A muy corto plazo, todas las previsiones apuntan hacia un claro liderazgo de las carreras STEM en el mercado laboral. Y en este escenario, las empresas reconocen su dificultad para cubrir vacantes en las nuevas profesiones digitales. Se necesitan profesionales con estas cualificaciones, pero las mujeres siguen sin subirse al carro de las TIC. Ante un sector altamente masculinizado, surgen nuevas tendencias, comunidades y redes, en las que las mujeres pueden encontrar el apoyo e impulso necesario para despegar como profesionales o emprender un negocio tecnológico.

Contactos estratégicos y networking

Como hemos visto en anteriores entradas, ya desde la niñez factores socioculturales heredados de generación en generación alejan a las chicas de determinadas carreras STEM. Aquellas jóvenes que superan dichos prejuicios, y se lanzan a estudiar una carrera científica o tecnológica, se enfrentan a una etapa formativa en la que ya experimentan el ser una minoría femenina. Una situación con la que deberán lidiar posteriormente en el ámbito laboral: la presión de trabajar, hacerse oír y progresar, en sectores tradicionalmente masculinos.

Unas circunstancias que están cambiando a ritmo lento, y por las que cobra cada vez más importancia para las profesionales contar con una sólida de red de contactos. Una comunidad de aliadas como fuente de inspiración, apoyo y asesoramiento a la hora de tomar decisiones, e incluso que les brinden ayuda para acceder a financiación.

Las redes de apoyo femeninas crecen en el ámbito empresarial y emprendedor. Actúan como una caja de resonancia, dando visibilidad al papel de las mujeres en muy diferentes ámbitos. Así como poniendo en valor la diversidad en los equipos, y la capacidad de liderazgo en áreas donde los techos de cristal todavía impiden a las mujeres alcanzar puestos de dirección.

Las emprendedoras que forman parte de estas comunidades, multiplican sus posibilidades de éxito y de crecimiento profesional. Esta necesidad de compartir y aprender de otras mujeres ha impulsado la creación de redes de networking en los últimos años en todo el mundo. Algunos ejemplos internacionales son: en el mundo anglosajón está Ellevate, que domina en USA; y en UK está Congress London, Blooming Founders, y The Women´s Chapter. Y otras más generalistas: Latinas in stem, Alberta Women Entrepreneurs, Girlz in Web, Women sphere, PWN Global, The Next Women, Women 2.

La mayoría de la inversión corre a cargo de las decisiones de hombres

En su mayoría son ellos los ingenieros, tecnólogos o programadores, y en consecuencia, también lo son quienes emprenden, lideran una empresa TIC, o copan los puestos de alta dirección y los consejos de administración.

Por ello, estas redes resultan especialmente útiles para el emprendimiento femenino en uno de sus principales desafíos, la búsqueda de inversión. El acceso al capital está fuertemente vinculado a quién conoces y, las mujeres emprendedoras, suelen ser menos proactivas en cuanto a esa red de contactos para establecer alianzas de inversión.

Las startups creadas por mujeres lo tienen más difícil para acceder a ese capital en la cultura de los negocios y las relaciones públicas. Los contactos son clave y, por tanto, son los emprendedores masculinos quienes se hacen con el mayor porcentaje de fondos destinados al venture capital.

Disponer de un ecosistema de negocios diverso, con más fondos liderados por inversoras, más mentoras y referentes, contribuiría a mejorar la cultura empresarial y el liderazgo de la mujer en sectores como el tecnológico.

Nuevos términos para nuevos tiempos: sororidad y coopetición

Según la Fundación del Español Urgente (Fundéu), la palabra sororidad es un término reivindicativo que se refiere a la relación de hermandad y solidaridad entre mujeres, una red de apoyo femenina mundial para luchar contra la desigualdad, la brecha salarial y la violencia de género.

La palabra cuenta con personas a favor y en contra pero, se utiliza cada vez más para alentar la complicidad de las mujeres y lograr cambios sociales en materia de igualdad.  Se anima a las mujeres a unirse y apoyarse frente a una cultura aún patriarcal, y entre sus reivindicaciones se encuentra el fin de la brecha salarial, la precariedad laboral y el techo de cristal, pidiendo medidas urgentes de conciliación.

Otro de los términos que cobra protagonismo es el de coopetir, acuñado los profesores de la Universidad de Harvard, Adam Brandenburger y Barry Nalebuff. Una palabra que identifica un nuevo modelo de negocio colaborativo, en el que compañías y personal ejecutivo ponen en marcha comportamientos mixtos de cooperación y competición que buscan un beneficio para todas las partes. Se trata de unirse para crear valor, un tipo de actitud que responde al objetivo ‘win-win’. En este nuevo contexto colaborativo, las mujeres pueden aprovechar y sacar ventaja de dichas redes de apoyo femeninas y asociaciones estratégicas.

Queda mucho trabajo por hacer para conseguir la igualdad de género en los negocios y, por ello, tienen cabida nuevos fenómenos como el de la sororidad, la coopetición y estas redes de mujeres profesionales en las pueden prestarse “ayuda mutua”… Apoyándose y alentando a otras mujeres a tener éxito. Un éxito compartido, en beneficio de todas y todas, y por la igualdad.