¿Soy lo suficientemente buena? ¿Quién no ha dudado alguna vez de sus capacidades? Los estudios sugieren que más del 70% de las personas atraviesa el síndrome de la impostora en algún momento de su carrera. Se trata de un sentimiento persistente y generalizado que impone autobarreras y frena el potencial de desarrollo en las personas y, según muchos informes, con mayor frecuencia en mujeres. Y concretamente, de forma muy habitual en el sector científico y tecnológico son ellas las que se cuestionan su propia inteligencia, sus habilidades y valía. Una presión constante por demostrar que merecen estar donde están, que acaba influenciando sus motivaciones para alcanzar el éxito profesional o aspiraciones a escalar en su carrera profesional.

Nos merecemos nuestro éxito, no es suerte ni falsa modestia

  • El síndrome del impostor fue descrito por primera vez en 1978 en el estudio «El fenómeno del impostor en mujeres de alto rendimiento: dinámica e intervención terapéutica», por la Dra. Pauline R. Clance y la Dra. Suzanne A. Imes. Se trata de una reacción a estímulos y eventos particulares, como por ejemplo puede ser un nuevo entorno académico o profesional desconocido. A las personas que lo sufren les va bien, pero atribuyen sus méritos a factores externos, y sienten miedo a ser descubiertas como si fueran un fraude para los demás. Sienten que no se merecen su éxito, que ha sido cuestión de suerte o se les ha sobrevalorado, incluso intentan pasar desapercibidas pues creen que ocupan el sitio de personas con más méritos.
  • La investigadora Valerie Young en su libro “Los pensamientos secretos de las mujeres exitosas: por qué las personas capaces sufren del síndrome del impostor y cómo prosperar a pesar de ello”, identificó cinco subgrupos en los que suele caer este síndrome.

1. La perfeccionista: por su alta autoexigencia se siente frustrada y duda de ella misma. Suele exigirse metas que son inalcanzables y esto le causa un gran desgaste.
2. La experta: se infravalora y tiene miedo de no saber tanto como piensan. Nunca se siente suficientemente preparada, no se cree lo suficientemente experta. No cree que es quién dice ser.
3. La superwoman: cree que para estar a la altura ha de trabajar más duro que nadie. Se responsabiliza de tareas que no le corresponden y esto la agota.
4. La “Yo lo hago todo”: teme pedir ayuda y que lo consideren como una debilidad. Intenta hacer malabares sola y sin querer aleja a las personas de su vida.
5. La genia: piensa que ha de hacerlo bien a la primera y se castiga duramente si falla. No se permite una segunda oportunidad.

Autoestima y confianza vs talento y potencial de las mujeres TIC

El síndrome de la impostora afecta especialmente a la brecha de género en el sector de la ciencia y la tecnología. Las jóvenes no se sienten atraídas y no optan por carreras emergentes de disciplinas STEM, estudios que están tradicionalmente masculinizados, con fuertes estereotipos, sin referentes femeninos y con fama de ser muy complicadas.

Un terreno fértil para la inseguridad que alimenta al síndrome de la impostora, y que se da tanto en el ámbito educativo como en el laboral. Persiste entre muchas profesionales TIC, que a pesar de ser especialistas en sus respectivas áreas, sienten cierta intimidación que las limita por temor al riesgo o al fracaso. El perfeccionismo y las altas expectativas lastran a muchas mujeres en estas áreas.
Por otra parte, la crisis de la COVID-19 y el teletrabajo han supuesto un obstáculo más para la igualdad laboral, y un impulso al síndrome de la impostora. Cuando los límites entre hogar y trabajo se difuminan, crece la percepción de no llegar a todo, no ser lo suficientemente buena, no estar cumpliendo con los objetivos, y estar en un rol que no es real ni merecido.

La espiral del auto autoboicot femenino

¿Pero cuáles son las causas de este fenómeno y por qué se da en sectores emergentes como la ciencia y la tecnología? ¿Por qué aunque las estadísticas continúen mostrando que las chicas sacan mejores notas, sigue faltándoles confianza en su desarrollo profesional? ¿Por qué hay excelentes profesionales que sienten que sus éxitos son solo fruto del azar?

Las investigadoras Clance e Imes creían que el marco mental para el fenómeno de la impostora se desarrolló a partir de factores tales como: estereotipos de género, dinámicas familiares tempranas, cultura y atribución. Otros estudios lo relacionan además con factores como las expectativas familiares, familias sobreprotectoras, identidades raciales, perfeccionismo, y autocontrol etc.
Sobre este “temor a no estar a la altura”, otras expertas alertan de que el problema no es patológico ni individual, sino que deriva de la desigualdad estructural. Una tendencia heredada, que pasa de madres a hijas, que les impide creer en ellas mismas, como resultado de un entorno que sistemáticamente infravalora a la mujer y sus capacidades así como se les exige, entre otras, virtudes como la modestia.

Expertas como Leire Gartzia, profesora de liderazgo y gestión del cambio en Deusto Business School, cree que esto se debe a que cuando las mujeres comenzaron a incorporarse al mercado laboral, en los años sesenta y setenta del siglo pasado, se encontraron con un modelo “fuertemente masculino, basado en la presencialidad, el rendimiento, la competitividad y la ambición, que copiaron, y que era muy distinto al
femenino, basado en la sensibilidad, los cuidados o la empatía”.*

Katharine D´Amico, profesora del Executive MBA de Esade, destaca “la falta de un modelo de referencia” de las mujeres que llegan a un mundo donde todavía los hombres ocupan una posición dominante. Si no tenemos esta referencia, nos afecta a cómo nos sentimos y siembra la duda: ¿realmente valgo o no valgo?, ¿estoy aquí por ser mujer o por mis competencias?”. *

Educar la autoestima, crear entornos de conciliación, impulsar el liderazgo

Algunas de las posibles acciones contra este síndrome que se encuentra entre las casus de las bajas vocaciones en carreras STEM, y que en algunos casos puede frenar el avance profesional e incluso llegar a motivar el abandono laboral, pasan por un plano individual y colectivo.

  • Educar la autoestima, cambiar estereotipos, crear referentes y ampliar las perspectivas de futuro de las niñas. Alimentar la confianza en sus capacidades y despertar su interés por la ciencia y la tecnología desde edades tempranas.
  • Reconocer el síndrome de la impostora. Identificarlo, aceptarlo y cambiar aquello que nos decimos y que nos frena, por refuerzos positivos. Fortalecer el concepto que tenemos de nosotras mismas, asimilar nuestros logros, rebajar nuestro nivel de exigencia y celebrar los éxitos.
  • Implantación de planes de igualdad y medidas para facilitar la conciliación. Posibilitar las condiciones idóneas y las oportunidades para que las mujeres puedan plantearse el acceso a puestos de mayor responsabilidad. Generar el entorno de confianza adecuado para que las trabajadoras se sientan seguras de asumir determinados cargos frecuentemente masculinizados. Facilitar e impulsar su acceso al liderazgo en sus
    respectivas áreas de trabajo.

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* Fuentes: