Militar profesional del Ejército del Aire, creó su Escuela de Pilotos de Drones “Alaire Pilotos”, como fruto de sus propias necesidades y de desarrollo personal y profesional. Blanca Vera, la primera mujer piloto de drones de Andalucía, llegó al sector para dar impulso al negocio y para conseguir con ello el objetivo de trabajar en su tierra y estar con su familia.

Se lanzó a su andadura emprendedora con miedos pero con convencimiento, hasta alcanzar sus actuales 23 delegaciones a nivel nacional en poco más de un año, con servicios de proyectos sociales, formación, y pretendiendo con todo ello devolver a la sociedad todo lo que aprendió en el ejército. Por ello, dispone de un departamento sin ánimo de lucro para colaborar con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y el 112, para la búsqueda y salvamento de las personas desaparecidas.

En tu historia hay mucho de alma y personalidad, por ello nos gustaría saber más de ti.

Un hobby: las motos, todo lo que tenga que ver con el motor y gasolina me encanta.

Un lugar: el campo.

Un libro: La Reina sin espejo.

Una película: La Teniente O’neill.

Un personaje: Hay dos personas, que nada tienen que ver la una con la otra, pero que son mis referentes y me encantan. Una es Clara Campoamor y la otra es Carmen Chacón. La primera porque es historia en el mundo de la mujer y del feminismo con su lucha incansable. Y Carmen lo es por un motivo muy sencillo… Yo era militar cuando veía a mis compañeras embarazadas con uniforme de hombre, incómodas y quejándose. Cuando ella entró de Ministra, lo primero que hizo es poner el uniforme de gestación, y a partir de ahí las mujeres militares empezamos a notar el cambio gracias al papel que había asumido como jefa y que estaba cumpliendo.

Una APP: iTunes

Una palabra que te defina: Alegría.

Blanca, nos hablas de una lucha propia por volver a tu tierra y poder compaginar tu vida profesional con la personal, y parece que lo pudiste hacer posible por la llegada a tu vida de las nuevas tecnologías y de ese nuevo sector y camino que se abrió con ello.

Siempre cuento que cuando llegué al ejército no tenía formación académica, aunque no he dejado de formarme y fui terminando todos los estudios por libre a la vez que trabajaba, pero a lo máximo de tecnologías que había llegado era al uso de un ordenador portátil. Todo lo que ha venido después ha sido de manera autodidacta, pero todo ha consistió en las ganas e ilusión que tenía al pensar que las nuevas tecnologías iban a acercarme a mi casa.

Y efectivamente así fue, y hoy en día soy una apasionada de las nuevas tecnologías.

Y con todo lo que nos cuentas, ¿Cuál era tu visión de las tecnologías cuando eras esa usuaria del portátil hasta hoy, que suponen un papel tan importante para tu profesión y vida?

Yo creo que la tecnología es fundamental. A veces oigo a padres hablando mal de ella porque la juventud está “enganchada”. Hay que entender que existe una evolución a la que tenemos que adaptarnos y que estas nuevas tecnologías nos facilitan mucho las cosas. Estamos ante una transformación muy positiva y las personas hoy en día, hombres y mujeres, trabajamos mejor y podemos abarcar y avanzar como sociedad gracias a que las tecnologías facilitan las tareas. Vivimos mejor gracias a ello, y por eso siento como una egresión cuando la gente no quiere realizar esta adaptación… ¿Cómo sería nuestra vida hoy sin un teléfono móvil?

Y entonces ¿Crees que es importante trabajar en la necesidad de que la juventud de esta nueva era se forme en competencias tecnológicas al margen de que estudien una carrera técnica o no?

Sin lugar a dudas, considero que es tan fundamental ya formarse en aspectos tecnológicos como en idiomas. Cada vez son más necesarios los dispositivos y nos facilitan más la vida… Una vida en la que cada vez corremos y llevamos más prisa. Debe haber de todo y, por ejemplo, en la niñez también tienen que estar presentes los juegos tradicionales, que son fantásticos y necesarios.

Se trata pues de educar en los usos para saber vivir con esas ventajas que las estas herramientas y aplicaciones nos aportan.

Nos has comentado una anécdota sobre el papel de la mujer en tu anterior profesión de militar, una perspectiva interesante porque al igual que con el Sector TIC, estamos hablando de mundos tradicionalmente masculinizados profesionalmente. ¿Cómo ves el papel de la mujer en este sector?

Yo digo que no es fácil, porque “no hay palabra mal dicha sino mal interpretada”… pero yo me he encontrado con llegar a cursos de pilotaje de drones, que por cierto era una clase llena de chicos, donde me han preguntado cuándo llegaba el instructor… E intentamos ponernos una coraza, pero lo cierto es que a mí me dolió, porque existe esa barrera aún y además en entornos de gente joven, lo que impacta mucho.

Es cierto que se va trabajando en ello y, gracias a que hay muchas compañeras que ponen límites a esta serie de personas, se ve un cambio. Pero es una lucha constante y diaria que hay que continuar.

¿Nos podrías dar un número de mujeres y hombres en tu entorno profesional?

Pues en porcentaje estoy segura que no hay más de un 8% de mujeres. Pero tenemos que tener en cuenta que hay profesiones como la fotografía que se están uniendo a nosotros debido a las utilidades y plataformas que se le añaden al dron, por lo que realmente en pilotaje hay muy pocas las mujeres.

¿Y cuál consideras que puede ser el principal motivo de obstáculo que se puede encontrar una mujer que quiera dedicarse a esto?

El principal obstáculo es nuestro, pensar que no podemos. He participado en el día de la mujer en jornadas de sensibilización y en otras jornadas aeronáuticas, y hemos observado que las mujeres en principio se retraen, con ideas preconcebidas y erróneas de que no van a saber o que eso no es para ellas. Luego cuando cogen el mando y ven que es muy fácil, se dan cuenta de que es una barrera mental. Hay que superar esta barrera sobre todo con respecto a la dificultad de manejar las nuevas tecnologías.

Voy a dar un dato para que se muestre la asociación de ideas que la sociedad realiza.  Hay un dron que es una muñeca de Star Wars y para el mismo producto, cuando padres se me acercaban a contarme que lo iban a comprar para reyes, si era para un hijo me decían el dron y si era para una hija me decían “la muñeca que vuela”. Hasta en eso, tenemos como ese complejo las mujeres, desde pequeñas.

Yo puedo contar que mi fracaso escolar se debió a que sufrí Bulling en el colegio porque siempre me gustó jugar a cosas y con cosas “distintas”… y distintas porque no eran las típicas de niña según lo que se entendía que debía ser. Por ello, lo que le diría a los padres y madres es que un dron lo puede usar cualquier persona, y que no les pongan esa barrera a su hija.

Nos hablas de roles, estereotipos e idearios de la infancia que marcan, ¿Piensas que luego esos mismos se trasladan a otras etapas de la vida y pueden determinar por ejemplo el desarrollo profesional de la mujer en el sector TIC?

Cuando eres mujer y haces algo diferente, te miran de forma diferente. Si hay un grupo de cincuenta hombres y solo una mujer, evidentemente esa mujer despunta. Cuando era pequeña que no tenía esa conciencia pues me dolía y lloraba, pero ahora lo puedo girar a mi favor y hacer lo que quiero. El ejército, las motos, las tecnologías… porque independientemente de las barreras y de lo que nos encontramos por el camino creo que las ilusiones y los sueños, si van por encima de todo eso, se acaban consiguiendo.

¿Qué consejo le darías entonces a las mujeres que han pasado por lo mismo o algo similar que tú para que sigan adelante?

Pues haciendo alusión a la canción de Manuel Carrasco, el consejo que les daría es que no dejen de ser una misma en cualquier parte. ¿Cómo nos van a quitar nuestra esencia? ¿Cómo voy a ser de otra manera si soy yo?

Mis padres no me regalaron el balón para jugar al fútbol, pero yo llegaba al colegio y me ponía a jugar con el de los niños, lo buscaba y lo conseguía.

Entonces es una lucha de cada una por así decirlo, pero también de todos y todas. Blanca, ¿Estamos avanzando en la consecución de una igualdad de género real en el sector TIC?

Sí, porque cada vez somos más las personas que nos sumamos a la lucha y buscamos ser más visibles… eso sí, siempre tenemos que estar demostrando. Personalmente creo que donde un hombre puntúa un 5, nosotras tenemos que llegar a un 10. Lo he sentido tanto en mi vida militar como ahora.

También es cierto que cuando nos conocen y ven nuestro trabajo y resultados, sí apuestan fuerte por nosotras. Pero si no has demostrado no eres nadie y con un hombre es distinto porque se le da la oportunidad dándose por hecho que sabe. Al menos es lo que yo siento trabajando en este sector.

¿Qué hay que hacer por parte de las empresas para impulsar esta igualdad de género?

Ahora que soy empresaria y he participado en procesos de selección, teniendo los currículums en mis manos… es complicado. Y como mujer me indigna y me duele, porque escuchas de compañeros que el ser mujer joven es un hándicap por la posibilidad de que se quede embarazada.

Hay que darle oportunidades a las personas y a las mujeres, que podemos aportar mucho valor añadido a las empresas porque si “te sientes pequeñita” y te dan una oportunidad, te empoderas y trabajas como la que más para ser la mejor. No hay nada más productivo que una persona induccionada y con ganas.

Y sobre la conciliación en el sector TIC, en el que disponemos de nuevos espacios y herramientas que lo hacen especialmente favorable, ¿Qué destacarías que falta por hacer?

Es complicado, para mí no ha sido fácil, pero esto depende del nivel de la empresa y organizaciones. En el sector TIC es fundamental avanzar en conciliación, porque además puede abrir camino. Pero queda mucho por hacer.

¿Puedes hablarnos de alguna persona que fuera referente para ti por su relación directa contigo a lo largo de tu vida?

Una cuñada mía, Carmen Benítez, que es psicoterapeuta con un centro bastante importante en Madrid. Ella fue quien me apoyó y me dio el dinero para que pudiera volar y emprender. Y emprender no es fácil, pero me acompañó en todo momento tanto económica como moralmente y en todo lo que estuvo a su alcance. También me asesoraba y por ello para mi es una referente en toda regla, a la que sigo consultando y a la que solo me hace falta decirle una palabra para saber de qué estamos hablando.

Nos has contado la historia de cuando jugabas al fútbol en el colegio en una época en la que era “un deporte de niños”. Quizás podríamos ver una semejanza con las competencias TIC hoy en día, en el aspecto de la necesidad de coeducar en igualdad desde la infancia. ¿Qué ideas se precisan implementar a nivel formativo en este sentido?

Nuestra empresa hace talleres en colegios de primaria donde el alumnado llega a pilotar los drones de forma real. Pues bien, tenemos la anécdota de que hacemos grupos mixtos donde alguien pilota y la otra persona observa y, cuando preguntamos quién va a pilotar, es el niño el que da el paso adelante y la niña pretende comenzar de observadora. Como nuestra intención es cambiar esta tendencia, ya lo que hacemos es que directamente le ponemos el gorro de piloto a ella, y nos encanta cuando terminan y preguntan “Maestra, ¿Ya soy piloto? Porque lo han visto como una posibilidad real, y porque estos pequeños movimientos son los que la van a hacer grande.

En cuanto al símil con el fútbol, recuerdo de pequeña que llegué a jugar en un equipo pero suplantando una identidad de niño, con un nombre de chico. Lo pienso ahora y me pregunto cómo es posible… Es importante que las niñas tengan su propia identidad cuando desarrollen sus pasiones.

Os cuento una curiosidad. Yo me fui a vivir a otro pueblo, y  el equipo de los chicos del pueblo de mi pueblo natal me han llamado para que mi empresa patrocine su equipo. Ese equipo que no me dejaba jugar y que se reían de mí, a día de hoy me pide que vaya con mi dron a patrocinarlos. Y esto es gracias a lo que he conseguido con mi “rebeldía” y gracias a encontrar mi sitio con las nuevas tecnologías. Y con esto solo pretendo dar un mensaje: a mí me pasó, pero lo importante es que ya no le pase a otras niñas.

¿Alguna idea que te gustaría añadir?

El sector TIC y el mundo de los drones me han posibilitado mucho más que una profesión, ha trascendido a lo personal. En concreto, tengo un proyecto muy especial. Mi abuela emigró hace 50 años a Barcelona, tiene 96 años y ya no puede venir a Huelva, tiene Alzheimer y cada vez que habla es de su tierra y de la playa. Hemos desarrollado un proyecto de realidad virtual 360º a través de imágenes aéreas con drones, para poder llevarle Huelva a Barcelona a través de gafas de realidad virtual.

Esto para mi es mucho más, proyectos de acción social que aportan el valor diferencial y de sensibilidad que nacen de necesidades reales, y creo que son posibles gracias a la otra perspectiva que las mujeres aportamos al sector. Éste es el “proyecto de mi abuela” pero pretendo llevarlo a hospitales y a otras personas, para poder hacer de este mundo un lugar mejor gracias a todas las posibilidades que las tecnologías nos ofrecen.