Los cuentos infantiles tradicionales con los que crecemos y educamos a generaciones, son una fuente inagotable de estereotipos de género. Actualmente, las películas infantiles cada vez tienen más en cuenta estos sesgos para evitar reproducirlos, aunque todavía existen excepciones. Por otra parte, la publicidad es otro de esos ámbitos donde se empieza a cambiar la visión de los roles del hombre y la mujer: las empresas saben el coste millonario que puede suponer tener que retirar una campaña sexista, así como el efecto dañino para la imagen y valores de la propia marca. Y es que cada vez más, las personas son capaces de identificar estas imágenes estereotipadas cuando ven una película, leen un periódico o les asaltan en un anuncio publicitario.

¿Pero qué pasa con las mujeres en los libros de texto? Si bien se han producido avances en cuanto a formas inclusivas y no discriminatorias, todavía queda camino que recorrer en cuanto al contenido. Ya desde edades tempranas, el material didáctico es un elemento clave en la superación de roles asociados. Se necesitan matemáticas, físicas, ingenieras o tecnólogas, como referentes en la escuela durante la etapa de la niñez y la juventud en la que se forjan las vocaciones.

¿Somos lo que leemos?

La familia, la sociedad y la educación contribuyen a conformar valores y patrones de comportamiento desde nuestra más tierna infancia. En la escuela, los libros de texto tienen un gran peso como recurso básico en la transmisión de conocimientos. Sin embargo, la historia que se cuenta en estos libros y cómo es contada, dejan en la sombra los logros de mujeres de forma sistemática.

Un fenómeno sobre el que alertó la campaña #NoMoreMatildas a comienzos de año: científicas, informáticas e investigadoras permanecen ausentes, perpetuándose estereotipos de género que perviven y se transmiten a las nuevas generaciones con un fuerte impacto en las vocaciones de las chicas en estas áreas.  La falta de referentes femeninos y el impacto que tiene en las aspiraciones profesionales de las niñas, se traduce en una menor presencia en las carreras STEM.

Formar personas, sin roles ni jerarquías

Educar brindando igualdad de oportunidades, para el desarrollo integral de las personas y de todas sus potencialidades, desde el respeto y valorando las diferencias. Con este objetivo, existen diferentes corrientes educativas, entre ellas la coeducación que se propone potenciar un modelo válido para todos los géneros.

Pero para ello, se necesita un material didáctico adecuado que, a pesar de haber mejorado en las sucesivas reformas educativas en cuanto a igualdad, todavía persiste en tópicos y un claro desequilibrio en la representación del género masculino y femenino. Se han dado pasos, pero lograr el equilibrio en los referentes femeninos y masculinos que se muestran en los libros de texto es una de las principales reivindicaciones de la coeducación.

Así lo manifiestan estudios como el de Ana López-Navajas (Universidad de Valencia), ‘Análisis de la ausencia de las mujeres en los manuales de la ESO: una genealogía de conocimiento ocultada’, que concluyó que solo el 7,5% de las referencias aparecidas en los 115 libros analizados de 19 asignaturas hacían mención a mujeres. Entre ellos, los que menos incluían eran los de materias como Física y Química o Ciencias Sociales.

Faltan científicas, informáticas y tecnólogas referentes en las aulas

La administración está llevando acciones para fomentar la igualdad y velar por la presencia de las mujeres en el ámbito educativo. En Andalucía, por ejemplo, se dispone de una lista con recomendaciones para selección y elaboración de materiales didáctico con el objetivo de que en los libros las mujeres ocupen el espacio que les corresponde. Por su parte, las editoriales se están poniendo manos a la obra para garantizar un uso inclusivo del lenguaje, evitar estereotipos y roles de género, promocionar la corresponsabilidad, e incorporar referentes femeninos. La comunidad educativa también está cada vez más sensibilizada, pero es fundamental su implicación para la elección de un material más igualitario, y para el desarrollo de dinámicas en el aula que fomenten tanto la visibilidad de las mujeres como nuevos modelos de masculinidad.

Equidad y diversidad entre líneas

Es importante destacar que, de manera generalizada, está bastante asumido que es necesario un cambio, existiendo una conciencia colectiva cada vez mayor de cómo influyen los estereotipos de género y la ausencia de referentes femeninos.

No se trata de forzar una representación femenina no real, sino de ofrecer un nuevo enfoque y mostrar la variedad y posibilidades con las que cuentan las niñas, que son capaces y libres de elegir aquello que quieran ser. Y, para ello, se necesita que los libros de texto aborden los contenidos desde una perspectiva de género y atendiendo a una realidad diversa.

En definitiva, el sistema educativo, al igual que la familia y la sociedad en general, debe contribuir a eliminar estereotipos de género asociados a determinadas vocaciones y profesiones. Y en concreto los libros de textos son herramientas ideales para ampliar nuestra visión de la historia y de nuestro mundo de hoy, que formará la sociedad del mañana. Las niñas necesitan encontrar entre sus páginas más modelos de mujeres investigadoras, ingenieras o tecnólogas en los que identificarse y reconocerse, incluyendo estas referentes en los contenidos de todas las asignaturas que aprenden en la escuela.