No tienen razón de ser, ni responde a hechos científicos demostrados, pero es una realidad que existen ideas generalizadas y arraigadas en torno a los roles del hombre y la mujer. Prejuicios o pensamientos preconcebidos sin ninguna justificación, pero extendidos y asumidos por la gran mayoría de la sociedad. Son los denominados estereotipos de género, que influyen también en la visión de los profesionales de cada sector, y entre ellos, el de los hombres y mujeres del ámbito TIC. Identificar dichos estereotipos, reconocerlos e invertirlos, es un primer gran paso en la carrera contra la brecha de género.

¿Dónde nacen los estereotipos?

De modo inconsciente atribuimos rasgos, creencias, actitudes o comportamientos tradicionalmente relacionados con los hombres o las mujeres. Desde que nacemos, aprendemos y reproducimos estos patrones de género que conforman el imaginario colectivo de la comunidad en la crecemos y que provocan los denominados sesgos.

No tienen que ser obligatoriamente negativos, pero marcan roles desde la infancia, generando a la larga situaciones de desigualdad y discriminación. La coeducación desde edades tempranas, es pues la principal herramienta para el cambio y la igualdad, desde el hogar, la familia y la escuela.

“Eso no es para chicas”

Como vimos en el post “Educar a niñas imperfectas y mujeres valientes”, a los niños y niñas se les educa de forma diferente, por ejemplo en cuestiones vitales como la manera de enfrentar los retos y afrontar el fracaso. De los niños se espera que sean traviesos y enérgicos, y de las niñas frágiles y responsables. Ya de mayores se asocia a los hombres con cualidades como la valentía, la racionalidad y la fortaleza; mientras a las mujeres se las considera como más inestables y preparadas de forma innata para la atención y el cuidado de la familia.

Estos conceptos se repiten y asientan generación tras generación, se aceptan de forma natural, y limitan las opciones de desarrollo personal. Se coartan las potencialidades de las niñas, que aprenden que no se espera lo mismo de ellas que de los niños, y se canalizan sus intereses hacia determinadas carreras y profesiones.

Estereotipos de género en las TIC

Cuando pensamos en una persona matemática o científica, lo primero que viene a la mente de la mayoría es la imagen de un hombre, con bata blanca y gafas de pasta. El sector científico y tecnológico no es, ni mucho menos, ajeno a esta influencia de los estereotipos de género.

Como vimos en el post “Brecha de género juvenil, una cuestión de confianza tecnológica” es ya en esos primeros años de juventud donde la confianza tecnológica de los chicos y chicas puede facilitar una mayor identificación con profesiones tecnológicas y determinar las vocaciones hacia estas áreas.

Las jóvenes eligen minoritariamente carreras TIC, y cuando lo hacen se enfrentan a ser pocas en las universidades, ya que en estos estudios existe una mayoría masculina. Demostrar su valía es una constante en estas carreras con fama de complicadas, y con estereotipos como que son profesiones solo para mujeres diferentes, empollonas o con un factor de inteligencia destacado, frikis, introvertidas, y poco sociables.

Los micromachismos durante la etapa de formación se trasladan al ámbito laboral, donde tampoco es fácil destacar y avanzar profesionalmente. “La maternidad impide que las mujeres se centren en su trabajo”, “la mujer no tiene la suficiente autoridad para ocupar cargos directivos”, “los hombres modernos se dedican al hogar”… Estos son solo algunos ejemplos de conceptos estereotipados que reproducen sesgos de género.

Pese a ser baluarte de modernidad y vanguardia, con unas profesiones que cuentan con las características idóneas para el teletrabajo, la conciliación, etc., el sector TIC muestra actualmente unos datos que demuestran que persiste la desigualdad en cuanto a la presencia femenina y el acceso a puestos de liderazgo. Mujeres científicas, informáticas, programadoras, ingenieras, tecnólogas… Que rompen con los esquemas establecidos, y demuestran su capacidad para desarrollarse en estos ámbitos, ampliando la imagen generalizada de la mujer que se tiene en las áreas STEM. Poco a poco con su trabajo, contribuyen en la misión de hackear estereotipos establecidos y a reprogramar como referentes, nuevos modelos y la visión que tiene el mundo de la mujeres en las TIC.