los datos, la fiabilidad de las herramientas.

En un entorno donde la tecnología avanza rápidamente, es necesario asegurar que el desarrollo de estas soluciones esté acompañado de criterios éticos, regulatorios y científicos sólidos.

UNA REVOLUCIÓN QUE YA ESTÁ EN MARCHA

La digitalización de la salud y el crecimiento del FemTech están redefiniendo la forma en que entendemos el cuerpo, la medicina y el bienestar. Incorporar talento femenino en el ámbito STEM, desde la investigación hasta el desarrollo tecnológico, es clave para ampliar el conocimiento científico, mejorar la calidad de los datos, diseñar soluciones más inclusivas, y responder a necesidades históricamente desatendidas.

Porque cuando los datos cambian, también cambia la forma de diagnosticar. Y cuando cambia el diagnóstico, se transforma la manera de cuidar. McKinsey ha demostrado que equipos diversos tienen mayor capacidad de innovación, por lo que no es solo una cuestión de equidad, sino de calidad en las soluciones.

Es hora de impulsar una revolución que no solo mejore la salud de las mujeres, sino que construya un sistema sanitario más preciso, justo y preparado para el futuro. Hoy, el reto no es solo generar más datos, sino generar mejores datos, y necesitamos actuar para lograrlo.