La educación y la tecnología son las pasiones que mueven a Sara Galisteo. No tuvo miedo de niña a cacharrear con sus juguetes, ni a equivocarse cuando eligió seguir su vocación por la electrónica. Un ejemplo y un mensaje que lanza hoy a sus estudiantes. No hay que temer enfrentarse a lo difícil, a romper con los estereotipos que ella misma vivió a lo largo de su carrera profesional y que, lucha por derribar enseñando a las chicas que la ciencia y la tecnología no tienen género y que también son para ellas.

 

¿Cuál ha sido tu  trayectoria? ¿Cómo has llegado a donde estás ahora mismo?

Estudié Ingeniería Electrónica Industrial y cuando terminé estábamos en plena crisis económica. Como no encontraba trabajo, comencé a desarrollar mi amor por la docencia en varias academias y en la mía propia, para finalmente marcharme un año a Polonia donde comencé mi carrera laboral como ingeniera, participando en un proyecto de Nokia. Cuando regresé las cosas estaban un poco mejor en España y pude trabajar en Siemens para el sector de automatización, y posteriormente en una empresa de Sevilla para proyectos internacionales del mismo campo. Después decidí por varias cuestiones personales dar un giro a mi carrera, y me decanté por utilizar toda esta experiencia y conocimientos en el mundo de la educación. Estudié el master de educación y poco después encontré cumplido otro sueño, trabajando en mi querida academia, dando comienzo a mi época laboral donde trabajar se ha convertido en un auténtico disfrute. Actualmente llevo más de 5 años trabajando en la academia How I Learned Code donde enseño electrónica, robótica y programación, principalmente a jóvenes valientes a partir de los 7 años, así como a educadores.

Para conocerte más a nivel personal, te planteamos las siguientes preguntas cortas:

Un hobby. Sin duda bailar. Practico danza del vientre desde hace años.

Un lugar. La Amazonia. Estuve haciendo un voluntariado educativo en Ecuador y tuve la oportunidad de convivir más de un mes con una tribu indígena. Lo natural es como una bocanada de aire fresco, conocer otras culturas y cosas de ti misma que no sabías. Este viaje me marcó y cambió mi forma de ver el mundo.

Un libro. “Momo” de Michael Ende. Fue el primer libro largo que me leí cuando era pequeña. La protagonista es una niña con una perspectiva diferente del mundo, un poco especial y con un superpoder: sabe escuchar y observar. Hay unos hombres grises que le intentan dar cosas para ganar más tiempo pero en verdad se lo roban. Yo los asemejo a muchos de los aparatos que tenemos hoy en día, que son un arma de doble filo y te absorben el tiempo.

Una película. “La vida es bella”. Su actor y director Roberto Benigni me gusta mucho, cuenta historias bastante intensas y duras pero con un trasfondo positivo. Es capaz de lanzar mensajes alegres desde historias trágicas.

Un personaje. Grace Murray Hooper, la mujer que creó el primer lenguaje de programación complejo. Lo utilizo mucho en los talleres de programación con jóvenes. Es el primer referente femenino más allá de Marie Curie que reciben normalmente mis estudiantes.

Una App. Spotify. Es la que más uso, la llevo a todas partes mientras hago cosas en casa o para bailar.

Una palabra que te defina. La pasión. Hacer las cosas de forma mediocre me parece aburrido, me parece vivir a medias, mejor hacerlas lo más apasionadamente posible.

¿Cómo surgió en ti la vocación por estudiar la carrera de ingeniería?

Desde pequeña siempre me ha gustado curiosear y destripar los juguetes y cacharros para ver que tenía todo aquello por dentro, me parecía como magia y tenía que saber donde estaba el truco. Recuerdo de niña que el reproductor de VHS dejó de funcionar, y sin miedo ni preguntar lo abrí. Por el hecho de desmontarlo y limpiar cada pieza, ver que todo estaba bien y ponerlo de nuevo en su sitio, hice que volviera a funcionar. Posteriormente descubrí que lo que había hecho principalmente era limpiar los cabezales, y aquello me dio una satisfacción enorme, más allá de otros juguetes. Esa curiosidad ligada a mi tenacidad por encontrar respuestas y el incondicional apoyo de mi familia, me fue conduciendo poco a poco a estudiar ingeniería electrónica.

Es cierto que nadie encaja 100% en un perfil, todos tenemos diferentes inquietudes y pasiones. Pasó por mi cabeza estudiar desde química a peluquería, pero tras ver lo que me gustaba y debatirlo con mi familia finalmente me decidí por la electrónica. Viendo lo que me ha llevado a ser y a hacer aquella decisión, la volvería a tomar un millón de veces más.

Desde esa niña que abrió por primera un aparato electrónico a la mujer de hoy ¿En qué ha cambiado tu visión de la tecnología?

He pasado de hacerme muchas preguntas a tener respuestas y saber como encontrarlas por mi misma. De cuestionarme qué es lo que hace funcionar un aparato, a entenderlo y seguir constantemente creciendo, porque la tecnología avanza por segundos y afortunadamente nunca se termina de aprender. Es una respuesta pero a la vez muchas preguntas más. Mi visión sobre la tecnología ha cambiado pero quizás no tanto, porque tengo las herramientas y puedo aplicar mis conocimientos a dar soluciones a problemas o a desarrollar mi creatividad, pero sigo haciéndome preguntas que me hacen sentir muy viva y sobretodo, aprendiendo mucho.

Las denominadas profesiones del futuro ya son un presente, y es muy importante que la mujer no solo sea una usuaria sino forme parte de ellas. ¿Cuál es tu visión sobre la importancia de avanzar en la igualdad de género dentro de ese futuro TIC?

El mundo actual, ya en el presente, se define gracias a la ciencia y la tecnología. Y con la brecha de género que hay en este sector, se está definiendo toda una sociedad contando prácticamente solo con un 50% de la población, y nos perdemos el talento y el punto de vista que podría aportar el otro 50%, es decir, nos perdemos el talento de millones de mujeres que no alcanzan a atreverse a dedicarse al mundo de la ciencia y la tecnología. En sus cabezas y corazones está guardada la creatividad y las habilidades que puede que el mundo necesite para conseguir ciertas soluciones. Me parece fundamental seguir luchando para derribar muros y abrir mentes y reducir al máximo esa brecha, y en ello estoy.

¿Qué barreras crees que obstaculizan ese avance en las diferentes etapas de la mujer: como niñas, adolescentes y profesionales TIC?

Actualmente, creo que se dedican muchos esfuerzos educativos para luchar por la igualdad de género en la adolescencia, pero en esta etapa ya llegamos tarde. Las niñas han decidido y tienen muy claro desde mucho antes que la ciencia y la tecnología no son lo suyo, que son difíciles, cosas para niños. Las barreras son educativas y sobretodo sociales, son estereotipos, prejuicios, falta de motivación y falta de referentes.

Para las niñas que finalmente se deciden, pierden ese miedo y se atreven con este tipo de carreras, se encuentran en un mundo laboral con grandes diferencias salariales, comportamientos paternalistas y por supuesto complejos y dificultades internas interiorizadas a lo largo del tiempo. Como ejemplo el famoso “Síndrome del Impostor” que te hace pensar que estás engañando a todo el mundo y que no eres tan buena como realmente eres. Lo veo en muchísimas niñas y muchísimas mujeres ya adultas, y eso hace que la integración de la mujer en este sector sea cuanto menos difícil.

Nos enfrentamos a unos retos en educación, en el entorno laboral y en regulación legislativa ¿Qué medidas se necesitan con más urgencia para avanzar en igualdad?

Desde el ámbito de la educación en el que yo trabajo creo que lo primero que se necesita es conciencia. Que haya conocimiento de que realmente hay un problema, ya que si se desconoce el problema y sus orígenes, raramente vamos a buscar una solución, y estamos tan familiarizados y cómodos con los motivos y consecuencias en nuestra vida cotidiana, que a veces se hace difícil verlos.

Por una parte, el Estado podría llevar a cabo medidas que podrían tener más posibilidad de llegar a soluciones de manera rápida, haciendo los referentes más visibles, incluyendo la tecnología en el aula con metodologías más motivadoras o incluyendo una educación efectiva para nuestros docentes en este campo y sepan dominar las herramientas que tienen a su alcance sin que ellas les dominen. Pero cada joven, cada docente, y cada persona tiene su parte de responsabilidad en este problema y no vamos a quedarnos esperando a que los políticos hagan su parte.

Cuando hablo con jóvenes siento que sirvo de referente, se dan cuenta de que la ciencia no es un mundo de hombres y me dicen que si soy una niña y me dedico a la tecnología cada niña puede si quiere. Cuando les pido que me ayuden a buscar soluciones, en más de una ocasión  he escuchado con satisfacción, que la solución que pueden dar ellos y ellas es convertirse en personas que dejan de perpetuar prejuicios y estereotipos, que si se pueden apoyar entre sí, y que en definitiva pueden ser un ejemplo para que los que vengan detrás lo vean de manera natural y no repetirán todas esas cuestiones sociales que construyen los muros de nuestra mente. Me encanta escucharles, y son niños y niñas los que tienen la iniciativa de hacer trabajos en clase sobre mujeres referentes e igualdad, y compartirlos con los otros estudiantes. La educación es la mejor herramienta para combatir este problema.

¿Qué porcentaje de género encuentras en tus clases?

Ha ido fluctuando, el año pasado mejoró un montón. De tener una niña en clase llegamos a tener casi un 50%. Este año es raro y vuelve a haber menos niñas de nuevo. Sinceramente no sé la razón, pero es cierto que por motivos obvios, en los últimos meses hemos tenido menos oportunidades de dar charlas por colegios de toda Andalucía y por la universidad, que antes hacíamos con bastante frecuencia.

Creo que todo el trabajo que hemos hecho ha generado conciencia, pero quizás todas las dificultades que ha habido con la pandemia han podido provocar que haya menos niñas. No sé si es la causa directa, pero existe una relación entre la menor actividad que hemos podido realizar nosotros otras bellas iniciativas de acercarnos a los centros este año, y la llegada de un número inferior de niñas a las clases.

¿Has tenido a lo largo de tu trayectoria personal y profesional alguna persona referente para impulsarte a estar donde estás hoy?

He tenido gente cerca que me han servido de inspiración. Me viene ahora a la cabeza una profesora de Primaria que me ayudó a que confiara más en mí misma. Me propuso preparar y dar una clase. Como ella confió en mí busqué los contenidos y medí los tiempos, parecido a como hago actualmente. Me marcó mucho toda aquella confianza y apoyo que puso en mí y que posteriormente me felicitara por los resultados. Esa profesora en varias ocasiones ha venido a mi cabeza a lo largo de los años… Nos enseñó cosas muy bonitas que no están en los libros.

¿En tu experiencia con qué tipo de estereotipos se asocia al sector TIC?

Algo que se repite en cada taller de brecha de género que imparto, es que les pido que se imaginen a una persona que se dedica a la ciencia y a la tecnología, y en la gran mayoría de los casos describen a un hombre. Entonces me presento como ingeniería y comprobamos que no me parezco nada a lo que describen, que lo primero que se nos viene a la cabeza cuando pensamos en tecnología es un perfil masculino.

Otros prejuicios más invisibles son cómo nos influye la tv, cómo las películas nos enseñan que el príncipe viene a salvar a la princesa que no es capaz de solucionar sus propios problemas, que nos da miedo resolverlos. Otro ejemplo que les pongo relacionado con la educación, es cuando en el caso de mi bella familia, cuando a la hora de salir a la calle a jugar, a mi primo le decían “cuida de Sara” y no se contemplaba lo contrario cuando yo por ejemplo, era más alta. Pequeños detalles que nos enseñan a que tengamos temor a enfrentarnos a ciertas cosas. La tecnología y la ciencia no son fáciles, son divertidas y nos permiten encontrar soluciones maravillosas y motivadoras que hacen del mundo un lugar mejor. Pero no son fáciles, y tenemos que perder el miedo a lo difícil, tenemos que sentirnos capaces de resolver nuestros porblemas por nosotras mismas, que es lo que a veces no nos enseñan desde pequeñas. Puede sonar un poco exagerado, pero uno de los mensajes que nos llegan a las niñas con este tipo de ejemplos es que si tienes un problema, mejor busca la ayuda de un hombre. No se refuerzan las actitudes necesarias para poder dedicarnos a la ciencia y la tecnología.

En mi vida laboral, los obstaculos que me he encontrado han sido: que he cobrado menos que mis iguales, un trato paternalista que ha hecho que nunca me hayan asignado algunas responsabilidades, proyectos en países con alguna dificultad en los que no he podido participar al 100% porque no podía desplazarme allí por ser mujer…

¿Cómo analizas el papel de la mujer en el sector de las carreras tecnológicas en cuanto a la representación femenina en el sector?

Cuando decidí en el instituto dedicarme a la ingeniería, tenía claro que iba a hacer algo relacionado con la ciencia y la tecnología. Una compañera me dijo que cómo iba a hacerlo si había repetido 4º de la ESO y la electrónica era muy difícil. Eso no lo voy a olvidar nunca, era mi amiga pero fue todo un ataque a mi propia seguridad. Ya estaba implantando en mí el “Síndrome el Impostor”.

En la carrera el primer día en el aula magna, de 100 personas éramos 8 mujeres nada más. Había poca representación femenina y actualmente no ha subido demasiado el porcentaje de mujeres que entran en carreras técnicas.

Después cuando entras en el mundo laboral puedes volver a cambiar de opinión y pensar que sigue sin ser lo tuyo. O no te cogen o te pagan menos, y empiezas a hacerte preguntas que dificultan que te quedes. Pero también me he encontrado con compañeros y compañeras que me han inspirado y me han hecho disfrutar de mi carrera mientras trabajaba en el mundo de la ingeniería al 100%. Hay muros pero se pueden superar, y no todo es tan negro.

¿Qué peso crees que tiene la conciliación para avanzar en la igualdad de género?

Sobre este tema tuve que hacer un estudio para dar una charla y creo que tiene bastante peso. En estos momentos precisamente estoy embarazada de mi primer hijo. Tengo 36 años y he querido ser madre desde hace tiempo, pero cada vez que me lo planteaba me sentía desaparecer. En las medidas laborales en la empresa hay una diferencia entre hombres y mujeres, que se ven como un inconveniente y no como un apoyo, porque entre otras cosas la baja es más larga y después faltan medidas para poder conciliar todas las nuevas necesidades y responsabilidades que conlleva tener un hijo.

Cada vez que me planteaba ser madre, sentía que además de que no iba a tener la energía suficiente para dedicarme al trabajo y a mis pasiones, me agobiaba porque no veía posible conciliar mi vida personal y profesional si formaba una familia. Más allá de cuestiones como el techo de cristal, yo no he sido madre antes por estos motivos.

Mantener mi trabajo al mismo ritmo, después de tres meses de baja y una nueva vida que depende de mí, me parecía imposible. Necesitaba medidas laborales y ayuda para que fuera menos complicado. Afortunadamente en la academia donde trabajo ahora somos tres socios y no me he sentido nunca diferente por ser mujer. Cada vez que he tenido un problema personal lo han respetado y me han hecho sentir cómoda. El teletrabajo y la posibilidad de reducir la jornada también lo han facilitado, pero han sido cuestiones de políticas internas de mi empresa. Hasta que no he tenido esa seguridad no he sentido que podía hacerlo y disfrutarlo.

Hay países como Finlandia que son ejemplo en esto, por supuesto padre y madre tienen los mismos permisos, días para cuidar a los hijos cuando están enfermos, y se premia cuando se reparten las tareas y los tiempos entre padre y madre. Aquí todavía tenemos muchas carencias y dificultades por falta de políticas de conciliación.

¿Crees, por todos estos aspectos, que hemos estado comentando que existe un avance real en conseguir una igualdad de género en el sector TIC?

Yo quiero pensar que sí. Hemos hablado de dificultades pero incluso cuando hablo con los chicas y chicas, hay algo que perciben que está cambiando. Se plantean ciertas cosas, piensan en juguetes para jugar, no para niños o niñas. Si la gente es más consciente, algo está cambiando, aunque sea difícil cuantificarlo.

¿Alguna idea más que se te haya quedado en el tintero o mensaje que quieras lanzar?

El problema más grande que me encuentro en clase es que las niñas sienten más miedo a equivocarse, es horrible el miedo que les da no hacerlo bien. Si me acerco incluso borran el programa porque no están seguras y les asusta que lo vea.

Tener miedo es natural y necesario, nos hace plantearnos preguntas, pero no podemos permitir que nos bloquee. Les pasa a las chicas creo que en cualquier ámbito, es algo aprendido desde pequeñas, el miedo a no ser perfectas. Me gustaría animar a todos y a todas a que se equivoquen, a que no ocurre nada malo, sino todo lo contrario, es necesario. Lo peor que va a ocurrir si se equivocan es que así van a aprender y la próxima vez lo harán mejor.