11 de marzo de 2026

La genealogía femenina que está construyendo el futuro digital

Hay ideas que funcionan como mapas para entender el presente. El lema del 8M impulsado por el Instituto Andaluz de la Mujer de la Junta de Andalucía —“Mujeres por Bandera: Las mujeres que llevas dentro”— es una de ellas. Nos recuerda que ninguna trayectoria se construye en solitario: cada mujer es también el resultado de otras mujeres que abrieron caminos antes.

En ciencia y tecnología, esta idea se puede explicar con una palabra clave: genealogía. No se trata solo de memoria histórica, sino de reconocer que el conocimiento, la innovación y las oportunidades se transmiten entre generaciones. Cada avance científico es, en parte, el resultado de preguntas, descubrimientos y esfuerzos acumulados.

En una sociedad que ya es plenamente digital —donde la inteligencia artificial, los datos o la ciberseguridad forman parte de la vida cotidiana— entender esta genealogía es esencial. Porque la tecnología que hoy utilizamos también lleva la huella de mujeres que, durante décadas, contribuyeron a desarrollarla, muchas veces sin recibir el reconocimiento que merecían.

Hablar de “las innovadoras que llevas dentro” es, por tanto, reconocer que dentro de cada mujer que hoy estudia, investiga, diseña tecnología o divulga ciencia también habitan esas pioneras que han hecho posible nuestro presente.

LAS PIONERAS QUE INICIARON LA CADENA

La genealogía de la innovación tecnológica no es solo un concepto, son mujeres con nombres propios.

Uno de ellos es Ada Lovelace, matemática del siglo XIX considerada la primera programadora de la historia. En sus notas sobre la máquina analítica de Charles Babbage describió un algoritmo que hoy se reconoce como el primer programa informático. Lovelace entendió algo extraordinario para su época: que las máquinas podían ir más allá del cálculo numérico. En sus palabras: “The Analytical Engine has no pretensions whatever to originate anything. It can do whatever we know how to order it to perform.”

Más de un siglo después, otra mujer contribuiría a sentar bases de la conectividad moderna. Hedy Lamarr, conocida también por su carrera como actriz, fue coautora en 1941 de un sistema de comunicaciones basado en salto de frecuencia que acabaría influyendo en tecnologías inalámbricas como el WiFi o el Bluetooth.

En el desarrollo del software moderno, el legado de Grace Hopper es fundamental. Científica informática y almirante de la Marina estadounidense, participó en la creación de uno de los primeros compiladores y en el desarrollo del lenguaje COBOL. Su visión de la tecnología siempre estuvo ligada al cambio y la innovación: “The most dangerous phrase in the language is: ‘We’ve always done it this way.’”

En el ámbito de la exploración espacial, la matemática Katherine Johnson desempeñó un papel decisivo en los cálculos de trayectoria que permitieron misiones clave de la NASA durante la carrera espacial, incluido el vuelo orbital de John Glenn en 1962. Sus cálculos manuales ayudaron a garantizar la seguridad de las misiones Mercury y Apollo en una época en la que la computación aún estaba en desarrollo.

A estas figuras conocidas se suman otras menos difundidas pero igualmente decisivas. Es el caso de Radia Perlman, ingeniera informática conocida como “la madre de Internet” por desarrollar el Spanning Tree Protocol, un algoritmo fundamental para el funcionamiento de las redes informáticas modernas que permite que Internet opere de forma eficiente evitando bucles en las redes.

La historia de la innovación científica también incluye aportaciones fundamentales en campos que hoy influyen directamente en la tecnología. La química y cristalógrafa británica Rosalind Franklin desempeñó un papel crucial en la comprensión de la estructura del ADN gracias a sus imágenes de difracción de rayos X, especialmente la conocida como Fotografía 51, que proporcionó evidencias clave para identificar la doble hélice del ADN. Su trabajo se ha reconocido posteriormente como esencial para uno de los descubrimientos científicos más importantes del siglo XX.

Otra figura central en la historia de la computación es Margaret Hamilton, ingeniera informática que dirigió el desarrollo del software de navegación para el programa Apollo de la NASA. El sistema que su equipo creó permitió que el Apollo 11 aterrizara con éxito en la Luna en 1969, incluso cuando el ordenador de a bordo comenzó a recibir más información de la que podía procesar. Fue también una de las primeras personas en utilizar el término “ingeniería del software” para describir esta disciplina.

La innovación tecnológica sigue escribiéndose también en el presente. Un ejemplo reciente es Katie Bouman, científica informática que lideró el desarrollo de uno de los algoritmos utilizados para generar la primera imagen de un agujero negro en 2019, dentro del proyecto internacional Event Horizon Telescope. Su trabajo permitió transformar enormes cantidades de datos recogidos por radiotelescopios de todo el mundo en una imagen que dio la vuelta al planeta.

Cada una de estas mujeres, desde contextos y disciplinas diferentes, contribuyó a construir los cimientos científicos y tecnológicos que sostienen la sociedad digital en la que hoy vivimos. Sus avances no fueron episodios aislados, sino eslabones de una cadena de conocimiento que continúa creciendo generación tras generación. Y, junto a ellas, también están muchas otras mujeres cuyos nombres apenas aparecen en los libros de historia o en los relatos de la innovación, porque durante décadas sus aportaciones quedaron invisibilizadas, atribuidas a otros o simplemente olvidadas. Reconocer hoy esta genealogía significa también recuperar esas historias y entender que, el progreso científico y tecnológico siempre ha sido más colectivo y diverso de lo que durante mucho tiempo se ha contado.

DE LAS PIONERAS A LAS COMUNIDADES STEM

Durante mucho tiempo, muchas mujeres que se dedicaron a la ciencia o la tecnología lo hicieron prácticamente en soledad. Las pioneras que iniciaron la genealogía de la innovación tuvieron que abrirse camino en entornos donde apenas existían referentes femeninos, redes profesionales o espacios de colaboración para ellas.

Hoy el panorama es diferente. La genealogía de la innovación femenina ya no se construye solo a partir de trayectorias individuales, sino también gracias a comunidades STEM que conectan a mujeres de distintas generaciones, disciplinas y lugares del mundo.

Estas redes funcionan como verdaderos ecosistemas de conocimiento. En ellas se comparten experiencias, oportunidades profesionales, investigación y proyectos tecnológicos. Comunidades como Girls in Tech, Women in Tech, Mujer e Ingeniería, WomANDigital, o redes internacionales de mujeres en ciencia y tecnología permiten que quienes se incorporan al sector encuentren orientación, contactos profesionales y referentes cercanos.

Uno de los elementos más valiosos de estas comunidades es la mentoría. Diversos estudios han demostrado que los programas de mentoría y las redes de apoyo tienen un impacto directo en la participación y permanencia de las mujeres en STEM. Las profesionales que cuentan con mentoras o redes de apoyo tienen más probabilidades de desarrollar su carrera, adquirir nuevas habilidades y avanzar en sus ámbitos profesionales.

Pero estas comunidades no solo benefician a quienes empiezan. También fortalecen a todo el ecosistema científico y tecnológico. Los espacios de colaboración y networking permiten crear proyectos conjuntos, impulsar la transferencia de conocimiento y fomentar la diversidad en equipos de innovación, algo que se ha demostrado fundamental para generar soluciones tecnológicas más creativas y relevantes para los retos globales.

En cierto modo, estas redes representan la evolución natural de la genealogía de la innovación: de las pioneras que abrieron camino en contextos aislados a una generación que construye tecnología en comunidad.

Porque si algo caracteriza a la ciencia y a la innovación contemporáneas, es precisamente eso: su carácter colectivo. Y en ese entramado de colaboración, mentoría y aprendizaje compartido, miles de mujeres continúan ampliando el camino que iniciaron aquellas primeras innovadoras.

LAS INNOVADORAS QUE VENDRÁN

La genealogía de la innovación no termina en el presente. Cada generación amplía el camino para la siguiente.

En el ámbito STEM, la visibilidad de referentes femeninos sigue siendo un factor clave para fomentar vocaciones. Cuando niñas y jóvenes pueden identificar a mujeres trabajando en estos campos, la posibilidad de imaginarse en ellos se vuelve más real. Por ello debemos visibilizar a mujeres que hoy están transformando el ecosistema tecnológico desde la investigación, la empresa, el derecho o la divulgación.

Porque en una sociedad digital, la innovación también necesita diversidad. Y la tecnología que diseñemos hoy tendrá impacto en generaciones futuras. La genealogía femenina de la innovación no es solo un relato del pasado. Es una herramienta para entender el presente y orientar el futuro.

Reconocer a las mujeres que contribuyeron a construir la tecnología moderna permite comprender mejor cómo hemos llegado hasta aquí. Y visibilizar a quienes hoy trabajan en el ámbito digital ayuda a inspirar a quienes vendrán después. Si quieres inspiración, puedes encontrarla aquí:

Dentro de cada mujer que hoy estudia, investiga o trabaja en ciencia y tecnología también viven las innovadoras que la precedieron.

Porque cuando una mujer avanza en STEM, no avanza sola. Avanza acompañada por todas las que abrieron camino antes… y por todas las que vendrán después.