En muchos casos se trata de sesgos inconscientes, que pasan desapercibidos porque hemos crecido con ellos. Pero la realidad es que influyen, y mucho, por ejemplo, en la baja presencia femenina en el sector tecnológico, lo cual contribuye a perpetuar los estereotipos y la brecha de género consolidando dichos sesgos… y vuelta a empezar.

Para avanzar hacia una sociedad digital inclusiva y equitativa, que se adecue a las necesidades de todas las personas, es imprescindible implicar de forma activa a las mujeres, como parte de los procesos de diseño y desarrollo de los productos científicos y técnicos.

¿Tiene género la tecnología?

Teóricamente no, la tecnología no necesita tener género, pero inevitablemente le influye quien la está generando mayoritariamente.

Como tratamos en el post Diversidad contra los sesgos en los algoritmos, la propia tecnología puede reproducir o ampliar desigualdades, ya que aprende y reproduce los prejuicios de género de sus creadores. La desigualdad en el mundo real, se replica en los algoritmos y en la IA y, de esta forma, en las nuevas realidades. Por tanto, la educación, intereses, experiencias, necesidades, y prejuicios conscientes o no de los desarrolladores, se reflejan en una tecnología hecha en su mayoría, por y para hombres.

Otro ejemplo es la asistencia de voz de los dispositivos electrónicos. Esta funcionalidad puede servir para ilustrar cómo se proyecta la imagen de la mujer estandarizada en el sector tecnológico, que se traslada a sistemas de uso diario. El problema radica en los equipos profesionales compuestos en su mayoría por ingenieros, que plasman en sus creaciones una perspectiva exclusivamente masculina y por ello limitada, heredada de generación en generación.

Un lastre cultural y educacional para la igualdad en el siglo XXI

Alexa de Amazon, cuyo nombre está inspirado en la biblioteca de Alejandría, es mujer. Cortana de Microsoft, es un personaje de los videojuegos Halo, que se proyecta a sí misma como una sensual mujer. Siri de Apple, es un nombre nórdico que significa “mujer hermosa que te lleva a la victoria”. Y Google Assistant/Home, aunque no tiene nombre de mujer, sí que tiene voz femenina.

Los dispositivos tecnológicos actuales nos hablan desde el pasado, desde una cultura y educación en desigualdad, en la que se relaciona a las mujeres con el papel de cuidadoras o ayudantes. Y que tiene como consecuencia, que se mantenga y afiance en el imaginario colectivo esa consideración de las mujeres reales hacia lo doméstico, complaciente y servicial.

¿Por qué asistentes femeninas por defecto?

Básicamente, por una decisión empresarial y económica de las compañías fabricantes de tecnología. La justificación de esta decisión de darles voz de mujeres, es que las personas consumidoras, en su mayoría hombres, prefieren una voz femenina.

Cuando hace unos años se les preguntó al respecto, las empresas tecnológicas explicaron que realizaron esta elección, basándose en estudios de marketing, y que por tanto su objetivo fue complacer al máximo a su clientela.

La premisa fue que, al público objetivo, les gusta el sonido de una voz masculina cuando está haciendo “declaraciones autorizadas”, pero una voz femenina cuando está siendo “útil”. Por esta razón, cuando la asistencia tecnológica es “generadora de conocimiento”, se eligen perfiles masculinos, como Watson de IBM, perpetuando aún más los estereotipos de mujer=ayudante y hombre=experto.

“Me ruborizaría si pudiera”

Un informe elaborado por la Unesco llamó la atención sobre estos hechos: que los asistentes de voz son femeninos, sumisos y favorecen la discriminación. El nombre del trabajo en cuestión, “I’d Blush If I Could  (“Me ruborizaría si pudiera”), hace referencia precisamente a dicha cualidad, a la respuesta que daba Siri antes de su última actualización, cuando se le decía “eres sexy”. Ahora Siri contesta: “¿Perdón?» o «me has dejado sin palabras”.

La Unesco recomendó cambios para corregir estas características que, según el informe, demuestran prejuicios de la programación que perpetúan la brecha de género. De esta forma, detalló toda una serie de recomendaciones para evitar este problema: investigar los prejuicios que reflejan los asistentes; corregir la falta de mujeres en la programación, y establecer sistemas de predicción que se anticipen a las desviaciones. También se aconsejó el desarrollo de voces neutras y políticas de incentivos, que faciliten la adopción de lenguajes inclusivos.

Avances neutros hacia la igualdad

La feminización de la asistencia virtual, desde el nombre hasta el tono de voz y sus respuestas, dado por las empresas tecnológicas, ha experimentado mejoras en los últimos años. Siri, por ejemplo, ya afirma que “no tiene sexo” y sus responsables trabajan en darle una voz con género neutro.

En 2019, fueron pioneros Virtue y Copenhagen Pride, que crearon Q, el primer asistente de voz neutro sin género definido. Para ello, descubrieron cómo establecer una frecuencia situada entre una típica voz masculina (tan grave como 85 Hz) y una femenina (tan aguda como 255 Hz). La medida ideal para que fuera percibida como una voz «sin género» resultó ser entre 145 y 175 Hz.

IA para corregir errores de género

Este sexismo tecnológico no es consustancial a la propia tecnología. Como hemos visto, ocurre por la falta de diversidad en el proceso de investigación y producción TIC, que hace que su enfoque no cuente de manera general con una perspectiva de género, que rompa con los clásicos prejuicios de sus creadores.

Pero, además de medidas para lograr un equilibro de equipos y cambios estructurales, que rompan con los obstáculos a los que se enfrentan las mujeres para lograr una mayor representación en el sector, también los avances en Inteligencia Artificial (IA) y el cruce automatizado de datos, pueden ser de gran ayuda.

Se trata de soluciones tecnológicas que buscan acabar con las desigualdades de género desde su origen. Entre ellas, y en materia de RRHH, personas expertas citan a Suited o Tilr. Dichas compañías utilizan IA y algoritmos libres de sesgos, centrados en habilidades concretas, para seleccionar candidaturas, ofreciendo la misma igualdad de oportunidades a todas las personas que pueden ser seleccionadas.

Para construir un futuro digital equitativo, se requiere equilibrar la balanza en tecnología en cada eslabón de la cadena. Desde la conciliación de la vida laboral y familiar, a la presencia femenina en los puestos de toma de decisión. Para que su visión participe en todas las fases del proceso productivo y enriquezca el resultado, dando lugar a una tecnología bajo una perspectiva de género más amplia, sin estereotipos e igualitaria.