El aprendizaje que no sale en las notas
Las vacaciones, en el marco del descanso y claridad mental, también pueden abrir preguntas, despertar curiosidades y acercar a las nuevas generaciones a la ciencia, la tecnología y la innovación desde lugares inesperados.
Hay aprendizajes que nunca aparecen en un boletín de notas ni en una evaluación escolar. No se califican con un sobresaliente, no ocupan una casilla en el expediente y, rara vez, se preguntan en un examen. Pero pueden cambiar la forma en la que una niña o un niño mira el mundo.
La primera vez que desmonta un juguete para entender cómo funciona.
La tarde en la que descubre que puede crear una historia interactiva.
El momento en el que mira el cielo y pregunta por qué la luna no se cae.
La conversación en la que entiende que una inteligencia artificial no “piensa” como una persona, aunque a veces lo parezca.
El día en el que alguien le dice: “eso también lo puedes hacer tú”.

El verano suele presentarse como una pausa. Una desconexión necesaria después del curso. Y lo es. Pero también puede ser otra cosa: un tiempo menos rígido, menos medido y menos condicionado por el resultado inmediato. Un espacio donde investigar no significa necesariamente estudiar, sino explorar. Y dejar volar la imaginación.
Y ahí, precisamente, es donde puede empezar una vocación.
LA CURIOSIDAD TAMBIÉN ES UNA COMPETENCIA DE FUTURO
Durante mucho tiempo, hablar de vocaciones STEM ha sido hablar de asignaturas, itinerarios académicos o profesiones científicas y tecnológicas. Todo eso importa. Pero antes de elegir una carrera, antes de imaginarse trabajando en un laboratorio, diseñando software, investigando enfermedades, creando videojuegos o desarrollando soluciones de inteligencia artificial, suele haber algo mucho más sencillo: una pregunta.
¿Por qué ocurre esto? ¿Cómo se hace? ¿Y si lo intento de otra manera? ¿Podría inventarlo yo?
La Ciencia y la tecnología empiezan ahí… tienen su origen en la curiosidad, en las ganas de aprender y descubrir, en la inquietud e interés.
De hecho, la OCDE identifica la curiosidad como “la capacidad de anticiparse al futuro, el pensamiento crítico y la responsabilidad como algunas de las competencias esenciales para desenvolverse en una sociedad en constante transformación”.
En un contexto marcado por la inteligencia artificial, la automatización y la transformación digital, las competencias más relevantes no serán únicamente técnicas. Saber programar, analizar datos o manejar herramientas digitales será importante, pero no suficiente. También hará falta pensamiento crítico, creatividad, colaboración, capacidad para resolver problemas, criterio ético y autonomía para aprender durante toda la vida.
Y, sin embargo, han sido llamadas durante mucho tiempo “soft skills”… como si no fuesen de Fuerte impacto para la Sociedad, siendo competencias que no siempre se entrenan en una ficha. Menos mal que esto ya ha cambiado, convirtiéndose en Future Skill… El Foro Económico Mundial sitúa precisamente estas capacidades entre las más demandadas para los próximos años, junto a la alfabetización tecnológica y la creatividad. Y estas comienzan con una pregunta, se desarrollan jugando, probando, equivocándose, construyendo, imaginando y compartiendo.
El verano puede convertirse en un pequeño laboratorio de todo eso.
No porque haya que llenar las vacaciones de actividades productivas —la agenda infantil tampoco necesita convertirse en un Excel con flotador—, sino porque el descanso también puede abrir espacio para descubrir intereses que durante el curso quedan enterrados bajo tareas, horarios y evaluaciones.
NO TODAS LAS VOCACIONES EMPIEZAN EN UN AULA
Hay niñas y niños que descubren la ciencia en un museo, cocinando, cuidando plantas, editando un video, jugando a construir mundos digitales, o preguntando a una herramienta de inteligencia artificial por qué el mar cambia de color.
Lo importante no es que todas esas experiencias se etiqueten como STEM. De hecho, muchas veces no hace falta hacerlo. Lo importante es reconocer que detrás de ellas hay habilidades científicas y tecnológicas en construcción.
Cuando una niña diseña una ciudad en un videojuego, está pensando en sistemas.
Cuando un niño crea una animación, está trabajando lógica, narrativa y secuencias.
Cuando alguien monta una maqueta, está experimentando con estructuras, proporciones y materiales.
Cuando graba un podcast, está organizando información y comunicando conocimiento.
Cuando compara respuestas de una IA, está empezando a desarrollar pensamiento crítico digital.
La clave está en mirar esas experiencias de otra manera.
Porque quizá el primer paso para despertar vocaciones STEM no sea decir “esto es ciencia” o “esto es tecnología”, sino ayudar a niñas y niños a darse cuenta de que ya están pensando como personas que investigan, diseñan, crean y resuelven problemas. Y quieren ser parte activa de las TIC y las STEM.
EL RETO NO ES SOLO DESPERTAR VOCACIONES, SINO EVITAR QUE SE APAGUEN
Aquí aparece una cuestión especialmente importante: el talento no entiende de género, pero las expectativas sociales sí. Y esas expectativas empiezan pronto. A menudo, mucho antes de que una niña tenga que elegir optativas, estudios o una carrera profesional.
La Comisión Europea también monitoriza esta evolución a través del índice Women in Digital, que analiza la participación de las mujeres en las competencias digitales, el empleo TIC y el emprendimiento tecnológico en Europa.
Según la UNESCO, las mujeres siguen representando únicamente alrededor del 35 % del alumnado matriculado en estudios STEM a nivel mundial, lo que pone de manifiesto la importancia de trabajar las vocaciones desde edades tempranas.
Cuando desde edades tempranas se orienta a la chicas hacia el cuidado, la comunicación o la búsqueda de aprobación, y a los chicos hacia la construcción, la exploración o el desafío, la relación con la tecnología empieza a configurarse de manera desigual. No porque falte talento o capacidad, sino porque los estímulos, las referencias, la confianza y las oportunidades no siempre llegan de la misma manera.
Por eso el verano también puede ser un tiempo estratégico para ampliar imaginarios.
No se trata de imponer vocaciones, sino de abrir puertas. De mostrar que la tecnología no es un territorio ajeno. Que programar no es solo escribir código. Que la ingeniería también puede estar en una bicicleta, en una receta, en una prótesis, en una app de salud o en una solución para ahorrar agua. Que la inteligencia artificial no es magia, sino una creación humana que necesita criterio, diversidad y responsabilidad.
Y, sobre todo, que las niñas no tienen que esperar a ser mayores para sentirse parte de ese mundo.
CINCO FORMAS DE MIRAR EL VERANO EN CLAVE STEM
Más que una lista de actividades, proponemos una forma distinta de observar lo que ya ocurre durante las vacaciones.
1. Si le gusta contar historias, puede acercarse a la programación
Crear una historia interactiva, un pequeño videojuego o una animación permite descubrir que programar también es narrar. Herramientas como Scratch o ScratchJr ayudan a niñas y niños a diseñar proyectos propios mientras desarrollan lógica, creatividad y resolución de problemas.
No se trata de aprender código por aprender código. Se trata de entender que una idea puede convertirse en algo que funciona.
2. Si pregunta mucho, ya está haciendo ciencia
Las preguntas constantes no son una interrupción del verano. Son materia prima científica.
Observar insectos, mirar las estrellas, hacer experimentos sencillos, visitar un museo o consultar recursos divulgativos puede convertir la curiosidad cotidiana en pensamiento científico. La NASA, por ejemplo, ofrece actividades STEM para distintas edades, con propuestas vinculadas al espacio, la Tierra y la exploración.
La ciencia no empieza cuando llega la respuesta. Empieza cuando alguien se atreve a preguntar.
3. Si usa inteligencia artificial, también debe aprender a cuestionarla
En 2026, muchas niñas y niños ya conviven con herramientas de inteligencia artificial, aunque no siempre sepan identificarlo. Por eso el reto no es solo prohibir o permitir, sino acompañar.
Cada vez más organismos internacionales, como la UNESCO en su recurso “AI competency framework for students”, insisten en que la alfabetización en inteligencia artificial debe formar parte de la educación básica, no solo para utilizar estas herramientas, sino para comprender su funcionamiento, limitaciones e impacto.
La alfabetización en IA implica entender cómo funcionan estos sistemas, qué pueden hacer, qué límites tienen, por qué pueden equivocarse y cómo utilizarlos de forma ética y responsable.
El verano puede ser un buen momento para experimentar con la IA desde preguntas sencillas:
¿Qué respuesta me da?
¿De dónde puede haber sacado esa información?
¿Me está dando hechos o suposiciones?
¿Qué pasaría si cambio la pregunta?
¿A quién beneficia esta tecnología?
¿A quién podría dejar fuera?
La próxima generación no solo necesitará usar inteligencia artificial. Necesitará comprenderla.
4. Si construye, desmonta o mezcla cosas, está entrenando pensamiento ingenieril
Un castillo de arena, una rampa para coches, una cometa, una receta que no sale a la primera o una estructura hecha con piezas de construcción pueden ser pequeñas lecciones de ingeniería.
Ensayo, error, ajuste, mejora. Ese ciclo está en la base de muchas disciplinas STEM.
La diferencia está en cómo acompañamos la experiencia. Preguntar “¿por qué crees que se ha caído?”, “¿qué podrías cambiar?” o “¿cómo lo harías más resistente?” ayuda a convertir el juego en aprendizaje profundo sin quitarle diversión.
5. Si se aburre, quizá está a punto de imaginar algo
El aburrimiento tiene mala reputación, pero puede ser un gran aliado de la creatividad. No todo aprendizaje necesita una pantalla, una actividad organizada o una instrucción adulta.
A veces, cuando no hay nada previsto, aparece una idea.
Y la innovación también nace de ahí: de combinar cosas que parecían no tener relación, de buscar soluciones propias, de ensayar caminos distintos.
En una sociedad que mide tanto el rendimiento, conviene recordar que algunas capacidades decisivas para el futuro necesitan tiempo libre, margen de error y espacio mental.
RECURSOS PARA EXPLORAR SIN REPETIR EL VERANO
Estos recursos pueden ayudar a familias, docentes y menores a acercarse a la ciencia, la tecnología y la inteligencia artificial desde una mirada más creativa, crítica e inclusiva:
- Scratch: comunidad y lenguaje de programación gratuito para crear historias, juegos y animaciones.
- Code AI: recursos gratuitos para entender cómo funciona la IA y trabajar alfabetización digital.
- NASA STEM Activities: actividades, retos y materiales educativos sobre ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas.
- UNICEF – Learning through Play: recursos sobre el valor del juego en el desarrollo de habilidades cognitivas, sociales y creativas.
- OECD Learning Compass 2030: marco internacional sobre competencias, actitudes y valores necesarios para aprender y construir futuro.
- UNESCO – Girls and Women in STEM: informes y recursos sobre la participación de niñas y mujeres en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas.
- AILit Literacy Framework: marco de alfabetización en inteligencia artificial para educación primaria y secundaria.
No son deberes de verano. Son puertas.
APRENDER ANTES DE SABER QUE ESTÁS APRENDIENDO
Quizá dentro de unos años, una joven ingeniera recuerde que todo empezó intentando arreglar una bicicleta. Quizá una investigadora piense en aquel verano en el que miró el cielo por primera vez con atención. Quizá una emprendedora tecnológica descubra que su primera idea nació creando una historia digital en una tarde sin planes. Quizá una futura experta en inteligencia artificial recuerde que, antes de entender los algoritmos, aprendió a hacer buenas preguntas.
No siempre sabemos cuándo empieza una vocación, por eso importa tanto crear contextos donde pueda aparecer. El aprendizaje que no sale en las notas también construye futuro. A veces, incluso, lo construye antes que cualquier asignatura.
Y cuando llegue septiembre, muchas niñas y niños volverán al aula con nuevos conocimientos, pero también con nuevas preguntas. Algunas todavía no tendrán nombre. otras quizás se convertirán algún día en proyectos, estudios, carreras, empresas o soluciones tecnológicas.
Porque la sociedad digital de los próximos años no dependerá solo de quienes sepan usar tecnología. La construirán quienes aprendan, desde muy pronto, que también pueden imaginarla, cuestionarla y crearla.
Y esa es, precisamente, una gran conversación que abordaremos en nuestro próximo post: La primera generación que nunca conoció un mundo sin IA.
La última Milla Digital

Cuando la tecnología llega a todas partes… pero las oportunidades no siempre la acompañan
20 de junio. Día Mundial del Wi-Fi.
30 de junio. Día Mundial de las Redes Sociales.
Dos fechas que celebran algo que muchas veces damos por hecho: vivimos en un mundo conectado permanentemente.
El Wi-Fi nos permite acceder a información y conexión desde prácticamente cualquier lugar. Las redes sociales nos conectan con personas, organizaciones, conocimiento y oportunidades a escala global.
Sin embargo, existe una pregunta que rara vez nos hacemos:
¿Estar en conexión significa realmente participar en la sociedad digital?
Durante años, la conversación sobre la brecha digital se centró en la infraestructura: llevar Internet a todos los hogares, mejorar la cobertura o facilitar el acceso a dispositivos. La tecnología puede llegar a un territorio, a una escuela o a un hogar, pero si no viene acompañada de capacidades, acompañamiento y oportunidades, la brecha digital puede seguir existiendo. Esa es la nueva última milla digital.
TENER CONEXIÓN NO ES LO MISMO QUE TENER OPORTUNIDADES

La expansión de la conectividad ha sido uno de los grandes avances de las últimas décadas.
Según la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), el 68 % de la población mundial utiliza Internet, una cifra que sigue creciendo año tras año. Sin embargo, organismos internacionales como la OCDE o la Comisión Europea en su Informe sobre el estado de la Década Digital de 2026, advierten de que la brecha digital ya no puede medirse únicamente en términos de acceso. Hoy intervienen otros factores como las competencias digitales, la capacidad para utilizar la tecnología de forma crítica, el acceso a formación especializada, la participación en la innovación, y el acceso a oportunidades laborales y empresariales
En otras palabras, la conectividad es necesaria, pero ya no es suficiente.

USAR TECNOLOGÍA NO ES LO MISMO QUE CREARLA
Durante años, el objetivo fue reducir la distancia entre quienes tenían acceso a la tecnología (por vivir en zonas urbanas) y quienes no, reduciendo la denominada brecha digital en el ámbito rural.
Pero la sociedad digital plantea un nuevo reto, pues no basta con poder utilizar herramientas digitales, es imprescindible comprenderlas, conocer su impacto y sus implicaciones éticas, contribuir a su desarrollo y participar en las decisiones que marcarán nuestro futuro digital.
La UNESCO lleva años alertando sobre la necesidad de aumentar la participación de niñas y mujeres en disciplinas STEM para garantizar una transformación digital más inclusiva y representativa. Porque la diferencia entre consumir tecnología y crearla es enorme, y es ahí donde se encuentra la gran brecha de género.
Uno de los casos más conocidos es el de Google Glass: presentado como el futuro de la informática portátil, este dispositivo incorporaba funciones revolucionarias para su época. Sin embargo, la falta de aceptación social, las preocupaciones sobre privacidad y la desconexión entre los usos previstos y la realidad cotidiana, hicieron que cayeran en el olvido.
La lección fue clara: la tecnología puede ser extraordinaria, pero si no conecta con las personas, difícilmente transformará la sociedad.
Quienes diseñan algoritmos, plataformas, aplicaciones o sistemas de inteligencia artificial no solo desarrollan herramientas, crean impacto social real al condicionar cómo aprendemos, trabajamos, nos comunicamos o accedemos a servicios.
Por eso, la hoja de ruta está clara: No solo hay que trabajar para que haya más mujeres usando tecnología, si no para que haya más mujeres creando tecnología, liderando tecnología y generando oportunidades gracias a ella.
EL TALENTO NO ENTIENDE DE CÓDIGO POSTAL
Existe una idea que ha acompañado durante años al desarrollo tecnológico: que la innovación ocurre únicamente en grandes ciudades o polos tecnológicos.
La realidad es mucho más compleja: la llegada de infraestructuras y del Wi-Fi a todos los rincones, supone la viabilidad de la digitalización y la apertura de nuevas posibilidades para trabajar, emprender, colaborar y formarse desde prácticamente cualquier lugar.
La OCDE identifica el teletrabajo, la economía digital y el emprendimiento tecnológico como herramientas con capacidad para revitalizar territorios rurales y generar nuevas oportunidades económicas.
Gracias a la conexión a internet inalámbrica y plataformas sociales (o redes), no solo se han desarrollado nuevas profesiones especializadas (ingeniería 5G, Community Manager, etc), sino que además, cada vez encontramos más ejemplos de profesionales digitales que trabajan desde cualquier lugar, desde municipios o entornos rurales, emprendedoras que comercializan sus productos a través de plataformas digitales, proyectos tecnológicos vinculados a la agricultura inteligente, o iniciativas de formación online que eliminan barreras geográficas. Es decir, ha sido posible la deslocalización de los puestos de trabajo.
La cuestión ya no es si existe talento en todos los territorios, la cuestión es si existen las condiciones necesarias para que ese talento pueda desarrollarse, más allá de brechas, de género y de código postal.


LA TRIPLE BRECHA: CUANDO LAS DESIGUALDADES SE ACUMULAN
No todas las personas parten de la misma posición para aprovechar las oportunidades de la sociedad digital y, en la mayoría de los casos, las brechas no aparecen aisladas… Se superponen.
Una mujer puede encontrarse simultáneamente con: una brecha territorial, una brecha digital, y una brecha de género. Y cuando estas tres dimensiones coinciden, las barreras se multiplican.
Por eso, las estrategias más eficaces no se limitan a desplegar tecnología ni a garantizar el acceso y la presencia en el entorno digital. También trabajan para desarrollar competencias digitales, visibilizar referentes diversos, impulsar el liderazgo femenino y el emprendimiento digital, ofreciendo el acompañamiento educativo y profesional necesario para que todas las personas puedan participar plenamente en la sociedad digital Hablamos, por tanto, de construir redes sin barreras: infraestructuras que conecten territorios y comunidades que conecten personas, favoreciendo la transferencia de conocimiento, el intercambio de experiencias y el apoyo necesario para avanzar hacia una sociedad digital más inclusiva.
Porque la transformación digital puede ampliar desigualdades, y el reto está en cambiar el foco y aprovechar las oportunidades que brinda para reducirlas… La diferencia es sencilla: fomentar ladiversidad de quién participa.
LAS REDES MÁS IMPORTANTES NO SIEMPRE SON DIGITALES
El Día Mundial de las Redes Sociales y el Día Mundial del Wi-Fi nos recuerdan la enorme capacidad de la tecnología para conectar personas superando barreras de cualquier tipo (geográficas, culturales, generacionales o de género). Porque, más allá de nuestras diferencias, los espacios digitales nos permiten encontrar puntos de encuentro: compartir una afición en Instagram, crear redes profesionales en LinkedIn, participar en conversaciones sobre temas de actualidad en X o descubrir comunidades en TikTok
Pero algunas de las conexiones más valiosas no dependen únicamente de algoritmos. Son las que surgen entre mentoras y jóvenes profesionales, emprendedoras y oportunidades, estudiantes y referentes STEM, empresas y talento, o territorios y ecosistemas de innovación.
Y es que estas conexiones tienen un impacto real. Un estudio publicado en Frontiers in Psychology concluyó que la interacción con mujeres referentes en disciplinas STEM mejora las expectativas de éxito académico de las niñas, incrementa su interés por las carreras científico-tecnológicas y contribuye a reducir estereotipos de género asociados a estos ámbitos.
A su vez, la investigación Continuing Education of Academic Women in STEM: The Role of Mentoring and Professional Networks, destaca que la mentoría y las redes profesionales desempeñan un papel clave en la permanencia, el desarrollo profesional y el liderazgo de las mujeres en ámbitos STEM, facilitando el acceso a oportunidades, recursos, colaboración y crecimiento profesional.

La evidencia científica demuestra pues que, disponer de referentes cercanos y formar parte de redes profesionales influye de forma significativa en las decisiones académicas y laborales de niñas y mujeres. Porque ver a alguien, con quien te identificas, ocupando determinados espacios ayuda a imaginar que tú también puedes formar parte de ellos. Y porque contar con una red de apoyo puede marcar la diferencia entre una oportunidad que se aprovecha y una oportunidad que nunca llega a conocerse.
Por eso la visibilidad importa, porque no se puede aspirar a aquello que no se conoce, y no se puede construir una sociedad digital inclusiva dejando fuera parte de su talento.
DE LA CONEXIÓN A LA PARTICIPACIÓN
El Wi-Fi conecta dispositivos.
Las redes sociales conectan personas.
Pero la inclusión digital exige algo más… exige conectar oportunidades.
La verdadera última milla digital ya no se mide en cobertura, velocidad o número de dispositivos conectados. Se mide en capacidades, confianza, referentes, liderazgo, y oportunidades.
La economía de la atención
Seguro que conoces el concepto de economía digital pero, ¿y el de “economía de la atención”? Es la economía invisible que está diseñando cómo pensamos, aprendemos y participamos en la sociedad digital.
Durante décadas se dijo que los datos eran el nuevo petróleo. Hoy, muchos expertos sostienen que el recurso más valioso ya no son los datos… Es nuestra atención.
Por eso, es el momento de preguntarnos ¿quién compite por nuestra atención? Cada día, aplicaciones, plataformas, videojuegos, medios de comunicación, redes sociales, e inteligencia artificial, compiten por segundos de nuestra atención.

Mucho antes de que existieran las redes sociales o la inteligencia artificial, el economista y Premio Nobel Herbert A. Simon ya lo advirtió:
“What information consumes is rather obvious: it consumes the attention of its recipients.” (Lo que consume la información es bastante obvio: consume la atención de quienes la reciben.)
Más de cincuenta años después, su reflexión resulta más actual que nunca: la atención se ha convertido en uno de los principales activos de la economía digital. Y entender cómo se diseña, quién la capta y para quién se construyen esos espacios digitales es una cuestión que afecta directamente a la participación, la inclusión y la igualdad de oportunidades.
CUANDO LA TECNOLOGÍA NO CONSIGUE CONECTAR
Imaginemos una tecnología técnicamente impecable, innovadora y avanzada, capaz de resolver problemas complejos.
Ahora imaginemos que nadie quiere utilizarla. La historia de la innovación está llena de ejemplos que demuestran que el éxito tecnológico no depende únicamente de la capacidad técnica, sino de comprender a las personas.
Uno de los casos más conocidos es el de Google Glass: presentado como el futuro de la informática portátil, este dispositivo incorporaba funciones revolucionarias para su época. Sin embargo, la falta de aceptación social, las preocupaciones sobre privacidad y la desconexión entre los usos previstos y la realidad cotidiana, hicieron que cayeran en el olvido.
La lección fue clara: la tecnología puede ser extraordinaria, pero si no conecta con las personas, difícilmente transformará la sociedad.

CUANDO FALTA DIVERSIDAD, DESDE EL DISEÑO
Pero existe un problema mayor cuando, la desconexión entre tecnología y realidad se produce cuando determinados grupos sociales no están suficientemente representados en el diseño, la investigación o el desarrollo de soluciones.
Durante años, numerosos dispositivos y aplicaciones relacionadas con la salud se desarrollaron sin contemplar adecuadamente variables específicas de la salud femenina.
Diversas investigaciones han señalado que la recopilación de datos biomédicos ha estado históricamente centrada en modelos masculinos, generando lagunas importantes en el conocimiento y en el diseño de determinadas soluciones digitales de salud.
Un ejemplo poco conocido de esto, se produjo durante el desarrollo de los primeros dispositivos comerciales de realidad virtual. Varios estudios observaron que las mujeres experimentaban tasas significativamente mayores de mareo y malestar que los hombres durante el uso de determinados visores. Entre las causas identificadas figuraban decisiones de diseño basadas en parámetros físicos medios masculinos, como la distancia interpupilar utilizada para configurar los dispositivos. Investigaciones posteriores mostraron que ajustar estos parámetros mejoraba notablemente la experiencia de uso para una parte importante de la población.
Y es que la consecuencia no es únicamente una cuestión de representación, es una cuestión de eficacia: cuanto más diversa es la comprensión de un problema, mayores son las posibilidades de desarrollar soluciones útiles para más personas.
Pero existen muchos ejemplos más…
- Algo similar ocurrió con algunos dispositivos de monitorización deportiva y bienestar. Determinados sensores ópticos utilizados para medir frecuencia cardíaca o actividad física presentaban diferencias de precisión en función de variables como el tono de piel, el sexo o determinadas características fisiológicas. Estudios como “Investigating sources of inaccuracy in wereable optical heart rato sensors”, han puesto de manifiesto la importancia de validar las tecnologías con muestras amplias y diversas antes de su adopción masiva.
- También existen ejemplos en el ámbito educativo. Análisis como “Students, Computers and Learning” sobre videojuegos y plataformas de aprendizaje han mostrado que determinados diseños lograban captar la atención de algunos perfiles de alumnado, pero no de otros. Cuando los equipos incorporaron perspectivas más diversas sobre motivación, aprendizaje o interacción, las tasas de participación y permanencia mejoraron significativamente.
LA TECNOLOGÍA QUE “NOS ESCUCHA”
Seguro que alguna vez has pensado que la tecnología te escucha. Buscas un viaje, hablas sobre una serie o muestras interés por un producto… y, de repente, empiezan a aparecer anuncios relacionados por todas partes. En realidad, no se trata solo de escucharnos, sino de captar nuestra atención.
Pero existe una pregunta más importante: ¿la tecnología también escucha a las personas cuando se diseña? Porque entender nuestros clics no es lo mismo que comprender nuestras necesidades.
Existen tecnologías que han conseguido conectar con millones de personas precisamente porque fueron diseñadas teniendo en cuenta diferentes formas de aprender, participar o relacionarse. Uno de los casos más estudiados es Duolingo, la plataforma que ha construido gran parte de su éxito sobre principios de accesibilidad, personalización, gamificación y adaptación a distintos perfiles de aprendizaje.
Otro ejemplo es Minecraft Education. Lo que comenzó como un videojuego se ha convertido en una herramienta educativa utilizada en todo el mundo para fomentar creatividad, colaboración, pensamiento crítico y resolución de problemas.
Ambos casos comparten una idea fundamental: las tecnologías que mejor conectan no son necesariamente las más complejas, si no las que entienden mejor a las personas.

ALGORITMOS, ATENCIÓN Y GÉNERO
Hablar de atención digital no consiste únicamente en analizar algoritmos o modelos de negocio. También implica comprender que no todas las personas experimentan Internet de la misma manera.
Las mujeres y niñas continúan enfrentándose a retos específicos en los entornos digitales relacionados con la seguridad, la representación, la participación pública o la violencia online.
ONU Mujeres ha alertado de forma reiterada sobre cómo las violencias digitales pueden limitar la presencia y participación de mujeres y niñas en espacios digitales y sociales. Al mismo tiempo, organismos como la UNESCO destacan la importancia de fomentar la participación de niñas y mujeres en ámbitos STEM para garantizar una transformación digital más inclusiva y representativa.
Entonces, la cuestión no es únicamente quién utiliza la tecnología… La cuestión es quién participa en su diseño.
Porque captar la atención de una sociedad diversa requiere comprender experiencias diversas, ya que cada día delegamos parte de nuestra atención en sistemas automatizados: los algoritmos seleccionan contenidos, recomiendan vídeos, sugieren perfiles, priorizan noticias y organizan gran parte de la información que consumimos.
Como señala la investigadora Safiya Umoja Noble, “Algorithms are opinions embedded in code”. Es decir, los algoritmos no nacen en el vacío, si no que aprenden de datos, decisiones humanas y patrones culturales.
Por eso, cuando los equipos que desarrollan tecnología son diversos, no solo se reduce el riesgo de reproducir sesgos. También aumenta la capacidad de innovación y de comprensión de las necesidades reales de la sociedad.
LA NUEVA COMPETENCIA DIGITAL: GESTIÓN DE LA ATENCIÓN
Durante años hemos hablado de alfabetización digital, de acceso a Internet, de competencias tecnológicas… Pero la sociedad digital plantea un nuevo desafío: aprender a gestionar nuestra atención.
Porque la atención condiciona lo que aprendemos, lo que creemos, lo que compartimos, lo que ignoramos y, en gran medida, cómo participamos en la sociedad.
La economía de la atención no es únicamente una cuestión tecnológica, es un factor educativo, social y democrático.
Partimos de la premisa de que la tecnología que mejor conecta no es la que consigue que pasemos más tiempo mirando una pantalla. Es la que entiende mejor a las personas que están detrás de ella. No consiste en captar la atención hablando más alto, si no en escuchar mejor.
Y quizá esa sea una de las claves más importantes para construir una transformación digital que beneficie realmente a toda la sociedad: comprender cómo aprenden y se motivan las personas, es esencial para generar un impacto positivo real.
Así lo entendió e hizo Be My Eyes, la aplicación que conecta a personas ciegas o con baja visión con personas voluntarias mediante videollamada.
Su éxito no consiste en captar atención masiva, sino en comprender una necesidad real de un colectivo históricamente poco representado en el diseño tecnológico, y demostrar que las tecnologías más valiosas no siempre son las que consiguen atraer más atención, sino las que escuchan mejor las necesidades de las personas para las que fueron creadas.

Del nicho al algoritmo
CÓMO LA CULTURA GEEK PASÓ DE SER UNA ETIQUETA MARGINAL A CONVERTIRSE EN UNO DE LOS LENGUAJES QUE DISEÑAN EL MUNDO DIGITAL
Hubo un tiempo en el que “ser geek” significaba estar al margen.
En películas, series y narrativas populares, la figura geek aparecía casi siempre asociada a la misma imagen: chicos (de género masculino), apasionados por ordenadores, videojuegos, ciencia ficción o tecnología, que se movían en la incomprensión social y lejos de lo “mainstream”.
Mientras tanto, muchas niñas y adolescentes que compartían esos mismos intereses aprendían algo muy diferente: que debían justificar constantemente su lugar dentro de esos espacios.
Que saber de videojuegos era “sorprendente”.
Que interesarse por programación era “poco común”.
Que participar en comunidades tecnológicas implicaba demostrar más, explicar más o encajar en códigos construidos históricamente desde miradas masculinizadas.
Pero algo cambió.
Porque mientras el mundo seguía viendo lo geek como una subcultura, esa cultura estaba empezando a construir el futuro digital.
Y hoy, en plena era de la inteligencia artificial, los algoritmos, el streaming, los videojuegos masivos y las comunidades online… aquello que antes era “de nicho” se ha convertido en uno de los principales motores culturales, tecnológicos y económicos de la sociedad conectada.

CUANDO LO GEEK EMPEZÓ A CONSTRUIR REALIDAD
“The future is already here — it’s just not very evenly distributed” | William Gibson, escritor y referente de la ciencia ficción cyberpunk
Durante años, muchas de las ideas que hoy forman parte de la vida cotidiana nacieron dentro de universos considerados “geek”: inteligencia artificial, realidad virtual, comunidades digitales, mundos inmersivos, asistentes virtuales, identidades online, etc.
Y, lo que antes parecía ficción, hoy estructura la realidad.
La cultura geek dejó de ser únicamente entretenimiento para convertirse en un lenguaje tecnológico, una industria creativa que ha desarrollado un ecosistema profesional y un espacio de innovación.
Según la consultora Newzoo, la industria global del videojuego supera ya a sectores tradicionales del entretenimiento como el cine o la música en ingresos globales. Y en paralelo, plataformas como Twitch, Discord o Reddit han redefinido cómo se crean comunidades, referentes y espacios de participación digital.
LA ETIQUETA GEEK NO SIGNIFICA LO MISMO PARA TODO EL MUNDO
“You can’t be what you can’t see.” | Marian Wright Edelman, activista y escritora
Aunque la cultura geek se ha expandido globalmente, las experiencias dentro de ella no siempre han sido iguales. Diversos estudios han mostrado cómo las mujeres continúan enfrentándose a dinámicas de cuestionamiento o invisibilización en comunidades vinculadas a videojuegos, tecnología o cultura digital.
Un ejemplo ampliamente estudiado es el fenómeno conocido como “fake geek girl”, utilizado para cuestionar la autenticidad de mujeres y chicas dentro de espacios geek o fandoms tecnológicos. La investigadora Suzanne Scott analiza este fenómeno en Fake Geek Girls: Fandom, Gender, and the Convergence Culture Industry, donde aborda las tensiones de género en la cultura fan y cómo determinados espacios han funcionado históricamente como territorios de validación masculina, con consecuencias como menor representación, autocensura e invisibilización de referentes femeninos.
Pero también ha generado una transformación progresiva, que culmina en la generación de nuevas creadoras, comunidades inclusivas, divulgadoras STEM, desarrolladoras de videojuegos, streamers científicas y tecnológicas… porque la etiqueta geek ya no pertenece a un único perfil.
DEL FANDOM A LAS PROFESIONES DEL FUTURO
“Science fiction is not predictive; it is descriptive” | Ursula K. Le Guin, escritora
Las nuevas generaciones están creciendo en universos digitales donde entretenimiento, tecnología y aprendizaje conviven constantemente.
Hoy, se aprende programación jugando, se descubren vocaciones STEM a través de videojuegos, se desarrolla pensamiento estratégico en entornos online, se crean comunidades globales desde plataformas digitales… y mucho más.
Por ello, y también según la UNESCO, fomentar referentes diversos en STEM es clave para aumentar la participación de niñas y mujeres en ámbitos tecnológicos y científicos, y es ahí donde la cultura geek ya no puede entenderse únicamente como ocio.
Ser Geek es la puerta de entrada al desarrollo de competencias digitales, al espacio por excelencia de creatividad tecnológica, y al mayor laboratorio social de innovación.
Y aquí aparece el reto fundamental: quiénes participan en la construcción de esos universos digitales.
LOS ALGORITMOS TAMBIÉN APRENDEN DE LA CULTURA
“Algorithms are opinions embedded in code” | Safiya Umoja Noble, investigadora y autora de Algorithms of Oppression
Las plataformas digitales actuales no solo organizan información, también organizan visibilidad, tendencias y referentes…. Y, por lo tanto, impacto social.
Los algoritmos aprenden de comportamientos, contenidos y patrones culturales existentes y, eso significa que las desigualdades también pueden amplificarse dentro de ecosistemas digitales aparentemente abiertos.
Según investigaciones del Geena Davis Institute, las mujeres siguen estando infrarrepresentadas en determinados espacios de videojuegos y contenidos tecnológicos, especialmente en roles de liderazgo o representación experta. Por eso, hablar de igualdad digital ya no consiste únicamente en garantizar acceso a la tecnología, sino que implica el control de quién aparece, quién participa, quién lidera, y quién diseña las narrativas digitales del futuro.
EL NUEVO RETO: HABITAR Y DISEÑAR LOS UNIVERSOS DIGITALES
La generación que hoy crece entre videojuegos, plataformas sociales, inteligencia artificial y comunidades online, ya no diferencia entre “mundo digital” y “mundo real”, porque ambos forman parte de la misma experiencia cotidiana.
Y precisamente por eso, la cultura geek ya no es un nicho… es uno de los espacios desde los que se construyen identidades, referentes, creatividad, innovación, profesiones futuras, y comunidades globales.
El reto ahora no es solo participar en esos espacios, debemos ir más allá para asegurar que sean inclusivos, diversos, seguros, responsables y representativos. Porque las tecnologías que definirán el futuro, están aprendiendo de la cultura que consumimos hoy.
Por todo esto, quizá lo verdaderamente revolucionario de la cultura geek no fue imaginar el futuro, sino acabar construyéndolo. Porque el futuro digital no se hereda, se crea. Y necesitamos más voces diversas participando en esa construcción.
Y ahora que ese futuro ya forma parte de la vida cotidiana, la pregunta que nos hacemos es … ¿Quién está ayudando a diseñar los universos digitales donde crecerán las próximas generaciones?
Internet ya no es un lugar

IDENTIDAD DIGITAL, ALGORITMOS SOCIALES Y LA NUEVA REALIDAD EN LA VIVIMOS
Hubo un tiempo en el que Internet era un lugar al que conectarse…
Era una ventana abierta al mundo. Un espacio separado de la vida cotidiana al que se accedía desde un ordenador, con una conexión puntual y un objetivo concreto: buscar información, enviar un correo o entrar en un chat. Internet era entonces una herramienta.
Hoy, en cambio, Internet ya no es un lugar…
Ya no está “al otro lado” de la pantalla. Está integrado en cómo trabajamos, aprendemos, nos relacionamos, consumimos información, construimos identidad y participamos en la sociedad.
La transformación digital ha cambiado tanto nuestra relación con la tecnología que Internet ha dejado de ser únicamente una red de conexión para convertirse en una capa permanente de la realidad.
Y eso cambia también las preguntas que debemos hacernos porque, si Internet ya no es un lugar, sino un entorno en el que vivimos… la igualdad, la representación y los derechos también deben construirse dentro de él.
El Día de Internet nació con el objetivo de promover el acceso y el buen uso de las tecnologías digitales. Pero dos décadas después, el debate ya no gira únicamente en torno a la conectividad. Hoy la conversación se ha desplazado hacia cómo Internet condiciona la participación social, la representación, el acceso a oportunidades y la construcción de la realidad cotidiana.

IDENTIDAD DIGITAL: QUIÉNES SOMOS CUANDO ESTAMOS CONECTADAS
“Technology doesn’t just change what we do; it changes who we are.”
— Sherry Turkle, socióloga y profesora del MIT
La identidad digital ya no es un elemento accesorio. Forma parte de la identidad personal, profesional y social.
Perfiles, publicaciones, interacciones, historial de navegación, datos biométricos o reputación online configuran una huella digital que influye en cómo nos relacionamos y cómo somos percibidas.
En este contexto, la representación importa… Especialmente para niñas y mujeres, cuya presencia en el entorno digital continúa enfrentándose a desafíos específicos como: acoso online, hiperexposición, presión estética algorítmica, desinformación e invisibilización en espacios y entornos tecnológicos.
Según ONU Mujeres, la violencia digital contra mujeres y niñas se ha convertido en una extensión de las desigualdades estructurales existentes fuera de Internet. Naciones Unidas alerta además de que las violencias digitales afectan especialmente a mujeres y niñas en espacios de participación pública y social, condicionando su presencia, visibilidad y libertad de expresión en entornos online.
Pero la identidad digital también abre oportunidades, gracias a la creación de comunidades, el acceso a conocimiento, la visibilidad profesional, y la participación global.
Y es que el reto ya no es solo estar conectadas, es participar y formar parte en igualdad de condiciones dentro de un entorno digital que influye directamente en la vida real.

LA REALIDAD HÍBRIDA: VIVIR ENTRE LO FÍSICO Y LO DIGITAL
“Our machines are disturbingly lively, and we ourselves frighteningly inert.”
— Donna Haraway, autora de A Cyborg Manifesto
Durante años se habló de “mundo online” y “mundo offline” como si fueran espacios separados… Hoy esa frontera es cada vez más difusa.
La educación, el trabajo, la salud, el ocio o las relaciones personales funcionan ya en modelos híbridos donde lo digital y lo presencial conviven constantemente hasta el punto de que, en muchas ocasiones, la frontera entre lo físico y lo digital ya resulta prácticamente imperceptible.
La inteligencia artificial, la automatización o los entornos inmersivos están acelerando aún más esa transformación, por lo que las generaciones más jóvenes no tendrán que adaptarse a esta realidad híbrida porque crecerán directamente dentro de ella. Según UNICEF, una de cada tres personas usuarias de Internet en el mundo es menor de edad, lo que convierte a la infancia y la adolescencia en protagonistas directas de la transformación digital global.
Y eso implica una responsabilidad colectiva: asegurar que esos entornos digitales sean inclusivos, responsables, seguros y representativos.
Así como velar porque las desigualdades puedan amplificarse cuando los espacios digitales no se diseñan teniendo en cuenta la diversidad de experiencias y necesidades.

ALGORITMOS SOCIALES: QUIÉN DECIDE LO QUE VEMOS
“Algorithms are opinions embedded in code.”
— Safiya Umoja Noble, investigadora y autora de Algorithms of Oppression
Los algoritmos organizan gran parte de la experiencia digital: seleccionan contenidos, recomiendan vídeos, priorizan publicaciones, sugieren perfiles, y determinan visibilidad.
En otras palabras… influyen en cómo entendemos el mundo.
Diversas investigaciones han mostrado cómo determinados sistemas algorítmicos pueden reproducir sesgos de género o amplificar estereotipos existentes si se entrenan con datos no representativos. Uno de los estudios más conocidos en este ámbito es Gender Shades, desarrollado por la investigadora Joy Buolamwini en el MIT Media Lab, que evidenció mayores tasas de error en sistemas de reconocimiento facial aplicados a mujeres racializadas.
Esto demuestra que la tecnología no es neutral por sí sola y que, por eso, la diversidad en los equipos STEM, en la investigación y en el desarrollo tecnológico no es únicamente una cuestión de representación: es una condición necesaria para construir sistemas más justos, precisos e inclusivos. En este contexto, organismos como la UNESCO, continúan alertando sobre la necesidad de aumentar la participación de mujeres y niñas en ámbitos STEM, especialmente en áreas vinculadas al desarrollo tecnológico y la inteligencia artificial, donde todavía persisten importantes brechas de representación.
La diversidad en el desarrollo tecnológico no solo reduce sesgos: también amplía perspectivas, mejora la capacidad de innovación y permite diseñar soluciones más representativas de la sociedad real.

VIDA CONECTADA: INTERNET COMO INFRAESTRUCTURA DE LA SOCIEDAD
“Technology is not a set of neutral tools.”
— Ursula Franklin, física y pensadora canadiense
Internet ya no se limita a la comunicación y al flujo de información.
Hoy sostiene los servicios públicos y educativos, las plataformas de salud, los procesos administrativos, ha generado nuevos modelos y sistemas de trabajo, dando lugar a la redefinición del comercio y su economía digital.
La sociedad conectada depende cada vez más de infraestructuras digitales invisibles que condicionan oportunidades y acceso a derechos. Según la Comisión Europea, más del 90% de los empleos ya requieren competencias digitales básicas. La propia Comisión Europea, en su estrategia digital, sitúa el desarrollo de competencias digitales como una prioridad estratégica para garantizar la participación social, profesional y económica en la sociedad digital.
Esto significa que la inclusión digital ya no puede entenderse solo como acceso a dispositivos o conexión, y que la brecha digital supone muchos más riesgos de exclusión.
Es ahora, (y para siempre), cuando conceptos que históricamente se han ido desarrollando, alcanzan un protagonismo indiscutible: La alfabetización digital, el pensamiento crítico, la comprensión tecnológica y la capacidad de creación y participación.
Y aquí vuelve a aparecer una cuestión clave: ¿quién diseña las herramientas digitales que estructuran la vida cotidiana?
INTERNET COMO ESPACIO DE CONSTRUCCIÓN COLECTIVA
Por todo esto, el Día de Internet ya no puede limitarse a celebrar la conectividad.
Debe ser también una oportunidad para reflexionar sobre el tipo de entorno digital que estamos construyendo… porque Internet ya no es un lugar al que entrar, es el espacio donde:
- Se construyen las identidades y las relaciones
- Se guarda, organiza y desde donde circula la información
- Se generan nuevas oportunidades humanas, sociales y profesionales
- Se obtiene posicionamiento y se toman decisiones
- Se visibilizan, forman y acercan referentes
Y si Internet es ya una capa de la realidad, la igualdad también debe programarse dentro de ella.
Las nuevas generaciones no heredarán solo dispositivos o plataformas. Heredarán los algoritmos, las reglas y los entornos digitales que estamos diseñando hoy. Por eso, el verdadero desafío no es únicamente tecnológico, sino garantizar que ese futuro digital sea más inclusivo, seguro y pensado para todas las personas.
Porque Internet ya no es solo un lugar al que conectarse… Es el espacio donde las próximas generaciones aprenderán, trabajarán, crearán vínculos y descubrirán quiénes quieren ser.
La pregunta es: ¿estamos construyendo un entorno digital a la altura de ese futuro?
Las niñas no solo usarán la tecnología: vivirán dentro de ella

Puede parecer un ejercicio creativo pero, en realidad, es exactamente lo que está ocurriendo.
Hoy, la tecnología que definirá el futuro (inteligencia artificial, datos, entornos digitales, sistemas automatizados), se está diseñando a partir de decisiones concretas.
Y esas decisiones funcionan, en cierto modo, como un prompt colectivo: instrucciones que determinan cómo será el mundo digital en el que vivirán las próximas generaciones.
DE USAR TECNOLOGÍA A HABITARLA
Las niñas de hoy no solo utilizarán herramientas digitales.
Crecerán en un entorno donde:
- La inteligencia artificial influirá en decisiones cotidianas.
- Los algoritmos condicionarán el acceso a la información.
- La identidad digital será parte de la identidad personal.
- Los entornos virtuales ampliarán los espacios de relación y aprendizaje.
Según la Comisión Europea, la digitalización está redefiniendo sectores clave como la educación, el empleo o la salud. Esto implica un cambio estructural ya que la tecnología ya no es algo que se usa, es el entorno en el que se vive.
EL PROBLEMA NO ES EL ACCESO. ES LA CONSTRUCCIÓN

En los últimos años se ha avanzado en el acceso de niñas a la tecnología, pero la brecha persiste en otro nivel: el de la creación.
Según la UNESCO, las mujeres apenas representan alrededor del 30% del talento en STEM, y su presencia es aún más reducida en ámbitos clave como inteligencia artificial o ingeniería.
El World Economic Forum confirma esta tendencia: las mujeres siguen infrarrepresentadas en los roles tecnológicos emergentes.
Esto significa que el “prompt” que está definiendo el mundo digital no se está construyendo con todas las manos ni desde todas las perspectivas.
CUANDO EL PROMPT NO ES DIVERSO, EL RESULTADO TAMPOCO LO ES
La tecnología no es neutra. Ejemplos como el proyecto Gender Shades del MIT han demostrado que sistemas de reconocimiento facial presentan mayores tasas de error en mujeres, especialmente en mujeres racializadas. Esto ocurre por una razón clara, y es que los datos y los equipos que diseñan la tecnología no siempre son diversos y, por lo tanto, no son responsables.
Y cuando el punto de partida es incompleto, el resultado también lo es.
Pero el impacto no es solo social, sino que también es económico… Según el informe Future of Jobs del World Economic Forum, los perfiles más demandados estarán vinculados a: inteligencia artificial, análisis de datos, ciberseguridad, y desarrollo tecnológico
Esto redefine el reto porque no se trata solo de impulsar las vocaciones STEM, se trata de brindar acceso a las oportunidades del futuro
REESCRIBIR EL PROMPT: DE LA INSPIRACIÓN A LA ACCIÓN
Si el mundo digital se está construyendo ahora, también puede mejorarse ahora.
Existen iniciativas que ya están contribuyendo a reescribir ese “prompt”:
- Technovation Girls: niñas que desarrollan soluciones tecnológicas a problemas reales
- Girls in Tech: comunidad global de talento femenino en tecnología
- European Girls in ICT Day: impulso institucional a la participación femenina en el ámbito digital
Estas iniciativas tienen algo en común y es que no solo inspiran, sino que permiten crear…

El cuerpo en datos: la revolución silenciosa que está redefiniendo la salud de las mujeres
Durante décadas, la investigación médica se ha construido sobre datos que no representaban de forma equilibrada a mujeres y hombres, estando infrarrepresentadas en ensayos clínicos como reconoció el NIH (National Institutes of Health) en 2016, estableciendo la obligación a partir de entonces, de considerar el sexo como variable biológica en investigación.
Hoy, ese paradigma está cambiando. Y lo está haciendo a través de dos grandes transformaciones: la digitalización de la salud y el crecimiento de un ecosistema específico conocido como FemTech.
Ambas están dando lugar a una nueva realidad: el cuerpo de las mujeres empieza, por fin, a ser medido, analizado y comprendido desde sus propias características.

DE LA INVISIBILIDAD DE LOS DATOS A LA SALUD EN TIEMPO REAL
Históricamente, la falta de datos específicos sobre la salud femenina ha tenido consecuencias relevantes. Es decir, no considerar las diferencias biológicas tiene un impacto directo en la seguridad. Por ejemplo, un caso paradigmático fue el del zolpidem, un fármaco para el insomnio. En 2013, la FDA exigió reducir la dosis recomendada en mujeres al comprobar que lo eliminaban más lentamente que los hombres, lo que aumentaba el riesgo de somnolencia y deterioro al día siguiente.
No es un caso aislado. La literatura científica también ha descrito que las mujeres presentan mayor riesgo de prolongación del intervalo QT inducida por determinados medicamentos, un efecto adverso potencialmente grave que muestra hasta qué punto el sexo biológico puede modificar la seguridad de los tratamientos, ya que la evidencia revisada muestra que las mujeres tienen mayor riesgo de desarrollar este impacto negativo, que puede desencadenar arritmias graves.
Otro ejemplo es el del estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), que demuestra que los sesgos en salud no son teóricos y que, en palabras del profesor de la Universidad Hebrea de Jerusalén, Shoham Chosen-Hillel, existe un “tratamiento insuficiente del dolor de las pacientes femeninas, que podría tener implicaciones graves en los resultados de salud de las mujeres, lo que podría conducir a tiempos de recuperación más largos, complicaciones o afecciones de dolor crónico”.
Con la irrupción de la tecnología digital, esta situación empieza a transformarse.
Hoy, millones de mujeres generan datos de salud en tiempo real a través de:
- Aplicaciones de seguimiento menstrual
- Dispositivos wearables
- Plataformas de salud digital
- Herramientas de monitorización hormonal
Estos sistemas permiten recoger información sobre ciclos, fertilidad, sueño, actividad física o síntomas asociados a distintas etapas vitales. Este cambio no es menor. Supone pasar de una medicina basada en datos generalizados a una medicina más contextualizada y personalizada, donde las diferencias biológicas y hormonales empiezan a tenerse en cuenta.
FEMTECH: PONER NOMBRE A UNA NECESIDAD HISTÓRICA
En este contexto surge el término FemTech (Female Technology), acuñado en 2016 por la emprendedora Ida Tin, fundadora de la app Clue.
FemTech engloba el conjunto de tecnologías diseñadas específicamente para abordar la salud de las mujeres, incluyendo ámbitos como:
- Salud menstrual
- Fertilidad
- Embarazo y posparto
- Menopausia
- Salud hormonal y sexual
Aplicaciones como Clue (con más de 10 millones de usuarias) o Flo Health (con más de 50 millones de usuarias activas), han permitido pues realizar un seguimiento del ciclo menstrual, identificar de patrones hormonales, y recopilar masivamente datos de salud femenina. Desde entonces, el sector ha experimentado un crecimiento significativo, impulsado tanto por la innovación tecnológica como por una demanda social que durante mucho tiempo no había sido atendida.
El sector FemTech crece de forma constante a nivel global, con un mercado que está creciendo rápidamente y del cual se espera que supere los 50.000 millones de dólares en los próximos años.
Sin embargo, este avance convive con una paradoja: pese a su potencial, el FemTech sigue recibiendo menos inversión que otros sectores tecnológicos, lo que limita su desarrollo y escalabilidad: las startups lideradas por mujeres reciben menos financiación (en torno al 2% del capital riesgo global, según datos recurrentes de Crunchbase y PitchBook). En conclusión, existe una brecha entre la relevancia del problema y la inversión destinada a resolverlo.
DATOS, DISEÑO Y DECISIONES: QUIÉN MIDE Y PARA QUÉ
La generación masiva de datos sobre salud abre nuevas oportunidades, pero también plantea preguntas clave.
Porque no se trata solo de medir, sino de entender:
- ¿Quién diseña estas tecnologías?
- ¿Qué variables se tienen en cuenta?
- ¿Cómo se interpretan los datos generados?
La calidad y utilidad de estos sistemas depende en gran medida de cómo se construyen. Si los equipos que diseñan soluciones tecnológicas no incorporan diversidad, existe el riesgo de reproducir sesgos o de simplificar realidades complejas.
En este sentido, integrar la perspectiva de género en el desarrollo tecnológico no es una cuestión accesoria, sino estructural. Es lo que permite que los datos reflejen mejor la realidad y que las soluciones respondan a necesidades reales. Por ejemplo, estudios como “Wearable sensors for monitoring the physiological and biochemical profile of the athlete”, publicado en npj Digital Medicine, han demostrado que algunos wearables (que miden la frecuencia cardiaca, entre otras cosas) tienen menor precisión en mujeres o en determinados perfiles
Disponer de acceso a información sobre la salud propia, tiene un claro potencial. Permite tomar decisiones informadas, anticipar problemas y mejorar la calidad de vida… Pero también introduce nuevos desafíos: el uso de datos de salud plantea cuestiones relevantes en torno a la privacidad, la seguridad de la información, el uso comercial de los datos, la fiabilidad de las herramientas.
En un entorno donde la tecnología avanza rápidamente, es necesario asegurar que el desarrollo de estas soluciones esté acompañado de criterios éticos, regulatorios y científicos sólidos.
UNA REVOLUCIÓN QUE YA ESTÁ EN MARCHA
La digitalización de la salud y el crecimiento del FemTech están redefiniendo la forma en que entendemos el cuerpo, la medicina y el bienestar. Incorporar talento femenino en el ámbito STEM, desde la investigación hasta el desarrollo tecnológico, es clave para ampliar el conocimiento científico, mejorar la calidad de los datos, diseñar soluciones más inclusivas, y responder a necesidades históricamente desatendidas.
Porque cuando los datos cambian, también cambia la forma de diagnosticar. Y cuando cambia el diagnóstico, se transforma la manera de cuidar. McKinsey ha demostrado que equipos diversos tienen mayor capacidad de innovación, por lo que no es solo una cuestión de equidad, sino de calidad en las soluciones.
Es hora de impulsar una revolución que no solo mejore la salud de las mujeres, sino que construya un sistema sanitario más preciso, justo y preparado para el futuro. Hoy, el reto no es solo generar más datos, sino generar mejores datos, y necesitamos actuar para lograrlo.
Proteger lo que no se ve
IDENTIDAD DIGITAL, RESILIENCIA Y CONFIANZA EN LA SOCIEDAD CONECTADA
La ciberseguridad ya no es solo una cuestión técnica, se ha convertido en una infraestructura esencial para el funcionamiento de la economía, las instituciones y la vida cotidiana.
Cada día dejamos rastro en múltiples sistemas conectados: identidades digitales, datos sanitarios, información financiera, servicios públicos, plataformas de comunicación o redes profesionales. Proteger todo ese ecosistema invisible se ha convertido en uno de los grandes retos de nuestro tiempo.
Según la Agencia de Ciberseguridad de la Unión Europea (ENISA), el número y la sofisticación de los ciberataques ha crecido de forma significativa en los últimos años, afectando especialmente a infraestructuras críticas, administraciones públicas y servicios esenciales para la ciudadanía.
En este contexto, la ciberseguridad ya no se limita a proteger sistemas informáticos: protege identidades, derechos y confianza digital.

LA IDENTIDAD DIGITAL COMO NUEVA FRONTERA
Cada persona tiene hoy múltiples identidades digitales: perfiles profesionales, cuentas bancarias, registros sanitarios, certificados electrónicos o credenciales de acceso a servicios públicos.
La Comisión Europea considera que la identidad digital segura es uno de los pilares para el desarrollo de la economía digital y de los servicios públicos del futuro. Por eso impulsa iniciativas como el European Digital Identity Framework, que busca ofrecer a la ciudadanía una identidad digital segura y verificable para acceder a servicios en toda la Unión Europea.
Este escenario plantea nuevos retos. La aparición de tecnologías como la inteligencia artificial generativa ha incrementado riesgos como la suplantación de identidad, los deepfakes o el fraude digital, lo que obliga a reforzar los sistemas de verificación, autenticación y protección de datos.
La ciberseguridad se sitúa así en una nueva frontera: proteger quiénes somos en el entorno digital.
LA CIBERSEGURIDAD COMO INFRAESTRUCTURA DEMOCRÁTICA
Pero la identidad digital es solo una parte del problema.
La ciberseguridad también protege elementos fundamentales para el funcionamiento de la sociedad: hospitales, redes eléctricas, sistemas de transporte, administraciones públicas o procesos electorales.
La Directiva europea NIS2, aprobada para reforzar la seguridad de redes y sistemas de información, reconoce precisamente que la resiliencia digital es esencial para la estabilidad económica y democrática de los países europeos.
Servicios esenciales como la sanidad, la energía o las infraestructuras de transporte dependen cada vez más de sistemas conectados. Cuando estos sistemas fallan o son atacados, el impacto trasciende lo tecnológico y afecta directamente a la vida de las personas.
Por eso cada vez se habla más de la ciberseguridad como una infraestructura democrática: un sistema de protección que garantiza que la sociedad digital funcione con seguridad y confianza.
RESILIENCIA DIGITAL: EL NUEVO PARADIGMA
En este escenario ha surgido un concepto clave: resiliencia digital.
Durante años, la estrategia principal de la ciberseguridad consistía en prevenir ataques. Hoy sabemos que en un entorno hiperconectado ningún sistema es completamente invulnerable.
Por eso el enfoque actual se centra en resistir, responder y recuperarse.
El Foro Económico Mundial destaca la resiliencia digital como uno de los elementos fundamentales para garantizar la continuidad de los servicios esenciales y la estabilidad de las economías en un entorno digital cada vez más complejo.
Esto implica diseñar sistemas capaces de detectar incidentes rápidamente, minimizar su impacto y recuperar el funcionamiento normal con la mayor rapidez posible.
La resiliencia digital no es solo una cuestión tecnológica. También depende de factores como la cooperación institucional, la formación de profesionales especializados y la concienciación de la ciudadanía.
EL FACTOR HUMANO EN LA SEGURIDAD DIGITAL
En medio de todos estos avances tecnológicos, hay un elemento que sigue siendo determinante: las personas.
La Agencia Europea de Ciberseguridad recuerda que el factor humano sigue siendo uno de los principales vectores de riesgo en los incidentes de seguridad, pero también una de las principales oportunidades para fortalecer la protección digital mediante formación y cultura de seguridad.
Por eso el desarrollo de talento especializado se ha convertido en una prioridad estratégica.
El informe Cybersecurity Workforce Study de ISC estima que el mundo necesita millones de profesionales adicionales en ciberseguridad para cubrir la demanda global de talento en este ámbito.
En ese contexto, la participación de las mujeres en el sector tecnológico y de la ciberseguridad no es solo una cuestión de igualdad: es también una cuestión de capacidad colectiva para afrontar los retos de la sociedad digital.
La diversidad en los equipos tecnológicos contribuye a mejorar la innovación, ampliar perspectivas y diseñar soluciones más robustas para problemas complejos.
HACIA TERRITORIOS SEGUROS EN UN FUTURO CONECTADO
La transformación digital de la sociedad seguirá avanzando. Ciudades inteligentes, inteligencia artificial, servicios públicos digitales o infraestructuras conectadas formarán parte cada vez más visible de nuestra vida cotidiana.
El reto consiste en garantizar que todo ese ecosistema funcione de forma segura, resiliente y fiable.
Iniciativas como el Congreso de Ciberseguridad de Andalucía, organizado por la Agencia Digital de Andalucía bajo el lema Secure Territories, Connected Future, ponen el foco precisamente en ese desafío colectivo: construir territorios conectados donde la seguridad digital sea una base para el progreso económico y social.
Porque en una sociedad digital, proteger sistemas también significa proteger personas, derechos y oportunidades.
Y para afrontar ese reto, el talento que diseñe las soluciones deberá reflejar la diversidad de la sociedad a la que protege.
El futuro de la ciberseguridad, como el de la propia tecnología, será más sólido cuanto más plural sea el conocimiento que lo construya.
Las innovadoras que llevas dentro
La genealogía femenina que está construyendo el futuro digital
Hay ideas que funcionan como mapas para entender el presente. El lema del 8M impulsado por el Instituto Andaluz de la Mujer de la Junta de Andalucía —“Mujeres por Bandera: Las mujeres que llevas dentro”— es una de ellas. Nos recuerda que ninguna trayectoria se construye en solitario: cada mujer es también el resultado de otras mujeres que abrieron caminos antes.
En ciencia y tecnología, esta idea se puede explicar con una palabra clave: genealogía. No se trata solo de memoria histórica, sino de reconocer que el conocimiento, la innovación y las oportunidades se transmiten entre generaciones. Cada avance científico es, en parte, el resultado de preguntas, descubrimientos y esfuerzos acumulados.
En una sociedad que ya es plenamente digital —donde la inteligencia artificial, los datos o la ciberseguridad forman parte de la vida cotidiana— entender esta genealogía es esencial. Porque la tecnología que hoy utilizamos también lleva la huella de mujeres que, durante décadas, contribuyeron a desarrollarla, muchas veces sin recibir el reconocimiento que merecían.
Hablar de “las innovadoras que llevas dentro” es, por tanto, reconocer que dentro de cada mujer que hoy estudia, investiga, diseña tecnología o divulga ciencia también habitan esas pioneras que han hecho posible nuestro presente.
LAS PIONERAS QUE INICIARON LA CADENA
La genealogía de la innovación tecnológica no es solo un concepto, son mujeres con nombres propios.
Uno de ellos es Ada Lovelace, matemática del siglo XIX considerada la primera programadora de la historia. En sus notas sobre la máquina analítica de Charles Babbage describió un algoritmo que hoy se reconoce como el primer programa informático. Lovelace entendió algo extraordinario para su época: que las máquinas podían ir más allá del cálculo numérico. En sus palabras: “The Analytical Engine has no pretensions whatever to originate anything. It can do whatever we know how to order it to perform.”

Más de un siglo después, otra mujer contribuiría a sentar bases de la conectividad moderna. Hedy Lamarr, conocida también por su carrera como actriz, fue coautora en 1941 de un sistema de comunicaciones basado en salto de frecuencia que acabaría influyendo en tecnologías inalámbricas como el WiFi o el Bluetooth.
En el desarrollo del software moderno, el legado de Grace Hopper es fundamental. Científica informática y almirante de la Marina estadounidense, participó en la creación de uno de los primeros compiladores y en el desarrollo del lenguaje COBOL. Su visión de la tecnología siempre estuvo ligada al cambio y la innovación: “The most dangerous phrase in the language is: ‘We’ve always done it this way.’”
En el ámbito de la exploración espacial, la matemática Katherine Johnson desempeñó un papel decisivo en los cálculos de trayectoria que permitieron misiones clave de la NASA durante la carrera espacial, incluido el vuelo orbital de John Glenn en 1962. Sus cálculos manuales ayudaron a garantizar la seguridad de las misiones Mercury y Apollo en una época en la que la computación aún estaba en desarrollo.
A estas figuras conocidas se suman otras menos difundidas pero igualmente decisivas. Es el caso de Radia Perlman, ingeniera informática conocida como “la madre de Internet” por desarrollar el Spanning Tree Protocol, un algoritmo fundamental para el funcionamiento de las redes informáticas modernas que permite que Internet opere de forma eficiente evitando bucles en las redes.
La historia de la innovación científica también incluye aportaciones fundamentales en campos que hoy influyen directamente en la tecnología. La química y cristalógrafa británica Rosalind Franklin desempeñó un papel crucial en la comprensión de la estructura del ADN gracias a sus imágenes de difracción de rayos X, especialmente la conocida como Fotografía 51, que proporcionó evidencias clave para identificar la doble hélice del ADN. Su trabajo se ha reconocido posteriormente como esencial para uno de los descubrimientos científicos más importantes del siglo XX.
Otra figura central en la historia de la computación es Margaret Hamilton, ingeniera informática que dirigió el desarrollo del software de navegación para el programa Apollo de la NASA. El sistema que su equipo creó permitió que el Apollo 11 aterrizara con éxito en la Luna en 1969, incluso cuando el ordenador de a bordo comenzó a recibir más información de la que podía procesar. Fue también una de las primeras personas en utilizar el término “ingeniería del software” para describir esta disciplina.
La innovación tecnológica sigue escribiéndose también en el presente. Un ejemplo reciente es Katie Bouman, científica informática que lideró el desarrollo de uno de los algoritmos utilizados para generar la primera imagen de un agujero negro en 2019, dentro del proyecto internacional Event Horizon Telescope. Su trabajo permitió transformar enormes cantidades de datos recogidos por radiotelescopios de todo el mundo en una imagen que dio la vuelta al planeta.
Cada una de estas mujeres, desde contextos y disciplinas diferentes, contribuyó a construir los cimientos científicos y tecnológicos que sostienen la sociedad digital en la que hoy vivimos. Sus avances no fueron episodios aislados, sino eslabones de una cadena de conocimiento que continúa creciendo generación tras generación. Y, junto a ellas, también están muchas otras mujeres cuyos nombres apenas aparecen en los libros de historia o en los relatos de la innovación, porque durante décadas sus aportaciones quedaron invisibilizadas, atribuidas a otros o simplemente olvidadas. Reconocer hoy esta genealogía significa también recuperar esas historias y entender que, el progreso científico y tecnológico siempre ha sido más colectivo y diverso de lo que durante mucho tiempo se ha contado.
DE LAS PIONERAS A LAS COMUNIDADES STEM
Durante mucho tiempo, muchas mujeres que se dedicaron a la ciencia o la tecnología lo hicieron prácticamente en soledad. Las pioneras que iniciaron la genealogía de la innovación tuvieron que abrirse camino en entornos donde apenas existían referentes femeninos, redes profesionales o espacios de colaboración para ellas.
Hoy el panorama es diferente. La genealogía de la innovación femenina ya no se construye solo a partir de trayectorias individuales, sino también gracias a comunidades STEM que conectan a mujeres de distintas generaciones, disciplinas y lugares del mundo.
Estas redes funcionan como verdaderos ecosistemas de conocimiento. En ellas se comparten experiencias, oportunidades profesionales, investigación y proyectos tecnológicos. Comunidades como Girls in Tech, Women in Tech, Mujer e Ingeniería, WomANDigital, o redes internacionales de mujeres en ciencia y tecnología permiten que quienes se incorporan al sector encuentren orientación, contactos profesionales y referentes cercanos.
Uno de los elementos más valiosos de estas comunidades es la mentoría. Diversos estudios han demostrado que los programas de mentoría y las redes de apoyo tienen un impacto directo en la participación y permanencia de las mujeres en STEM. Las profesionales que cuentan con mentoras o redes de apoyo tienen más probabilidades de desarrollar su carrera, adquirir nuevas habilidades y avanzar en sus ámbitos profesionales.
Pero estas comunidades no solo benefician a quienes empiezan. También fortalecen a todo el ecosistema científico y tecnológico. Los espacios de colaboración y networking permiten crear proyectos conjuntos, impulsar la transferencia de conocimiento y fomentar la diversidad en equipos de innovación, algo que se ha demostrado fundamental para generar soluciones tecnológicas más creativas y relevantes para los retos globales.
En cierto modo, estas redes representan la evolución natural de la genealogía de la innovación: de las pioneras que abrieron camino en contextos aislados a una generación que construye tecnología en comunidad.
Porque si algo caracteriza a la ciencia y a la innovación contemporáneas, es precisamente eso: su carácter colectivo. Y en ese entramado de colaboración, mentoría y aprendizaje compartido, miles de mujeres continúan ampliando el camino que iniciaron aquellas primeras innovadoras.
LAS INNOVADORAS QUE VENDRÁN
La genealogía de la innovación no termina en el presente. Cada generación amplía el camino para la siguiente.
En el ámbito STEM, la visibilidad de referentes femeninos sigue siendo un factor clave para fomentar vocaciones. Cuando niñas y jóvenes pueden identificar a mujeres trabajando en estos campos, la posibilidad de imaginarse en ellos se vuelve más real. Por ello debemos visibilizar a mujeres que hoy están transformando el ecosistema tecnológico desde la investigación, la empresa, el derecho o la divulgación.
Porque en una sociedad digital, la innovación también necesita diversidad. Y la tecnología que diseñemos hoy tendrá impacto en generaciones futuras. La genealogía femenina de la innovación no es solo un relato del pasado. Es una herramienta para entender el presente y orientar el futuro.
Reconocer a las mujeres que contribuyeron a construir la tecnología moderna permite comprender mejor cómo hemos llegado hasta aquí. Y visibilizar a quienes hoy trabajan en el ámbito digital ayuda a inspirar a quienes vendrán después. Si quieres inspiración, puedes encontrarla aquí:
Dentro de cada mujer que hoy estudia, investiga o trabaja en ciencia y tecnología también viven las innovadoras que la precedieron.
Porque cuando una mujer avanza en STEM, no avanza sola. Avanza acompañada por todas las que abrieron camino antes… y por todas las que vendrán después.
Presente digital, legado tecnológico
La sociedad digital avanza a un ritmo acelerado. Inteligencia artificial, automatización, ciberseguridad o gobernanza tecnológica ya no son debates de nicho: condicionan la forma en que nos informamos, trabajamos, tomamos decisiones y protegemos nuestros derechos en entornos cada vez más complejos.
Hoy, más que nunca, la tecnología no se mide solo por lo que es capaz de hacer, sino por cómo se integra en la vida de las personas. De ahí la importancia de disciplinas que actúan como infraestructuras invisibles del progreso digital: la ciberseguridad centrada en la ciudadanía, la ética y gobernanza de la IA, el derecho digital y la divulgación científica y tecnológica.
En este presente que ya está construyendo legado, destacamos a cinco expertas WD que representan una forma de entender la innovación con responsabilidad, impacto social y visión de futuro.


MAR LÓPEZ: CIBERSEGURIDAD CON ENFOQUE HUMANO
“Si por la calle no exponemos nuestra cartera, en internet no debemos mostrar nuestros datos”
El legado de Mar López se construye desde una convicción clara: la ciberseguridad no es solo una cuestión técnica, sino una cuestión social. Su trabajo pone el foco en los riesgos reales que afectan a la ciudadanía —fraude digital, suplantación de identidad, ingeniería social o uso indebido de datos personales— y en cómo anticiparlos desde la prevención y la concienciación.
Más allá de proteger infraestructuras, su aportación está en proteger decisiones, comportamientos y confianza, trasladando la seguridad digital al día a día de las personas y las organizaciones. Un legado clave en un contexto donde la sofisticación tecnológica de las amenazas avanza más rápido que la alfabetización digital de la sociedad.
MARÍA JOSÉ ESCALONA: DISEÑAR LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL QUE USAMOS
El legado de María José Escalona se construye en un lugar menos visible, pero decisivo: el diseño y la calidad de los sistemas inteligentes que sostienen la inteligencia artificial. Desde su trayectoria en ingeniería del software e IA aplicada, su trabajo recuerda que la fiabilidad, la trazabilidad y la robustez no son detalles técnicos, sino condiciones necesarias para que la tecnología funcione al servicio de las personas.
Su aportación es clave en un momento en el que la IA se integra en procesos críticos: una inteligencia artificial mal diseñada amplifica errores; una bien construida genera confianza. El legado que deja es el de una tecnología pensada desde el rigor, capaz de escalar sin perder control ni responsabilidad.
En un contexto de automatización acelerada, su trabajo refuerza una idea esencial para la sociedad digital: el verdadero progreso tecnológico no está solo en lo que la IA es capaz de hacer, sino en cómo se construye y se gobierna desde el inicio.
LOLA CARRANZA: DERECHO DIGITAL Y CONFIANZA EN LA ERA TECNOLÓGICA
En un ecosistema donde la tecnología avanza más rápido que la regulación, el legado de Lola Carranza se sitúa en un punto estratégico: convertir el derecho digital en una herramienta de protección y confianza, no en una barrera a la innovación.
Su trabajo en protección de datos, gobernanza tecnológica e impacto legal de la IA permite traducir la complejidad normativa en marcos comprensibles para empresas, instituciones y ciudadanía. Su legado es claro: sin seguridad jurídica y sin derechos garantizados, no hay transformación digital sostenible.
ROCÍO VIDAL: PENSAMIENTO CRÍTICO FRENTE A LA DESINFORMACIÓN TECNOLÓGICA
El legado de Rocío Vidal se construye desde la divulgación como defensa social. En un entorno marcado por la desinformación, los bulos tecnológicos y las narrativas simplificadas o alarmistas, su trabajo aporta rigor, contexto y pensamiento crítico.
Más allá de explicar ciencia y tecnología, el impacto de la conocida por “La Gata de Schrödinger” reside en activar la capacidad de cuestionar, contrastar y comprender, especialmente en temas como deepfakes, pseudociencia o mal uso de la tecnología. Un legado fundamental para una ciudadanía que necesita herramientas intelectuales para convivir con sistemas cada vez más complejos.
MARÍA PERADOR: EDUCACIÓN DIGITAL Y CULTURA TECNOLÓGICA ACCESIBLE
María Perador deja un legado imprescindible en la sociedad digital: hacer comprensible la tecnología sin trivializarla. Su trabajo divulgativo conecta innovación, seguridad y vida cotidiana, acercando conceptos complejos a la ciudadanía desde una mirada pedagógica y accesible.
Este enfoque no solo reduce brechas de conocimiento, sino que empodera a las personas y fomenta vocaciones STEM, especialmente entre jóvenes que necesitan referentes cercanos y discursos alejados del elitismo tecnológico. Su legado demuestra que explicar bien la tecnología es una forma directa de generar impacto social.
TECNOLOGÍA PARA LAS PERSONAS: UN LEGADO COMPARTIDO
La tecnología solo genera impacto real cuando se diseña pensando en las personas y cuando se comunica de forma clara, honesta y responsable. Explicar riesgos y oportunidades, poner contexto, generar pensamiento crítico y construir confianza no es un complemento: es una función estratégica de la sociedad digital.
El trabajo de Mar López, Carmen Domínguez, Lola Carranza, Rocío Vidal y María Perador demuestra que el futuro tecnológico no se construye solo con código, sino con ética, derecho, pedagogía y divulgación. Y que acercar la tecnología a la ciudadanía es tan importante como desarrollarla, tanto para garantizar su impacto social como para inspirar a las próximas generaciones STEM.
Porque solo cuando entendemos la tecnología podemos decidir sobre ella. Y solo así podremos fomentar vocaciones STEM, innovación inclusiva, y un progreso que no deje a nadie fuera.








