Hace tan solo unos días, el 29 de noviembre, se celebró el Día Internacional de la Mujer Emprendedora. Con motivo de esta efeméride, nos centramos en la situación actual del emprendimiento femenino, su importancia para la economía digital, las nuevas tendencias y perfiles en el sector tecnológico, los avances y retos pendientes en materia de igualdad en el mundo laboral.

El titular de la siguiente entrada, hace referencia a una doble necesidad. En primer lugar, un emprendimiento femenino necesario, que hemos analizado en post anteriores.  En concreto, hemos argumentado la necesidad de potenciar el talento femenino y el apoyo a las emprendedoras, en la actual y futura economía digital. En plena transformación digital, la inserción de la mujer y la promoción del emprendimiento femenino en el sector tecnológico, son importantes desafíos en los que trabajar.

Pero además de esta urgencia, nos detenemos a continuación en otro emprendimiento femenino “por necesidad”, manifestado en los últimos años, y relacionado con las consecuencias de la pandemia. Un emprendimiento propiciado por el la aceleración del avance tecnológico producido en este tiempo, y por los retos a los que tuvieron que hacer frente las mujeres para desarrollar su carrera profesional en esta etapa en línea con las dificultades en la “conciliación” y los modelos socio familiares que continuamos arrastrando.

Más emprendedoras TIC

El Informe GEM España (2021-22), indica que ha surgido un nuevo perfil de emprendedora, que comienza a romper techos de cristal y a emprender más que los hombres.  Este informe señala un mayor emprendimiento y más femenino en España, hasta niveles anteriores a la crisis sanitaria, aumentando por primera vez el número de mujeres frente a los hombres que emprenden.  Además, en torno al 10% de las iniciativas emprendedoras son de nivel tecnológico medio-alto, la cuarta parte localizadas en el sector de servicios a empresas.

El Global Gender Gap Report del Foro Económico Mundial (WEF) de 2022 es otro de los trabajos que muestra que las mujeres están emprendiendo a un ritmo más alto que los hombres en España: en 2020, el porcentaje de mujeres que decidieron emprender creció en un 49% respecto a 2019, mientras que el porcentaje de hombres lo hizo en un 42%.

Los resultados de estos y otros estudios señalan que, a partir de la crisis, se aprecia que las mujeres emprenden más, y con la tecnología y las redes sociales como grandes aliadas. Se ven impulsadas a lanzarse a la aventura empresarial por distintos motivos, como el descenso de contratación por cuenta ajena, la destrucción de empleo en sectores con más presencia femenina, y la motivación de luchar por algo propio, la oportunidad de desarrollar una idea de negocio con ayuda de la tecnología.

En definitiva, las dificultades provocadas por el impacto económico de la pandemia, han provocado un aumento del emprendimiento femenino “por necesidad”. Muchas mujeres han encontrado en el emprendimiento una salida laboral más flexible, en la que compaginar su desarrollo profesional y familiar, en tiempos de crisis.

Menos mujeres en puestos de liderazgo

Sin embargo, no se pueden lanzar las campanas al vuelo, a pesar de los citados datos sobre emprendimiento femenino. La tubería de fugas sigue abierta en el sector TIC, dejando escapar el talento femenino y perdiendo profesionales que alcancen los puestos de liderazgo. Las mujeres TIC, a medida que escalan van reduciendo su presencia en número, y siguen siendo pocas las que llegan a ocupar puesto de decisión.

El ya mencionado Global Gender Gap Report del Foro Económico Mundial (WEF) de 2022, manifiesta que las mujeres representan en torno al treinta por ciento de los puestos de liderazgo a nivel mundial, y un 29% en España. A pesar de que ellas ocupan casi la mitad (48%) de los puestos en el nivel inicial, su representación va descendiendo conforme se va ascendiendo a niveles superiores. La mayor caída de representación femenina en las empresas se halla en los puestos de directoras (34%), vicepresidentas (26%) y CEOs y altas ejecutivas (24%).

Los factores son muy diversos: los estereotipos asociados al género, la brecha salarial, las dificultades en la conciliación…Si bien las mujeres acceden al mercado laboral y emprenden, conforme se acercan a los puestos de toma de decisiones, no se mantienen y consolidan, y son cada vez menos. Es decir, las brechas sociales producen una agudización de la brecha de género en el sector.

Flexibilidad laboral y diversidad

Queda mucho por hacer para propiciar la igualdad de género en todos los niveles profesionales, especialmente en el sector tecnológico. La contratación inclusiva, la adopción de políticas laborales más flexibles, los programas de promoción y movilidad interna o programas de concienciación sobre los sesgos de género, son solo algunas de esas medidas a adoptar por administración y empresas.

Especialmente, el teletrabajo o las jornadas con flexibilidad horaria, son tendencias que cada vez cobran mayor fuerza y resultan prioritarias para los y las profesionales. Porque tanto hombres como mujeres, valoran cada vez más el bienestar y la capacidad de compaginar su vida laboral y personal. Conciliar y una calidad de vida, son ya factores esenciales en la búsqueda de trabajo, constituyendo así un motivo para propiciar el emprendimiento.

Por tanto, en la cultura empresarial de la nueva sociedad digital, la flexibilidad y la diversidad, deben ser factores esenciales tanto para favorecer las ideas emprendedoras, como para crear equipos estables, eficientes y diversos.

En definitiva, las dificultades provocadas por el impacto económico de la pandemia, han provocado un aumento del emprendimiento femenino “por necesidad”. Muchas mujeres han encontrado en el emprendimiento una salida laboral más flexible, en la que compaginar su desarrollo profesional y familiar, en tiempos de crisis.