Ha transcurrido más de un año desde la llegada de la pandemia del COVID-19. Una crisis sanitaria sin precedentes que ha cambiado nuestras vidas, y que ha afectado especialmente a las mujeres. Nuevas circunstancias, como la normalización del teletrabajo que, según los últimos estudios, han abierto nuevas brechas de género. Por ello existe una necesidad urgente de llevar a cabo medidas que favorezcan la corresponsabilidad y el acceso de las mujeres a altos cargos, por una cuestión tanto de igualdad como productividad.

Falta de corresponsabilidad y desigualdad salarial

La pandemia ha supuesto un duro golpe para la situación laboral de la mujer, que se ha llevado la peor parte con tasas de desempleo más altas, más contratos temporales, y salarios más bajos. Toda una serie de problemas que ya existían antes de la pandemia pero que se han agudizado y a los que se han sumado las dificultades para conciliar.

Ya antes de la crisis sanitaria, y tradicionalmente, las mujeres han asumido una mayor carga en la atención de la familia y las labores del hogar. Pero al llegar la pandemia fueron muchas más mujeres que hombres las que han perdido su empleo o han tenido que abandonar sus trabajos para dedicarse a tareas del hogar o al cuidado de la familia o enfermos.

Muy relacionada con esa obligación de conciliar de las mujeres, está la desigualdad salarial. Al tener salarios más bajos, son ellas las que suelen reducir sus jornadas y sus sueldos, renunciando con más frecuencia a sus carreras profesionales.

Perpetuación de los roles de género

La tecnología ha permitido trasladar el lugar de trabajo a los hogares durante el confinamiento. En este último año se ha normalizado e incluso se han establecido regulaciones sobre el mismo. Sin embargo, esto no ha supuesto una ayuda para favorecer la conciliación.

Porque el teletrabajo deber ir acompañado de unas condiciones idóneas como respeto de los horarios, espacio, equipos etc. Unas condiciones que al no cumplirse con especial énfasis en el caso de las mujeres, suponen un arma de doble filo para ellas.

El teletrabajo, en este sentido, supone perpetuar los roles de género tradicionales. El sistema no se encuentra adaptado para repartir igualitariamente las tareas del hogar, sino que son mayoritariamente las mujeres quienes han de adaptarse a esta situación, cargando sobre ellas el peso del trabajo, el cuidado de la familia y el hogar.

Trabajar desde casa, una trampa para la igualdad

El teletrabajo mal gestionado, tiene pues un impacto negativo en las mujeres, multiplicando sus responsabilidades en el ámbito doméstico, laboral y de cuidados, con las consecuencias que ello conlleva para la salud. Como ejemplo, el estrés provocado por intentar llegar a todo contribuye al desarrollo de fenómenos como el síndrome de la impostora, que afecta frecuentemente a las mujeres del sector TIC.

Pero además, la no presencialidad puede ser discriminatoria, ya que las aleja del espacio laboral donde se producen muchas relaciones interpersonales y tomas de decisiones que afectan a su proyección profesional. El teletrabajo en desigualdad, siendo la mujer la que se quede en casa, puede consolidar los techos de cristal y obstaculizar el acceso a los puestos de liderazgo.

Por ello incluso hay colectivos que solicitan que el teletrabajo sea semipresencial, con dos o tres días a la semana en el espacio de trabajo para que nadie desaparezca del todo del ámbito laboral y, sobre todo, que se aplique de igual forma a hombres y mujeres, siendo para ello unas condiciones de aplicación general en las empresas.

Aprovechar la oportunidad de teletrabajar

El teletrabajo, gracias a las posibilidades que la tecnología nos ofrece, ha encontrado un gran espacio en el Sector TIC, al ser uno de los que más permiten esta modalidad por las herramientas y sistemas de trabajo con los que cuenta. Por ello, puede suponer una gran oportunidad, pero debe acompañarse de una regulación y unas condiciones básicas.

Una serie de medidas que garanticen la igualdad salarial y que la maternidad no suponga una merma en los ingresos de las familias. Así como acciones que favorezcan la conciliación y la corresponsabilidad, para que los cuidados y la atención del hogar no sean solo una cuestión de mujeres.

Para ello la empresa necesita de una serie de estrategias como planes de igualdad, que permitan a hombres y mujeres mayor flexibilidad, impulsen el talento sin sesgos de género y tengan en cuenta el ciclo vital de cada persona.

Favorecer la igualdad para impulsar la recuperación

El Parlamento Europeo ha instado a los países miembros a incluir en sus planes de recuperación propuestas específicas para acabar con el desequilibrio existente en el mercado laboral, porque la brecha de género ralentiza el crecimiento económico. En el caso de España, la brecha de género hace que se pierda el 15% del producto interior bruto, según la ministra de Economía, Nadia Calviño.

Se trata pues de hacer ver a las empresas todo lo beneficioso del teletrabajo pero sin crear nuevas desigualdades, y facilitar la incorporación del talento y la perspectiva femenina, como un salto cualitativo y cuantitativo para el negocio. Porque la diversidad no solo es una cuestión de ética y justicia social, sino que invertir en inclusión es sinónimo de beneficios empresariales y una mejora para la economía.