Lorena Fernandez es actualmente directora de identidad digital de la Universidad de Deusto. Es miembro del Consejo de las artes y la cultura de la Diputación Foral de Gipuzkoa. Colabora en el programa de radio “Hoy por Hoy Bilbao” de la Cadena SER desde 2009 con una sección sobre nuevas tecnologías. Además, forma parte del comité científico y organizativo del premio Ada Byron a la mujer tecnóloga y es mentora en InspiraSTEAM, un proyecto que busca el fomento de la vocación científico-tecnológica entre las niñas.

Creativa y apasionada, es también miembro del grupo Doce Miradas, gente con sueños que imagina una sociedad diferente y reclama un espacio común para mujeres y hombres que sea más justo y equilibrado.

Antes de empezar, nos gustaría descubrir quién eres y cuales son tus gustos. Por lo tanto, rápidamente y sin pensarlo mucho, ¿podrías describirnos?…

Un hobby: la fotografía

Un lugar: mi pueblo … (…)

Un libro: cualquiera de Philip K. Dick

Una película: Little Miss Sunshine

Un personaje: Grace Murray Hooper, con su “Mejor pedir perdón que pedir permiso”.

Una APP: Spotify

Una palabra que te defina: constancia.

Estudiaste Ingeniería informática. ¿Cómo llegaste a elegir esta carrera?

En realidad, no fue por vocación. Quería hacer Bellas Artes, pero en mi casa no cuajo mucho la idea. Al final, elegí estudiar la carrera de ingeniería informática, con el apoyo de mi familia. Pensándolo bien, en su momento me decanté por esta especialización porque me gustaba mucho la cacharrería. Abría todos los dispositivos de mis padres para ver las tripas que tenían y hacía pruebas para ver si podían funcionar sin alguna pieza…

También ha habido juguetes que me han marcado, como es el caso del mecano. Creo que de manera inconsciente me llevó a la ingeniería.

Por otra parte, quería trabajar con máquinas, y no con personas. Las maquinas son deterministas, sin margen de error. Pero cuando acabas la carrera descubres que detrás de cada máquina hay una persona totalmente indeterminista y que realmente es lo divertido de la vida. Diseñar, crear para ellas y relacionarte.

Escuchando tu respuesta, parece evidente tu relación con la parte más creativa de las STEAM. De hecho, en tus ponencias haces referencia a la creatividad como elemento indisociable de las carreras científicas y tecnológicas…

Cuando empecé la carrera, una de las asignaturas que más me apasionaba era la programación, porque me di cuenta que a través del código también se puede hacer poesía. Te sonará un poco extraño, pero en la Universidad teníamos concursos de “programación ofuscada” o de hacer el código más bello y más bonito. En fin, a veces hay disciplinas que parecen totalmente disjuntas pero es muy importante incorporar las artes dentro de lo que denominamos como “STEAM” para fomentar las vocaciones científico-tecnológicas entre las niñas y los niños.

En función de tu experiencia, animarías a las y los jóvenes a estudiar una carrera científico-tecnológica?

Por supuesto. El día que me prohibieron estudiar Bellas Artes, fue uno de los hechos que más ha cambiado mi vida, y del que “más me alegro”. Lo que me ha aportado la ingeniería me apasiona.  Es un mundo cambiante, novedoso, a través del cual tienes la certeza de que puedes transformar la vida de las personas. Para mi el futuro es la hibridación de varias disciplinas y creo que las tecnologías ofrecen la posibilidad de acercar ciencias y letras.

Mis compañeras me dicen que soy una “ingeniera humanista”. No sé muy bien lo que quieren decir… Pero lo cierto es que no encajo en un único cajón. En el mundo web 2.0, te puedes poner un montón de etiquetas que van sumando, sin anularse las unas a las otras.

Al acabar la carrera, las chicas que han estudiado STEAM encuentran problemas para incorporarse en el mundo laboral. ¿Desde tu experiencia personal, y como investigadora, como percibes el  papel de las mujeres en el sector TIC? ¿Cuáles son los principales obstáculos a los que se enfrentan para desarrollarse en el sector?

Obviamente para mi es crucial que las mujeres estemos también en el sector TIC y contribuyamos a la diversidad de miradas. Una línea de código puede cambiar el mundo… los elementos como los algoritmos, que nos impactan en nuestro día día, deben reflejar la diversidad.

La situación actual no es halagüeña y cuando sales de la carrera aunque piensas que te vas a encontrar en igualdad de condiciones, existen elementos imperceptibles que afectan a tu ámbito profesional.

Por ejemplo, cuando terminé la carrera de informática, me decanté por la administración de sistemas. Probablemente dentro de todas las posibilidades que ofrece la ingeniería informática es todavía el puesto que menos se asocia a las mujeres. En mi primer día de trabajo, me comentó mi compañero que teníamos que ir a un armario de red… que se encontraba en el baño de los caballeros…. Quedó claro que nadie se había imaginado nunca encontrar a una mujer en este ámbito.

Estas cosas imperceptibles, o a veces, los sesgos que intervienen a la hora de solicitar un aumento de sueldo o un puesto, influyen diariamente en la integración de la mujer en el sector. Existen muchos estudios sobre el tema.

A esos factores externos, hay que sumar otros factores internos, como el síndrome de la impostora. Cuando llegan oportunidades de visibilidad es muy común empezar con dudas del tipo “y si no estoy a la altura.. y si soy un engaño, si esto yo no me lo merezco”; son luchas constantes y diarias.

¿Algún consejo para las mujeres TIC?

Qué no tengan miedo a dar el paso. Cuando se les presente una oportunidad, que no les afecte el síndrome de la impostora. Son merecedoras de sus éxitos. En sus manos está la capacidad de cambiar el mundo porque podemos hacer grandes cosas desde todos los ámbitos.  Hay que atreverse a soñar.

A lo largo del camino profesional, solemos tener mentores que nos inspiran. ¿Has tenido algún referente  femenino que te inspirara o guiara particularmente? 

En cada etapa educativa he tenido a docentes que me han influido enormemente. Para la ingeniería, fue mi profesora de química del instituto. Se llamaba Mariel. Tengo un recuerdo increíble de ella y de cómo nos animaba. Representaba este tipo de espejo que te permite proyectarte y decir “yo soy capaz de ser esto”.

Hemos visto que los estereotipos en materia de género y TIC existen. ¿Crees que estamos mejorando en este aspecto, has percibido algún cambio en este sentido?

Yo soy optimista. Es verdad que estamos rodeados y rodeadas de estereotipos que afectan tanto a los chicos como a las chicas STEAM, haciendo un flaco favor a la vocación en este ámbito. Pero creo que cada vez somos más conscientes de que existen, lo que nos permite identificarlos mejor.  Por ejemplo, la gente ya denuncia los anuncios de juguetes cuando estima que son sexistas.

Estamos dando pasitos en la carrera para la igualdad. Quedan muchísimos por dar, pero es una carrera de fondo.

¿Tienes alguna anécdota sobre estereotipos?

De cierta manera, si. En el marco del programa Inspira STEAM, que llevamos a cabo con niñas, pasa algo que me llama la atención y me emociona. Al principio, les pides dibujar una persona que trabaja en STEAM. Aparecen dibujos del típico inventor loco, con los pelos desordenados, tipo Einstein. Al final, después de haber trabajado con ellas, se repite la experiencia. Y te sorprende ver que de repente te dibujan a ti. Ha cambiado su percepción y ha caído un estereotipo. Es muy emocionante, y un momento mágico de conexión con ellas.

¿Qué les dirías a las empresas del sector para que impulsaran acciones?

Si realmente quieren que su organización tenga un impacto en el ámbito en el que está inserta, obviamente tienen que contar con la diversidad de miradas en sus equipos.

Y para acabar, ¿Qué mensaje les quieres transmitir a los y las jóvenes?

Qué se quiten el miedo a las ciencias y tecnologías. Con las posibilidades que ofrecen las STEAM y la creatividad  que requieren, son carreras que se disfrutan enormemente; ya no solo estudiándolas, sino ejerciéndolas profesionalmente.

El día que elegí ingeniería fue uno de los días más felices de mi vida, o por lo menos así me lo está devolviendo mi carrera profesional. No hay ni un solo día en el que diga: “qué aburrimiento mi trabajo” . ¡Es apasionante!