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Entrevista con Sara María Rosa
Personal
Un hobby.
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Entrevista
¿Cuál era tu visión de la tecnología cuando eras estudiante y cuál es ahora?
Siempre he tenido una visión positiva de la tecnología, pero durante mi etapa como estudiante la veía más como una herramienta de apoyo que como algo central.
El punto de inflexión llegó en tercero de carrera, durante mi Erasmus en Alemania. En ese momento empezó a acelerarse todo lo relacionado con la inteligencia artificial, y ahí fue cuando conecté dos mundos: por un lado, llevaba años dando clases particulares, y por otro, estaba descubriendo el potencial real de la IA.
Empecé a aplicarla directamente con mis alumnos y vi la posibilidad de personalizar el aprendizaje de verdad, adaptándolo a cada estudiante. Ahí no solo cambió mi visión de la tecnología, sino que encontré mi propósito. La inteligencia artificial dejó de ser una herramienta para convertirse en el medio a través del cual podía transformar la educación.
Como experta en enseñanza y nuevas tecnologías como la IA, eres muy conocedora y consciente de las ventajas que el mundo digital plantea. En este sentido ¿consideras importante que la juventud adquiera competencias tecnológicas?
Totalmente. Y cuanto antes, mejor.
Pero no se trata solo de adquirir competencias técnicas, sino de entender cómo funcionan estas herramientas y cómo utilizarlas con criterio.
En mi caso, cuando trabajo con estudiantes, muchas veces el objetivo no es solo ayudarles con una asignatura, sino usar esa asignatura como excusa para enseñarles a utilizar la inteligencia artificial. Porque al final, lo que realmente va a marcar la diferencia en el futuro no es solo el conocimiento académico, sino saber apoyarse en herramientas que potencien ese conocimiento.
Yo no creo que la IA vaya a quitarnos el trabajo. Creo que el trabajo lo perderá quien no sepa utilizarla frente a quien sí.
Tecnología, persona y sociedad… ¿es el pensamiento digital la clave para entender la importancia de la tecnología para el resto de sectores y para la sociedad?
El pensamiento digital implica entender que todo se puede optimizar, automatizar y escalar, pero también que todo tiene un impacto.
La tecnología nos permite mejorar procesos y tomar decisiones más eficientes en cualquier sector, pero como sociedad tenemos el reto de no sustituir lo humano porque es lo que realmente aporta valor. De hecho, ya estamos viendo un cambio interesante… Antes, lo que más llamaba la atención era el contenido generado con inteligencia artificial. Ahora ocurre justo lo contrario, lo que destaca es lo auténtico, lo personal, lo que nace de la experiencia real.
El gran reto de la sociedad digital es por un lado, adaptarse y formarse en tecnología para no quedarse atrás; y por otro, no perder la curiosidad, la creatividad y el pensamiento crítico delegándolo todo en la inteligencia artificial.
¿Cuál es tu análisis sobre el papel de las mujeres en el sector TIC?
Creo que uno de los principales obstáculos no es tanto la capacidad, sino la percepción.
Muchas mujeres tienen el conocimiento, pero no siempre se sienten seguras para exponerlo, especialmente en entornos visibles como conferencias o liderazgo. Ese síndrome del impostor sigue muy presente. En mi entorno, afortunadamente, veo cada vez más mujeres en sectores tecnológicos y científicos, y no he vivido discriminación directa. Pero sí detecto esa falta de seguridad a la hora de dar el paso.
Mi consejo es “no esperes a sentirte preparada al 100%, porque ese momento no llega. La experiencia es lo que te convierte en experta.”
¿Alguna persona que haya sido Referente para ti a lo largo de tu vida y trayectoria?
Una de mis principales referentes ha sido Vilma Núñez. Desde que empecé la carrera de Marketing en la Universidad de Cádiz, ha sido una fuente constante de aprendizaje, especialmente en momentos en los que sentía que necesitaba ir más allá de lo que estaba viendo en la universidad. Gracias a ella he podido aplicar muchos conocimientos en mi propio negocio.
También me inspira el recorrido de otras mujeres como Marta Marcilla, que ha tenido que enfrentarse a entornos muy exigentes y tradicionalmente masculinizados, demostrando constantemente su valía.
Y algo que ellas mismas han compartido es una realidad: “muchas veces, siendo mujer, tienes que demostrar más.”
¿Cuál crees que es la imagen social que se tiene de las mujeres profesionales del sector TIC?
Personalmente, para mí las mujeres en el sector TIC son referentes. Admiro profundamente a mujeres que se dedican a la ciencia y la tecnología, como Ana Ibáñez.
A nivel social, puede que aún existan estereotipos, pero en mi entorno no lo percibo de forma negativa. Al contrario, se valora mucho a las personas que realmente aportan valor, independientemente del sector. Creo que el cambio empieza también por cómo percibimos nosotros mismos estos roles.
¿Piensas qué estamos avanzando para conseguir la igualdad de género real y efectiva en el sector TIC?
Sí, estamos avanzando. Cada vez es más habitual ver mujeres en sectores tecnológicos, y eso ya es un gran paso.
Aun así, todavía queda camino por recorrer, especialmente en términos de visibilidad y confianza.
¿Qué le pedirías a instituciones y empresas para que contribuyan al impulso de la igualdad de oportunidades?
Menos teoría y más acción.
Es fundamental apostar por formación desde edades tempranas, programas reales dentro de universidades, formación continua en empresas, y especialmente formación en el uso de la inteligencia artificial, tanto en el ámbito público como privado.
La colaboración entre ambos es clave para que el cambio sea real.
Como especialista en IA aplicada al aprendizaje y formadora en métodos de estudio, ¿cuál es tu opinión sobre el sistema educativo y su adaptación a las nuevas oportunidades y profesiones TIC?
El sistema educativo necesita una actualización profunda. No solo en cuanto a nuevas profesiones tecnológicas, sino en la forma en la que se orienta a los estudiantes.
Se les pide tomar decisiones muy importantes a edades en las que, a nivel neurológico, aún no están preparados para ello. La corteza prefrontal, encargada de la toma de decisiones, no se desarrolla completamente hasta aproximadamente los 25 años. Eso explica por qué tantas personas cambian de rumbo.
En mi caso, siempre tuve claro que quería dedicarme al mundo empresarial, pero con el tiempo descubrí intereses como la neurociencia o la tecnología que no se me habían presentado antes.
A la juventud les diría algo muy claro: no pasa nada por cambiar. No pasa nada por equivocarse. Lo importante es encontrar algo que realmente te motive.
Y como emprendedora digital, ¿qué condiciones o características tiene esta opción profesional para liderar el avance hacia la igualdad de género?
El emprendimiento digital elimina muchas barreras: ubicación, horarios y accesibilidad. Eso facilita que más personas puedan emprender en igualdad de condiciones.
Pero no es suficiente con emprender. La clave está en detectar una necesidad real y construir una solución que aporte valor.
Hablemos de conciliación… ¿qué pasos debemos dar para mejorar las condiciones de conciliación en igualdad? ¿cuenta el sector TIC y estas profesiones con ventajas al respecto?
El sector TIC ofrece más flexibilidad, pero eso no garantiza conciliación automáticamente.
Iniciativas como Univergem, de la Universidad de Cádiz, ayudan mucho a impulsar el papel de la mujer, facilitando formación y acceso a prácticas profesionales… Pero además de programas, hace falta un cambio cultural en cómo entendemos el trabajo.
Hablemos contigo de ética y tecnología… ¿cuál es tu visión como divulgadora de IA para su buen uso?
Es imprescindible humanizar la tecnología.
La inteligencia artificial aprende de datos, y si esos datos tienen sesgos, los reproduce. Por eso no basta con desarrollarla, hay que hacerlo con responsabilidad… Mi trabajo como divulgadora consiste precisamente en hacer que las personas entiendan la tecnología para que puedan usarla de forma adecuada.
¿Y sobre la sororidad y diversidad?
La sororidad es fundamental. La colaboración entre mujeres, el apoyo y la visibilidad mutua aceleran el cambio de forma real.
Sin diversidad, la tecnología no representa a la sociedad. Incluir diferentes perspectivas no es solo una cuestión ética, es una necesidad para crear soluciones más completas y justas.
¿Qué retos y qué soluciones se pueden impulsar desde la labor profesional, y desde una perspectiva colaborativa, para impulsar el necesario papel de la mujer?
El principal reto sigue siendo la confianza y el acceso.
Desde mi experiencia, participo en iniciativas como WomANDigital, donde trabajamos directamente con estudiantes en centros educativos, acercando la inteligencia artificial y el emprendimiento de forma práctica. El objetivo es mostrar estas herramientas como algo accesible y que se sientan capaces de utilizarlas y sobre todo en el papel de la mujer como líderes de empresas tecnológicas que pasan por esas aulas para mostrar seguridad y confianza a las futuras líderes.
¿Algún mensaje más?
Me gustaría decirte lo que yo misma le diría a mi yo del pasado: ‘Confía, lo estás haciendo bien. Jamás te compares con los demás porque el camino que has decidido escoger está hecho a tu medida.’ Y eso mismo le diría a cualquier mujer que esté empezando su camino en tecnología o en el emprendimiento.