Todo en la vida se consigue con esfuerzo. Bajo esta filosofía de vida, Melissa García Caballero atesora una magnífica trayectoria profesional pese a su juventud, y una prometedora carrera como científica e investigadora. Bióloga vocacional, es una apasionada por descubrir el porqué de las cosas, y por hallar soluciones a los nuevos retos de la sociedad. Todo ello, para avanzar con ayuda de la ciencia y la tecnología, al servicio de las personas y de la igualdad.

  • Un hobby: viajar y estar con mi familia.
  • Un lugar: caminar por la playa de Málaga, y visitar la Grand-Place de Bruselas.
  • Un libro: “El Principito”, aunque lo que más leo son artículos científicos, para estar muy al día de nuevos avances y descubrimientos. Para ello, sigo grupos de interés y recibo en el móvil notificaciones cuando se publican artículos o se ponen en marcha nuevos proyectos.
  • Una película: Avatar, por esa mezcla de humanos, genética, seres híbridos, inteligencia artificial… Esa conexión de naturaleza híbrida, digital y humana, me gustó mucho.
  • Un personaje: Marie Curie. Estuve en su casa en Varsovia y fue apasionante la visita a su museo. Y Rosalind Franklin, por su contribución a la definición de la estructura del ADN.
  • Una app: Google Calendar. La utilizo a diario para organizar mis días. Lo apunto todo y me resulta muy práctica.
  • Una palabra que te defina: curiosidad.

¿Cómo ha sido tu trayectoria hasta llegar a tu puesto actual, y qué te llevó a elegir una carrera STEM?

Lo mío es vocación, desde pequeña tenía a mi familia un poco loca preguntándole acerca de virus, bacterias…Siempre pedía juguetes como microscopios, juegos sobre el cuerpo humano…Tenía muy claro que la biología era mi asignatura favorita y que quería investigar, que era mi objetivo final. Quería dar respuestas y soluciones a las preguntas que tuviera en mi cabeza.
Estudié Biología y después hice un Máster, y comencé mi tesis doctoral en el Departamento de Biología Molecular y Bioquímica de la Universidad de Málaga. Y, después de 5 años, obtuve una beca Marie Curie para realizar una estancia postdoctoral en el extranjero, implementar mi formación y crecer como profesional. Decidí irme al GIGA-Cancer de la Uuniversidad de Lieja, en Bélgica, donde estuve dos años y medio. Y después inicié una segunda estancia postdoctoral en el laboratorio del Profesor Peter Carmeliet, un líder mundial en el área de la angiogénesis, metabolismo y cáncer.
Tras cuatro años y medio, y ya con ganas de formar mi grupo de investigación independiente en España, obtuve un contrato del programa de atracción de talento Beatriz Galindo del Ministerio. Una iniciativa novedosa que me permitió volver a la Universidad de Málaga, donde estoy desde hace año y medio como profesora e investigadora. Imparto biomoléculas, bioquímica farmacológica y bioquímica, investigo y dirijo la tesis doctoral de jóvenes que se están iniciando en su carrera investigadora.

¿Cómo ha cambiado la relación entre biología y tecnología antes y después de la pandemia, y cómo lo has vivido?

Antes de la pandemia yo ya estaba bastante familiarizada con áreas como el Big Data, Análisis de Datos, soporte informático…Ya me había enfrentado al uso de la tecnología para la gestión de datos, por lo que no nos ha sorprendido. La relación con la tecnología ha impactado más en áreas que la veían más de lejos, o no le habían dado tanta importancia, y ahora han visto la necesidad y han aprovechado el momento. De hecho, ha habido mucha formación, se han generalizado las videoconferencias…porque necesitamos avanzar y seguir trabajando en conexión. Esa conexión, a través de la tecnología, nos ha facilitado la vida en las circunstancias tan difíciles que hemos vivido. En nuestro caso, nos ha favorecido, pero no ha cambiado nuestro paradigma de trabajo. Ha corroborado lo que ya sabíamos, que nuestro trabajo va unido a ese desarrollo tecnológico y apoyado en el soporte técnico que necesitamos en nuestra área de conocimiento.

¿Cómo ha cambiado tu visión de la tecnología como profesional?

Ha cambiado muchísimo. Cuando empecé como alumna ni tenía ordenador ni estaba familiarizada con Internet. Era algo solo para profesionales dedicados a ese sector concreto. Yo era usuaria diaria de la biblioteca, y trasladaba todos los días libros muy pesados, para completar mis apuntes en casa. Era todo en papel, y en el transcurso de mi carrera me compré mi primer ordenador, y el propio profesorado comenzó a animarnos a buscar en bases de datos. Se produjo el boom de buscar todo en la red, usar software específicos, etc. Yo he vivido esa transición tecnológica que fue bastante drástica, ya que pasamos de no tener ordenador, a encontrarlo todo online, y además, necesitábamos enfrentarnos a programas/software concretos. De repente todo estaba disponible, podía obtener toda la información que deseaba. Y a lo largo de mi formación y durante la tesis, ya sí que estaba familiarizada con el uso de tablets, ordenadores etc.

Tecnologías disruptivas como el Big Data o la Inteligencia Artificial, han revolucionado una profesión como la tuya, ¿no es así?

Va unido a nuestro día a día. No podemos afrontar la cantidad de datos que generamos. Trabajamos con repositorios que nos permiten acceder y compartir datos, software de análisis de datos…Son unas herramientas tecnológicas más que útiles, son necesarias para poder organizar la cantidad de datos que tenemos y generamos cada día.

¿Qué importancia tiene que la juventud se forme en competencias tecnológicas o técnicas al margen de la carrera que luego elijan?

Es necesario que, tanto a nivel profesional como personal, la juventud tenga una formación tecnológica básica. La propia sociedad te fuerza a que adquieras unos conocimientos mínimos. A día de hoy, al tener tanta información online disponible, la juventud es consciente de que necesitan un dominio básico en esa área. Nosotros tuvimos que vivir esa transición, y quizás, nos costó más subirnos a este carro de la revolución tecnológica. Las personas jóvenes ya están inmersas en esa tecnología y la asimilan mejor. Tienen que aprovechar eso. Ya en estos momentos y en los próximos años, no saber manejarse en Internet o no tener unos conocimientos técnicos mínimo, es como ser analfabeto, en este caso tecnológico o digital.

Tradicionalmente en el sector de la salud, sí que ha habido una alta presencia femenina. ¿Cuál ha sido tu experiencia al respecto?

En mi caso, en el instituto había más chicas que chicos en mi ámbito de estudio. Durante la carrera había más igualdad, pero había una importante representación femenina, e igual durante la tesis y postdoctorado. Había cuatro chicas por cada chico.

Según mi experiencia, donde empieza esa brecha de género es cuando tenemos que acceder a cargos de dirección más importantes. En mi sector, los cargos con mayor responsabilidad, los ocupan hombres. Lo muestra la estadística, y te das cuenta cuando mantienes reuniones con altos cargos y directivos a nivel internacional.

La meritocracia tiene el hándicap de la conciliación en el caso de la mujer. ¿Has sentido o vivido dificultades en cuanto a igualdad de oportunidades en este sentido?

Pienso que la meritocracia es un sistema acertado, en cuanto al proceso que evalúa a todas las personas por igual, por nuestros méritos y sin sesgos. Pero en cuanto al tema de la conciliación, esa meritocracia se dificulta por el tema de la maternidad. Tenemos que conseguir las cosas por nuestros méritos, pero sí que hay un gap en nuestra carrera por temas familiares y de maternidad, y creo que se está evolucionando positivamente en cuanto a la flexibilidad y facilidades que se le están ofreciendo a las mujeres profesionales.

Se tiene que contemplar de alguna manera y a través de medidas para que las mujeres no retrasen su evolución profesional. Creo en la meritocracia, porque lo que se busca son personas válidas, ya sea hombre o mujer. Pero hay que tener sensibilidad en el cuidado de cargas familiares, la maternidad, etc.

La igualdad de oportunidades garantiza una diversidad de perspectivas. ¿Qué importancia tiene en el diseño de proyectos en tu ámbito de trabajo?

Es necesario, no lo contemplo de otra manera. De partida, se necesita esa diversidad de perspectivas y esa igualdad de género. En los proyectos lo tenemos que indicar en las contrataciones que se realizan para que estén equiparadas, dentro de las limitaciones que pueda haber por sus perfiles, y para velar por la igualdad de género.

¿Qué ventajas ofrece el sector TIC y las herramientas tecnológicas para mejorar el día a día de tu profesión?

A mí personalmente el tema de las TIC me ha facilitado mucho la vida durante la pandemia, en la que estuve muy conectada, trabajando desde mi habitación con personas compañeras de trabajo o colaboradoras. Sin esa conexión y esos cursos, hubiera sido más difícil la situación.

Y actualmente, sigo diariamente conectada desde la Universidad de Málaga con personas colaboradoras de desde distintas partes del mundo, tanto por videollamada como mediante el uso de plataformas y nubes virtuales donde compartimos documentos y datos. Trabajo de forma simultánea con gente que está muy lejos, gracias a la tecnología.

Hay una falta de talento y vocaciones STEM, más acusada entre las chicas. No se está formando el personal necesario para cubrir los puestos de trabajo que se van a crear el día de mañana. ¿Ocurre esto en biología?

El problema en mi área está en la financiación, en tener soporte presupuestario. En cuanto a talento, en concreto en España hay muchísimo. Desgraciadamente, muchos investigadores e investigadoras tenemos que marcharnos al extranjero, donde se nos aprecia mucho, y somos como un prototipo a seguir: personas inteligentes, creativas, simpáticas, cercanas…así es como nos ven desde fuera. Aquí hay gente muy valiosa, pero tenemos recursos limitados y lamentablemente deben irse fuera para buscar condiciones mejores. Parece que en este aspecto el sistema está mejorando, pero nos queda camino que recorrer para ponernos al nivel de otros países europeos.

Esa conexión de la tecnología con las profesiones, ¿existe una tendencia hacia que los equipos sean cada vez más multidisciplinares e incorporen diversos perfiles?

Efectivamente, es un plus a nuestro favor la multidisciplinariedad, porque das un enfoque más diverso y esto enriquece mucho la investigación. Depende mucho de la temática de trabajo y la naturaleza de cada proyecto de investigación, pero me arriesgo a decir que en nuestra área la multidisciplinariedad está muy cotizada, porque se necesitan muchos enfoques diferentes y unir la experiencia de distintos profesionales. El reduccionismo no siempre funciona. Lo ideal es la integración de distintas disciplinas para conseguir resultados novedosos y originales.

¿Has tenido algún referente que te haya inspirado o ayudado a ser la mujer que eres a día de hoy?

Cualquier persona que me haya enseñado algo, yo ya la considero un referente. Muchas personas, desde mis profesoras de instituto de biología, porque me llamaba la atención y me apasionaba lo que me contaban; a mis compañeras de la tesis o postdoctorado, de las que también he podido aprender. Cuando alguien te demuestra que sabe de algo y te aporta algo nuevo, está enriqueciendo tu conocimiento, te está transmitiendo. Por ello tengo muchos referentes tanto hombres como mujeres. Como el supervisor de mi posdoctorado, una persona brillante, ejemplo de liderazgo, que me ha dado siempre libertad para desarrollar mis proyectos. Es un modelo en el que me gustaría verme reflejada, y copiar esa forma de gestionar y hacer ciencia. Otros referentes, muchas de ellas mujeres, y entre ellas, la mayor mi madre.

¿Hacen faltan mujeres referentes en el ámbito de la ciencia que den a conocer estas profesiones e inspiran a las chicas a dedicarse a estas carreras?

Mujeres referentes hay muchas, lo que falta es darles visibilidad. Hay muchas mujeres que han hecho cosas impresionantes en la Ciencia, como por ejemplo Mari Curie, quién recibió un doble Premio Nobel, primero en Física y más tarde en Química. Es cierto que a veces ha faltado visibilidad, o han permanecido ocultas, pero siempre ha habido muchas mujeres brillantes.

¿Qué importante es humanizar la tecnología y la ciencia para conseguir contribuir la sociedad? ¿Cómo lo vives desde tu profesión y qué suponen los numerosos reconocimientos que has recibido?

Yo trabajo por vocación, por curiosidad, por saber por qué ocurren las cosas. Me apasiona tener una hipótesis de trabajo y validarla, o encontrarme justo lo contrario tras la investigación. En la práctica ocurre esto. Además, es apasionante darle vueltas a lo que obtienes en los experimentos para intentar buscar una explicación. Es muy gratificante ver cómo de una pregunta inicial, nos van surgiendo otras preguntas secundarias que tenemos que ir resolviendo. Para ello, hay que estar muy actualizado y llevarlo todo muy al día, es una carrera de fondo. Hay gente que lo vive más vocacional como en mi caso, y otras personas que lo ven más como un trabajo.

Los proyectos están encaminados a cubrir las necesidades de una sociedad: biomedicina, sostenibilidad, enfermedades neurodegenerativas, etc…es importante buscar en cada proyecto la mejora de la sociedad o el desarrollo positivo. El objetivo final siempre es eso, que con nuestro esfuerzo se consiga una mejora en la sociedad.

¿Qué les dirías a la juventud que está planteándose optar por una carrera como la tuya?

Yo les diría que el futuro es de ellos y ellas, y que deben elegir aquello que les apasione. La pasión es lo que te mueve y lo que te hace brillante. Deben desvelar sus habilidades, descubrir en qué pueden ser más válidos y disfrutar de lo que hacen. Les animo a que se conozcan y cuando sepan a donde quieren llegar, que vayan a por ello. Y que no se encorseten en ningún prototipo o estereotipos de género relacionados con un tipo de estudio u otro, porque esto si que no lleva a ningún sitio.